
Una película mexicana, un pie lastimado y una canción motivaron a que la fotógrafa ecuatoriana Karla Gachet comenzará a hacerse preguntas sobre la cumbia. Lo que inició como una curiosidad ahora es Cumbia en Mi tierra, un proyecto de fotografía documental que habla de música, identidad, migración, memoria y pertenencia.
Hace unos cinco años, mientras Karla Gachet se recuperaba de una lesión en el pie, que la mantuvo varios meses sin poder caminar, vio Ya no estoy aquí, una película sobre un joven de Monterrey que emigra a Estados Unidos y cuya historia está atravesada por la cumbia rebajada.
“Yo nunca había oído cumbia rebajada y me acuerdo que después de ver la película dije: qué hermoso este baile, quiero intentar hacer estos pasos tan locos y no podía porque estaba mal con mi pie”.
Ver Ya no estoy aquí despertó una curiosidad que ya tenía raíces en la vida de Gachet. Desde niña, la cumbia estuvo presente en las fiestas familiares. Sus padres bailaban y ella creció escuchando un ritmo que por esos años estaba lejos de convertirse en un proyecto de fotografía documental.
Junto a Iván Kashinsky, fotógrafo documental y coautor de Cumbia en Mi Tierra, Gachet comenzó a preguntarse qué se había contado sobre la cumbia, cómo había viajado por toda Latinoamérica y qué significaba para la gente de cada lugar.
Kashinsky comenzó retratando México y Los Ángeles, dos territorios fundamentales para entender las rutas de la cumbia. “Nos dimos cuenta que era un tema mucho más grande de lo que estábamos pensando, que la cumbia no es solamente un tema de música, de ritmo, sino un tema de identidad latinoamericana”.
Luego empezó un recorrido que los llevó por Colombia, México, Argentina, Perú, España y Ecuador. Una investigación apoyada por una beca de la National Geographic Society que, con el paso de los años, también abrió nuevas preguntas sobre la relación de Gachet con la cumbia, la migración y su propia experiencia.









Donde llega la cumbia se vuelve propia
La cumbia cambia de un territorio a otro. También cambian las personas que la viven y las miradas de quienes la documentan. Por eso Cumbia en Mi Tierra no fue pensado como un proyecto individual. Gachet trabajó junto a Iván Kashinsky y Alejandro Reinoso en el multimedia y Sofía Acosta en las ilustraciones.
La intención siempre fue mirar más allá del baile o de la música, encontrar las conexiones, las historias y las formas en que la cumbia se convierte en parte de una comunidad. Esa diversidad de miradas también está presente en la manera en que la cumbia se transforma al cruzar fronteras: cada territorio la hace propia e imprime sus propios ritmos y formas de vivirla.
Gachet cuenta, por ejemplo, que en Puebla ‘rebajan’ las cumbias (las hacen más lentas y las escuchan de una manera completamente distinta) de artistas ecuatorianos como Polibio Mayorga y María de los Ángeles.
“Cuando nos apropiamos de algo, lo volvemos nuestro poniéndole nuestros ritmos. La cumbia es un muy buen ejemplo de cómo todos estamos conectados y entrelazados en Latinoamérica”.
Cumbia en Mi tierra (Plaza del Teatro)
- Inauguración exposición fotográfica: 13 de agosto, 18:30.
- Lugar: Plaza del Teatro.
- Muestra permanente: hasta el 5 de octubre.
- Taller de Introducción a la Fotografía Documental: 14 de agosto, 11:00.
- Lugar: Plaza del Teatro.
- Duración: 2 horas 30 minutos.
- Público general: cupo: 20 a 25 personas
- Facilitadoras: Karla Gachet y Gabriela Morejón
- Requerimiento: cámara fotográfica o celular.
De National Geographic a la Plaza del Teatro
Cumbia en Mi Tierra ha encontrado distintas formas de circular: primero apareció publicada por National Geographic en español y posteriormente por la Radio Pública Nacional de Estados Unidos, en inglés y español.
Desde este 13 de agosto, el proyecto se trasladará a la Plaza del Teatro, en el Centro Histórico de Quito. Para Gachet, era importante llevar Cumbia en Mi Tierra a un espacio abierto para acercar estas historias a las comunidades que hicieron posible contarlas. “La idea seimpre fue ponerla en un lugar donde haya acceso a la gente, que es el corazón de la cumbia”.
Pero esta devolución también implica abrir el proceso para que otras personas cuenten sus propias historias. Los talleres que acompañarán la exposición parten de una experiencia que Gachet realizó en Colombia, donde trabajó con niños del barrio El Cesar, en El Banco. Les entregó cámaras desechables para que fotografiaran el festival desde su propia mirada y, más tarde, esas imágenes se convirtieron en intervenciones sobre las paredes del barrio.
En Quito, Gachet propone continuar ese ejercicio. La idea es que quienes participen en los talleres documenten qué significa la cumbia para ellos y que esas imágenes se incorporen a la propia exposición. No se trata únicamente de enseñar fotografía, sino de compartir una herramienta para mirar y registrar aquello que forma parte de una comunidad.
Después de todo este recorrido, sigue presente aquella pequeña historia con la que comenzó todo: la película mexicana, el pie lastimado y las ganas de bailar. Gachet finalmente aprendió los pasos de la cumbia rebajada en Monterrey, después de documentar a los bailarines de Unión de Cumbia.
Hoy, cuando piensa en todo lo recorrido, define así a la cumbia: “Yo diría que la cumbia es una reina, es como la madre de todos los ritmos y que ha acompañado nuestra identidad latinoamericana a través de los años, y como madre hay que respetarla”.

