Pamela Arteaga es fan de BTS. En abril de 2026 estuvo en el concierto que la banda dio en Tampa, Florida y en este testimonio nos explica por qué a pesar de que su carrera se detuvo por más de tres años, para que sus integrantes cumplan con el servicio militar obligatorio en Corea del Sur, siguen siendo los ‘reyes del pop’.
Hay que vivir en una piña debajo del mar para no reconocer a BTS como una de las grandes fuerzas en el mundo de la música de los últimos 14 años. La agrupación originaria de Seúl, Corea del Sur, fue un proyecto algo prefabricado que, sin dejar de lado su base hip-hop, se convirtió en fenómeno del K-pop.
RM, Suga, J-Hop, Jin, Jung Kook, V y Jimin son los integrantes del grupo que, desde 2013, ha transformado una industria que tenía las reglas claras y que ellos empezaron a trastocar y quizás por ahí viene su éxito.
En junio de 2022, el grupo paró sus actividades musicales porque sus miembros, sí o sí, debían cumplir finalmente con el servicio militar obligatorio de su país. Esto a pesar de decenas de premios recibidos, de ser el primer grupo coreano en conquistar otros países y tener nueve discos publicados, con los que han vendido más de 50 millones de copias.
Les habían dado una extensión por su fama, pero no podían esperar más. Fueron más de tres años en los que los reyes del K-pop desaparecieron en conjunto, hasta que en 2026 volvieron con nuevo disco, un documental para Netflix y una gira que los traerá a Sudamérica en octubre. Obviamente, no vendrán a Ecuador.
Pamela Arteaga tiene 24 años. Es editora de videos y community manager y lleva una década como fanática de BTS. Tiene casi todos sus discos en físico -le falta alguno de los primeros- y ama a la banda.
En abril de este año estuvo en uno de los conciertos que el grupo dio en Tampa, Florida. Dice que si tuviera la oportunidad de volverlos a ver en octubre, lo haría de nuevo. En este testimonio ella nos cuenta por qué BTS es un fenómeno mundial y analiza las razones detrás de su impacto, que parece no apagarse.
“Cuando era adolescente veía mucho anime, lo típico: Naruto, Dragon Ball y comencé a entrar a grupos de Facebook en los que hablaban sobre anime, pero también de pop japonés y pop coreano. Me entró la curiosidad y empecé a investigar qué era eso del K-pop.
Descubrí que este género musical ya me gustaba, porque había una canción del grupo Super Junior que era muy popular y que solía tararear, pero aún no sabía nada del K-pop. Me conecté enseguida porque es un pop diferente al occidental; más experimental y con más colores.
Si bien partió de un modelo occidental, fue evolucionando a conceptos más trabajados, a sonidos y mezclas extrañas que vuelven muy interesante a las canciones. Tal vez no sea del gusto de todos, pero a mí me encanta. Además, los grupos tienen muchos integrantes y eso es algo que atrapa.
Lo primero que me llamó la atención de BTS fue las coreografías. Pero de ahí vi las traducciones de las letras y me parecieron interesantes, porque eran como de ‘no te rindas’ o ‘sigue tus sueños’.
La primera canción que escuché de ellos fue No today, que aparece en el disco You never walk alone (2017), una reversión de Wings (2016), el segundo disco en coreano del grupo. Conceptualmente estos álbumes se basan en Demian, la obra del escritor alemán Hermann Hess, que habla de que en la vida te pueden pasar muchas cosas, pero que esas cosas no te van a derrotar.
Después descubrí que muchas de sus canciones hablan sobre salud mental, crecimiento personal, amor propio, de ser libres para hacer lo que queramos y de no dejar que otros manejen tu vida.

Comencé a sentirlos cercanos y comprendí que eso fue por su uso de los vlogs -videos en onda documental que graban experiencias reales de las personas que aparecen ahí- en la plataforma de YouTube, algo distinto a lo que hacían los demás grupos.
También comencé a ver los videos del backstage de sus presentaciones y cosas más personales que ellos mismos grababan para estar conectados con sus fans. A diferencia de otros grupos, ellos no solían presentarse tanto en televisión para promocionar su música. Es por el contenido que hacían por esos años que yo siento que me conecté con ellos.
También, cada una de las armies -BTS Army es el nombre del leal grupo de fanáticas que la banda tiene alrededor del mundo- puede conectarse con uno de los integrantes por su personalidad o carisma. Por ejemplo, si tú eres una persona seria, tal vez te guste más Shuga y si eres más alegre te sientas más cercana a J-Hop.
Al inicio, para mí era muy difícil escoger entre ellos. Yo era de las que decía ‘es que todos me caen muy bien’; pero siento que últimamente me enfoco más en J-Hop, porque es el más optimista y animado y eso va conmigo. También me siento conectada con Jimin porque le gusta mucho el baile y a mí me encanta bailar.
Para mí, todo lo que hacen es genuino. Me gusta escucharlos cuando hablan de su música y cuentan cómo participaron en la composición de las canciones, de las vivencias que querían contar y de las reflexiones que querían lanzar. Que ellos hagan las letras de sus canciones es importante. Eso los diferencia de otros artistas de K-pop que solo han sido una moda pasajera. Me acuerdo de las Wonder Girls, un grupo que llegó a presentarse en programas de televisión de Estados Unidos o del Gangnam Style, que fue muy popular.
BTS también supo cómo lograr que, a través de las redes sociales, los mensajes de sus letras se vuelvan globales. Por eso han llegado a dar discursos en la ONU -lo han hecho por tres ocasiones, en representación de Corea del Sur-. Además, supieron crear contenidos y productos para llegar a Occidente. Cuando ganaron el Top Social Artist de los Premios Billboard -lo ganaron cinco años consecutivos, empezando en 2017-, fueron a la premiación a recibirlo y no era necesario que vayan, pero estuvieron ahí.
A esto hay que sumarle que lanzaron tres sencillos que estaban dirigidos al público occidental y que fueron hits. Hablo de Dynamite, Butter y Permission to Dance, que aparecieron entre agosto de 2020 y julio de 2021 y que fueron canciones muy pensadas para ese mercado.
Ahora que volvieron con Arirang, el disco que lanzaron en marzo de 2026 después de terminar el servicio militar, se nota una evolución. Algunos de los integrantes hicieron cosas solistas en el tiempo en que BTS estuvo parado y pudieron explorar géneros que les llamaban la atención y que no podían hacerlos dentro de la agrupación. Por eso veo que hay más R&B y más rock, sin dejar la base del hip-hop.
Los vi hace poquito. Apenas supe que iban a hacer el tour, busqué fechas y la que más se ajustaba era la de Tampa, en Florida. Fui a la fecha dos, el 26 de abril, y estuvo genial. Lo disfruté bastante porque el escenario fue 360 grados en el medio y por eso priorizaron coreografías circulares para que nadie los viera de espaldas.
En las canciones de antes no bailaron tanto, como en No today, Fake love y Idol, fue más como que saltaban y cantaban. En Idol se bajaron del escenario y caminaron alrededor y fue como una fiesta. Donde sí hubo más coreografía fue en las canciones nuevas.
Además, en las pantallas gigantes se los veía bien, lo cual fue bueno para mí porque no conseguí entradas muy abajo, así que los veía chiquitos, pero con las pantallas era como tenerlos al frente. El concierto duró como dos horas y tocaron canciones de todos los discos; pero lo mejor fueron los temas sorpresa.
Es increíble porque ni ellos saben qué canción incluyó la producción y a veces no se acuerdan la letra. Los temas sorpresa fueron Boy with luv y Pied Piper y cuando después revisé redes sociales vi que muchas fans pusieron: ‘No, las de Tampa se robaron la Pied Piper’, porque es una canción que le gusta a todo el mundo. Así que fue bueno haber estado ahí.
Para mí, BTS es una agrupación que siempre tuvo en su centro la música urbana. De hecho, cuando iniciaron su música eran puro rap underground de Corea, pero se movieron, digamos, a algo más pop. Pero sí, definitivamente siento que han evolucionado. Los veo más cómodos y a mí eso como fan me llena el corazón”.
