
A 25 años de su declaratoria como Patrimonio de la Humanidad, una exposición fotográfica en Quito traduce en imágenes los sueños, la cosmovisión y la lucha del pueblo Sapara.
La réplica de una serpiente aparece en la entrada al Centro Cultural Metropolitano de Quito. Los rayos solares que traspasan el techo de este espacio, iluminan la estructura del animal, que en su interior resguarda las memorias y tradiciones de un pueblo de la Amazonía ecuatoriana que lucha por evitar su extinción.
Israel Santi se sorprende en su primer encuentro con “la boa”. Es la misma que ha visto varias veces en la selva y, sobre todo, es igual al dibujo que tiene en su llanchama, como se le conoce al vestido tradicional que utilizan los sapara, una de las 11 nacionalidades indígenas que habitan en la región amazónica de Ecuador.
Santi está emocionado no solo por ver a la serpiente, sino también por encontrar imágenes de Jandiayacu, de sus árboles, y los vestigios de su pueblo, que hasta este momento estaban resguardados en la selva y, por esta ocasión, se trasladaron al Centro Histórico de Quito, para que más personas conozcan y aprecien su cultura.
“Queremos enseñar al mundo que los saparas existimos y nos estamos esforzando por no desaparecer”, dice Santi, de 25 años. Él viajó desde su hogar, en Pastaza, para asistir a la inauguración de Sapara: saberes, territorio y resistencia, la exposición que reúne una serie fotográfica sobre las costumbres, la cosmovisión y, sobre todo, los sueños que mantienen vivo a este pueblo.
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Kazuma
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Tsutanu
Sonriendo
Makihaunu
Soñar. Puente entre el mundo material y el espiritual. Mundo de los sueños.
Atsanu
Comer
Más allá de lo tangible
Al entrar a la “boa” empieza una travesía a través de distintos mundos. Los visitantes no solo se transportan a la Amazonía, sino también a otras dimensiones en las que los sueños son los protagonistas. Dependiendo de la dirección que se elija, la primera sección, de las tres que componen este recorrido, se enfoca en la relación de las comunidades con su territorio: las plantas, las cascadas, los animales y los ríos.
En esta parte, llamada Naku, que es un término en lengua sapara para referirse a la selva viviente, se observa cómo los habitantes de esta zona se preparan durante el Pakateka (amanecer) para ir a la chagra o de cacería. También se muestra la importancia de tomar Kazuma (chicha) y nuevamente una imágen en forma de serpiente se roba la atención de los visitantes. En esta ocasión, es un río que se abre paso en medio de la vegetación, para dar una idea de cómo es el hogar, que este pueblo se ha esforzado por conservar.
Las fotografías en la segunda parte, Kayapwe, (como también se le llama a la lengua sapara) se enfocan en la vida cotidiana: la elaboración de herramientas, alimentos y, sobre todo, de medicinas con plantas ancestrales, que es una de las habilidades más conocidas de los sapara.

Tras atravesar un pasillo oscuro, en el que los cantos de mujeres en su lengua guían el camino, los visitantes cruzan a otra dimensión. Makinu, la tercera parte de la exposición, reúne las imágenes y mensajes que reciben a través de las visiones.
La que más le gusta a Santi es una fotografía de un tronco que sobresale en un fondo verde, al parecer formado por unas ramas. “Es borrosa, como estar soñando”, dice. Los sapara son conocidos por su capacidad para interpretar los sueños. Estas visiones guían sus acciones y sus decisiones en el plano terrenal.
Olivier Dangles, director de investigación en el Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo (IRD) y codirector del Instituto WasiLab de Investigación sobre Sostenibilidad en Ecuador, explica que esta imagen trata de transmitir ese significado espiritual que tienen los árboles para este pueblo.
Él, junto con su colega Francois Nowicki, son los autores de las fotografías expuestas. Para este proyecto, ambos se abrieron a explorar esa dimensión intangible. Su idea era mostrar la relación que los sapara tienen con las plantas y animales, que actúan como interlocutores oníricos. En el caso del árbol de llanchama, cuenta Dangles, varias fotos se superponen para dar ese efecto borroso que traslada a los visitantes a un sueño.
Más sobre el pueblo Sapara
Las manifestaciones culturales y la lengua de esta nacionalidad, que habita entre Ecuador y Perú, fueron proclamados en 2001 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco y en 2008 inscritos en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Los sapara, según la Unesco, son los últimos representantes de un grupo etnolingüístico que comprendía otras poblaciones antes de la conquista española, pero su existencia está amenazada.
En 2021, cuando integraron la lista de la Unesco, su población en Ecuador no superaba las 100 personas y sólo cinco, de más de 70 años, hablaban aún la lengua. Ahora, solo vive una abuela que habla sapara a la perfección.
La exposición estará hasta el 13 de septiembre, en el Centro Cultural Metropolitano de Quito.
Desde el 18 de septiembre se expondrá en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.
Un proceso colaborativo
La exposición es el resultado de un proceso colaborativo. Aunque algunas fotos estaban planificadas previamente, una vez que Dangles y Nowicki llegaron a la Amazonía, capturaron las escenas que los sapara querían mostrar al mundo exterior.
Así, hay algunas que no se destacan por su técnica o composición, pero que tienen un significado especial para los habitantes de esta zona. Las cascadas, por ejemplo, son un elemento que muestra su conexión con la naturaleza y el agua. Allí, según Santi, toman fuerza y energía, por lo que era necesario que sean parte de la exposición.
Después de tomar las fotos, Dangles y Nowicki llevaron alrededor de 150 imágenes impresas a los habitantes de Jandiayacu para que ellos eligieran cuáles se mostrarían en Quito. La comunidad también decidió los nombres y el contenido de las tres secciones de la exposición.

Anne-Gael Bilhaut, antropóloga y representante del IRD en Ecuador, explica que este fue un proceso que se inició en 2024, cuando se realizaron los primeros acercamientos con la Nacionalidad Sapara del Ecuador (NASE) con el fin de planificar algo especial por los 25 años de la declaratoria de la Unesco.
A lo largo del 2025, los investigadores del IRD y el WasiLab visitaron la comunidad para tomar las fotografías y, en diciembre, Bilhaut se enfocó en recoger los relatos de los sapara en torno a las imágenes seleccionadas. Durante talleres y encuentros, grabó las descripciones que los locales hacían de cada fotografía, después las transcribió y las adaptó para tener párrafos cortos, que son los textos que acompañan cada cuadro.
“La idea no era describir muchas cosas, sino crear la curiosidad en el visitante de conocer un poco más de la cultura”, dice Bilhaut, quien ha trabajado con los sapara desde el año 2000. Incluso, publicó un libro, basado en su tesis doctoral, sobre este pueblo y su relación con el mundo onírico.
Pese a las amenazas constantes a su existencia, los sapara han logrado resistir a través de la preservación de sus saberes, pero su lengua parece no resistir a las presiones. Santi recuerda que su abuelo fue el último en su familia en dominar el sapara. Ahora, él se esfuerza por aprender y motivar a otros jóvenes a recuperar esas palabras que parecen indescifrables.

