
Sentimental value, la más reciente película del director noruego Joachim Trier se mueve entre dos espacios, uno es el de quienes se dedican al arte y el otro es el de sus relaciones personales. El filme es uno de los nominados a Mejor Película en los Premios Oscar 2026.
Hay que partir de algo para hablar de Sentimental value y es que esta es una película asentada en el mundo del cine, en el europeo, estadounidense y en el de los servicios de streaming. Es decir, es de esos filmes que trata de desentrañar el propio germen de lo que es hacer largometrajes y a veces eso no es del agrado de todo el mundo.
Es casi como un doctor hablando con otros doctores en una convención de médicos. Sin embargo, es una advertencia que al mismo tiempo es un engaño, porque si bien este es el universo central en el que se desarrolla el filme, la apuesta aquí es por algo más profundo y eso lo vuelve valioso.
En realidad, Sentimental value es un recorrido emocional en la vida de artistas que tienen algo roto y que son padre e hija. Ahí está el corazón del drama, de la tragedia y de esa comedia que conmueve en un poco más de dos horas.
Stellan Skarsgård y Renate Reinsve están a la cabeza de este trabajo del cineasta danés-noruego Joachim Trier. Él es Gustav Borg, un director de cine reconocido y ella hace de su hija mayor, Nora, una actriz noruega con éxito en televisión y en teatro.
Gustav regresa a la casa familiar en Oslo, luego de la muerte de su exesposa, Sissel, la madre de sus hijas Nora y Agnes, ya adultas. No las ha visto en mucho tiempo, la relación entre ellas está rota y él cree que tiene la solución en sus manos: a través del cine. Después de 15 años sin producir nada, quiere hacer una nueva película, ha escrito un guión y le insiste a Nora que ella sea la protagonista. Pero se niega, le dice que no a su padre.
Gustav, entonces, consigue contratar a la actriz de Hollywood más famosa del momento, Rachel Kemp -interpretada por Elle Fanning- para que haga el rol que no quiso su hija.
Así, Trier compone un relato sobre cómo la tensión entre la creación artística y el sacrificio personal terminan siendo lo mismo, retroalimentándose y consumiéndose porque no hay otra manera. Los errores y dolores personales, así como los traumas del pasado, encuentran en el arte el espacio para que el artista obtenga explicaciones y respuestas. Pero para conseguir esto hay que sacrificar la vida familiar y, así, se gesta más dolor.
¿Qué película ganó el Oscar el año en que naciste?
Descúbrelo en este buscador interactivo
🏆 Histórico de los Oscars
* Resultados basados en el año de la ceremonia de premiación.
Sentimental value
Joachim Trier tiene la capacidad de contar historias que están plagadas de un aura trágica, pero consigue transformarlas en “fotografías” precisas de un momento en la vida de sus personajes. El danés es experto en llevar la normalidad del dolor a la pantalla y por eso sus historias se vuelven cercanas y casi un reflejo de lo que sucede por fuera de las películas.
Y si en su anterior filme, The worst person in the world, Trier dejó por sentado que se puede hacer un cine cercano, que golpee y que maraville, aquí él es capaz de elevar esa apuesta a algo superior, a un juego de historias dentro de historias, como una matrioshka. Curiosamente, Renate Reinsve fue la protagonista de esa película previa y ahora repite con el director, teniendo en sus primeros minutos en escena un despliegue de actuación que pocas veces se ha visto.
Por eso no sorprende que ella haya sido nominada a Mejor Actriz en los Premios Oscar, que es una de las nueve nominaciones que tiene el largo, entre las que también están Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor de reparto- para Skarsgård- y Mejor Actriz de reparto -para Elle Fanning e Inga Ibsdotter Lilleaas, quien hace de la otra hija de Borg, Agnes-.
Todo lo que sucede en pantalla está al mismo nivel, sin importar que sea el desarrollo de la historia central, o si sea metraje de una película anterior de Gustav que aparece para decir algo o flashbacks del pasado ligado a la casa de su familia en Oslo en la que él creció, en la que su bisabuelo murió y su abuela nació, y en la que pasaron más tragedias que lo han ido alimentando.
Esa misma casa en la que sus hijas vivieron infancia y adolescencia, donde vieron las peleas entre él y su esposa y, luego, en la que ellas estuvieron junto a su madre, después del divorcio. Ese “valor sentimental”, que habla el título de la película, tiene que ver con el peso de las cosas y eventos del pasado propio y de quienes vinieron antes.
Al colocar todo en el mismo plano -a veces sin siquiera dar claves inmediatas al espectador- el director aborda esa fricción entre la dedicación al arte y el compromiso familiar, en una especie de tira y afloja. Si bien es casi un lugar común hablar sobre el padecimiento del artista y de la gente que está a su alrededor que debe soportar al genio creador, Trier consigue eludir la trampa sin dejar de evidenciarla.
Skarsgård y Trier
El Gustav Borg que hace Skarsgård es un ser humano que está roto y que no lo muestra, excepto cuando está en soledad. Ha sufrido y ha hecho sufrir, sabe que ha envejecido y que el mundo a su alrededor ya no es el mismo. Solo encuentra un camino en el cine que hace y no tiene empacho en manipular a quienes están a su lado para conseguir llevar su guión a la pantalla. A ese nivel, Gustav es cruel y eso es lo que termina por construir a un tipo que, al mismo tiempo, es sensible, inteligente y seductor.
Gustav sabe cómo pedir perdón y explicar lo que le sucede a través de su obra, aunque él repita, una y otra vez, que su película no está basada en su vida. Al otro lado están Nora y, en menor medida, Agnes. La hija mayor tiene mucha ira -su propio padre se lo hace notar en una de las escenas más precisas- y ha escogido desarrollarse en la actuación, un terreno muy cercano a Gustav.
La menor es más funcional, está casada, tiene un hijo y busca comprender lo que sucede con su padre y hermana. En algún punto las hijas se tendrán que enfrentar a ese papá cineasta que las abandonó, pero van a encontrar un mecanismo para resolver en algo lo que les pasa.
Trier ha sido capaz de hacer una película en la que iluminación, planos y tipo de formato -hay escenas rodadas en 35mm y otras en 16mm- están al servicio de los personajes y sus distintos estados de ánimo. La profundidad es muy importante, lo que está al fondo del plano está diciendo algo; el encuadre, en su mayoría, se centra en dos personajes en pantalla porque este es un filme sobre lo que les pasa ellos y deben ser mostrados.
Y a pesar de todo lo que se han dicho y se han hecho, de ese pasado doloroso que los ha destruido, el cine es lo que va a conseguir que haya un contacto que les permita reconstruir algo. Por eso el desenlace es fabuloso y poderoso, es lo que pone todo en su lugar y es maravilloso.
Sentimental Value ha sido incluida en las listas de lo mejor del 2025 para varios de los críticos de cine más relevantes del mundo. En el último Festival de Cannes, el filme se llevó el Gran Prix, entregado por el jurado y en los más recientes Globos de Oro, Stellan Skarsgård se llevó el premio a Mejor Actor en película drama.
