
La serie Bomba en el Pan Am 103, de la cadena británica BBC y distribuida por Netflix, vuelve sobre la tragedia sucedida el 21 de diciembre de 1988, alrededor de la pequeña ciudad de Lockerbie (Escocia), cuando un Boeing 727 explotó sobre sus cielos.
La nave, la segunda más grande en la historia de la aviación, realizaba un vuelo regular entre Fráncfort y Nueva York, con escala en Londres. El avión pertenecía a la empresa norteamericana Pan Am, por entonces una de las mayores a escala global.
La explosión dejó 270 víctimas mortales: todos los pasajeros y tripulantes más once personas de la localidad escocesa. Se trató, además, del peor atentado contra los intereses de Washington hasta antes de los atentados a las Torres Gemelas de 2001.
La serie narra cómo la comunidad de Lockerbie cargó con el peso del suceso y de la investigación, que contó con el apoyo de las agencias de inteligencia estadounidense y británica, todo mientras se acercaba el final de la Guerra Fría.
Horror en la isla
Antes de 1988, el Reino Unido había estado exento de las tragedias aéreas que habían sacudido al planeta entre las décadas de los setenta y ochenta, relacionados de manera especial con conflictos en Oriente Medio. En ese contexto la serie muestra, con énfasis, la reacción de la gente de Lockerbie, un pueblo de unos cuarenta mil habitantes que a pesar del horror se organizó para afrontar la catástrofe.
La producción tiene aires de documental, al estilo de la filmografía británica, que suele marcar distancia con Hollywood, sin abusar de la música, efectos especiales y en este caso del morbo. La trama gira alrededor de la decisión de la policía de Dumfries y Galloway, el departamento más pequeño de Escocia, que no se dejó arrebatar el caso del FBI.
Dirigidos por una trilogía de realizadores –Otto Bathurst, Jim Loach y Michael Keillor–, los seis capítulos narran la prolijidad de los locales para tomar a cargo la investigación, recoger y proteger las pruebas y contactar con las familias de las víctimas. La tenacidad del oficial John Orr, protagonizado por el actor Peter Mullan (Ozark), escocés de nacimiento, marca el ritmo de la serie.
Los integrantes de la pequeña policía local fueron los que lideraron las pesquisas, que por las características de la tragedia (una explosión que esparció los restos del avión y de las víctimas a lo largo de 200 kilómetros) la hacían compleja.
En este contexto, Bomba en el Pan Am 103 muestra las miradas de los detectives estadounidenses y escoceses; los primeros en su talante punitivo de detener y procesar a los responsables al tiempo que los británicos se manejaban de manera más cerebral.
Un aporte a la memoria
Bomba en el PanAm salió de la pluma del escritor inglés Johathan Lee, cuyo guión se basó en el trabajo colectivo de los detectives de ambos lados del Atlántico, que llegaron a entrevistar a unas quince mil personas a lo largo de más de diez años.
Los matices, sin embargo, nunca dejaron de marcarse y esto se ha visto reflejado en las reacciones mixtas en Estados Unidos. Hollywood Reporter, por ejemplo, señaló que la serie es demasiado contenida.
El jefe policial escocés Orr envió a su lugarteniente Ed McCusquer (Connor Swindells) a Estados Unidos para coordinar a sus colegas. Su contraparte es el agente del FBI Dick Marquise (Patrick J. Adams), quien representa los intereses de Washington. En una dualidad que poco a poco se va disipando con el propósito de permitir el avance de las investigaciones.
En 2025, la miniserie Lockerbie: A Search for Truth, protagonizada por el oscarizado Colin Flirth, fue criticada por las asociaciones de víctimas. Se rechazó públicamente la “crudeza” al poner énfasis en los detalles extremadamente gráficos de la explosión del avión.
De ahí que la propuesta de la BBC tomó otro camino y dio prioridad a los seres humanos que quedaron en tierra, que aún tratan de averiguar lo que sucedió por fuera del relato oficial. La tragedia de Lockerbie dio paso a que se volvieran obligatorios alrededor del mundo los controles de rayos X en los aeropuertos.

