La nueva tendencia de los estudios fotográficos en Quito es abrir sus puertas de par en par. La idea es que las personas ya no solo vayan a tomarse fotos sino que vivan una experiencia en la que sean parte de todo el proceso fotográfico: desde que se captura la imagen hasta que se entrega la fotografía.
En Quito, hasta hace no mucho, los estudios fotográficos eran espacios a los que uno llegaba con su mejor pinta, se acicalaba, se ponía frente a una cámara y listo. Lo siguiente era esperar unas horas o días para ver el resultado.
Ahora es distinto. Como otros espacios —piensen en los restaurantes con cocinas abiertas y menús de tiempos—, los estudios de fotografía se han convertido en lugares donde se aprende, se juega, se hace con las manos y se vive una experiencia.

El cuarto oscuro
Adentro, el espacio es pequeño; máximo entran cuatro personas. Al fondo, sostenidos con pinzas de colores, cuelgan negativos de rollos fotográficos; sobre una especie de mesón hay dos bandejas pequeñas, una pinza, frascos con químicos y dos cronómetros.
Las luces están a punto de apagarse. Serán dos minutos y medio de absoluta oscuridad, tiempo en el que unas manos expertas se moverán a tientas, como en una escena de Ensayo sobre la ceguera de Saramago, hasta que sobre el papel aparezca una imagen.

Esas manos expertas son las del ‘Gato’ Villegas, dueño de El Fotolaboratorio, uno de los estudios de fotografía de la ciudad que decidió abrir ese espacio que hasta hace poco estaba cerrado a cal y canto para cualquiera que no fuera fotógrafo: el cuarto oscuro.
Dentro del cuarto oscuro todo es pura química. El ‘Gato’ Villegas sumerge el papel que sacó de la placa fotográfica y que ya tiene una imagen latente —la de la persona que posó frente a la cámara, pero que el ojo humano aún no puede ver— en una de las bandejas.

Esta bandeja contiene líquido revelador y aquí el papel pasa sumergido un minuto y medio; el minuto restante el papel recibe lo que en la jerga fotográfica llaman baño de paro —el papel se sumerge en otra bandeja para eliminar el exceso de plata—.
En el interior del cuarto huele a vinagre —uno de los componentes del estabilizador— y suena el bip-bip del cronómetro; Villegas prende la luz y sobre el papel aparece la imagen, en negativo y en blanco y negro, capturada minutos atrás con una cámara Crown Graphic.
Viernes de juguetería
Duración: La sesión oficial dura entre 2 y 3 horas.
Inscripción: A través de las redes sociales de El Fotolaboratorio.
Precio: USD 15 dólares por persona.

De vuelta al siglo XX
Afuera del cuarto oscuro, el espacio del estudio es más amplio. Sobre una alfombra roja reposa un objeto construido en la década de 1920. Se trata de una cámara Crown Graphic que el fotógrafo Carlos Noriega, parte del equipo de El Fotolaboratorio, encontró en Cuenca.
Como en los lejanos años veinte del siglo pasado, Noriega cubre su cabeza y la parte superior de la cámara, se acerca y mira a través del lente. Lo que sus ojos ven es la imagen de la persona que será retratada, pero de cabeza: torso arriba y boca, nariz y ojos abajo.

En espacios como este, los retratados pueden manipular la cámara —en El Fotolaboratorio hay más de dos docenas de aparatos—, conocer sobre su historia y sus detalles técnicos; también las diferencias entre hacer fotografía en blanco y negro, a color o en cianotipia.
Después de salir del cuarto oscuro, lo siguiente ocurre al borde de una especie de minibañera donde hay frascos con químicos, guantes, probetas, tubos de ensayo, pinzas y un filtro que calienta agua. En este espacio del estudio se fija y se lava la fotografía.

Durante todo el proceso, Noriega y Villegas hablan del cuidado que hay que tener con el manejo de los residuos químicos y por eso recomiendan, aunque parezca sencillo y divertido, no montar estudios de revelado fotográfico en casa o sin supervisión de expertos.
Con las fotografías en la mano, uno se queda con ganas de comenzar de nuevo todo el proceso; quizás sea porque nos acostumbramos a guardar miles de fotos en el celular y jamás imprimirlas. La buena noticia es que ya podemos volver a armar nuestro álbum de fotos físicas.
