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Mundo Diners al día

El terror de internet se sienta en las salas de cine

por Juan Manuel Granja

Terror
El actor Chiwetel Ejiofor interpreta a Clark, en la película Backrooms.
TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

Antes de que Hollywood invirtiera un solo dólar, miles de usuarios anónimos ya habían construido el universo de miedo que hoy llena las salas de cine. Las películas Backrooms y Obsession son apenas la superficie de un terror colectivo, nacido en foros y sitios web colaborativos, que aprendieron a asustar sin necesidad de guionistas ni estudios tradicionales.

Este fenómeno solía tener un nombre propio dentro de la cultura web: creepypasta. Un género digital de imágenes y relatos perturbadores que circulan distorsionados y modificados desde hace más de una década gracias al copy-paste, origen del término creepypasta. Slender Man, uno de sus casos más conocidos, ya había demostrado que un mito online podía saltar a la cultura masiva.

Hoy, el fenómeno ha crecido y evolucionado, se lo puede llamar ficción colaborativa y juega, por ejemplo, con los espacios liminales (lugares de transición, pasillos o salas que se sienten inquietantes cuando están vacíos) o el analog horror (videos que simulan grabaciones antiguas de cintas VHS y cámaras de seguridad), entre muchos otros estilos y temáticas.

Dos películas y un mismo origen digital

Backrooms, dirigida por Kane Parsons, nació de una idea contada en pocas líneas y una foto publicadas en el foro de internet 4chan, en 2019: infinitos pasillos amarillos, iluminados por luces fluorescentes de oficina, de la que nadie puede escapar. Parsons llevó esa imagen a YouTube en 2022, sumó millones de reproducciones y terminó dirigiendo, con apenas veinte años, la película más taquillera del 2026 para el estudio A24.

Obsession, por su parte, confirma esta tendencia desde otro ángulo. Su director, Curry Barker, no adapta un mito digital sino la premisa clásica de La pata de mono, cuya idea el realizador rescató de una parodia de Los Simpson donde los deseos concedidos se cumplen de forma espeluznante. Barker se formó también en YouTube, filmando terror casero de bajo presupuesto antes de firmar un contrato con una gran distribuidora.

Ambos casos comparten un mismo patrón. Creadores que aprendieron el oficio en línea y que hoy compiten en cartelera con las producciones más costosas de la industria. Ese modelo es la consecuencia visible de una cultura de terror que lleva más de una década gestándose en comunidades de internet, mucho antes de que algún estudio imaginara su potencial comercial.

Detrás de estos títulos hay todo un ecosistema previo: subreddits (foros temáticos de la plataforma Reddit) y wikis colaborativas donde cientos de usuarios llevan años inventando monstruos, lugares imposibles y documentos falsos.

En efecto, a diferencia de las primeras creepypastas, estas creaciones ya no solo se centran en mostrar narraciones terroríficas y seres extraños sino que además trabajan mucho con el (supuesto) registro de estos fenómenos: videos encontrados, documentos filtrados y censurados por instituciones e informes filtrados de agencias de investigación. Es decir, con todo el entramado de poderes y ocultación que implicaría la existencia real de estos casos.

La fundación que documenta el mal

Ningún proyecto ilustra mejor esta lógica que la SCP Foundation. Se trata de una organización ficticia (una página web colaborativa) dedicada a documentar y estudiar fenómenos que rompen las leyes conocidas de la naturaleza.

Todo comenzó en 2007, cuando un usuario de 4chan describió una estatua de piedra que solo se movía cuando nadie la observaba. El relato se volvió tan popular que otros usuarios empezaron a escribir sus propios expedientes en el mismo formato de reporte burocrático y confidencial.

Esa práctica derivó en un sitio propio, redactado bajo licencia abierta por miles de colaboradores anónimos de todo el mundo, sin un libreto central. Hoy la wiki reúne miles de archivos, relatos y cánones entrelazados entre sí, sin autor único, sostenida por la voluntad de una comunidad que sigue escribiendo, corrigiendo y votando la calidad de cada nueva entrada.

Pero lo interesante es que cada entrada imita el lenguaje frío de un informe institucional, lo que acentúa el efecto de horror. El espanto no se describe con adjetivos, sino con la burocracia y el lenguaje clínico de quien documenta lo indocumentable. Su magnitud es tal que ya es uno de los mayores proyectos de escritura colaborativa jamás producidos, con un volumen de texto que supera en extensión a obras tan largas como la Biblia.

Ese estilo narrativo terminó filtrándose en el cine, los videojuegos y los cortometrajes de fans. Ahora, avanza hacia un proyecto anunciado junto a la saga V/H/S, que llevará el universo SCP a una película de formato largo. Otras criaturas de origen similar, como Siren Head o el catálogo de cintas conocido como Mandela Catalogue, ya tienen adaptaciones propias en desarrollo.

Además, a diferencia de una franquicia convencional, nadie es dueño exclusivo de SCP. Cualquier persona puede escribir su propio expediente y, si es aprobado por la comunidad, sumarlo a ese archivo colectivo. Dicha apertura explica por qué el universo se mantiene vivo mucho después de que se apaguen las modas pasajeras de internet.

Cuando internet reemplaza a los estudios

Lo que distingue a este nuevo terror no es solo su origen, sino el camino inverso que recorre para llegar a las pantallas. Tradicionalmente, una historia pasaba primero por una novela, un guion profesional o un cómic antes de convertirse en película.

Con proyectos como SCP ocurre lo contrario. La ficción nace en un foro o una wiki, sin editor ni casa productora, y solo después de haber probado su eficacia frente a millones de lectores anónimos llega a los despachos de Hollywood.

Esa validación previa cambia también quién dirige la adaptación. Ya no son necesariamente egresados de escuelas de cine ni guionistas con trayectoria, sino creadores de YouTube o moderadores de foros que entendieron los mecanismos del miedo en línea.

El resultado es un terror que no busca legitimarse citando a los clásicos de la literatura gótica, sino que construye sus propias reglas y su propia comunidad de lectores, convertidos después en espectadores de cine.

Además, un estudio ya no necesita apostar a ciegas por una idea original. Puede observar qué historias digitales acumulan millones de vistas, comentarios y fan art antes de decidir cuáles llevar a la pantalla grande.

Backrooms, Obsession y el proyecto sobre SCP confirman que esta vía ya no es una excepción, sino un modelo en expansión. Todo indica que, en los próximos años, más criaturas nacidas en foros seguirán este mismo trayecto hacia el cine masivo.

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Acerca de Juan Manuel Granja

Ha publicado trabajos de ficción, crónica y ensayo. Su libro Babel en ascensor y otras crónicas fue publicado en México por la UNAM; otros textos suyos forman parte de antologías en Colombia y Chile.
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