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Mundo Diners al día

“Hay que promover una arquitectura que genere vínculos”

por José Luis Barrera

Ernest Garriga, Lacol Arquitectura
Ernest Garriga parte de la cooperativa Lacol Arquitectos. Foto: Víctor Vergara.
TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

Ernest Garriga es parte de LACOL Arquitectura cuya meta es crear viviendas sostenibles, además de recuperar el carácter comunitario que han perdido las ciudades por su crecimiento descontrolado.

El escenario es, efectivamente, un teatro: el Bolívar. Pero no hay actores, sino arquitectos asistiendo a la Bienal de Arquitectura de Quito 2024; uno de ellos es Ernest Garriga, quien llegó de Cataluña para contar sobre LACOL, un estudio que sus socios prefieren llamar cooperativa.

Se le nota agotado -ha hecho una ponencia antes-, mas no pierde la sonrisa en ningún momento ni siquiera cuando dice algo serio. A sus espaldas aparecen carteles con proyectos arquitectónicos de la Bienal y las voces de invitados y estudiantes se escuchan a lo lejos.

Garriga es arquitecto y vive en Barcelona. Se graduó en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de esa ciudad y es socio fundador de la cooperativa LACOL que existe desde 2009; su trayectoria profesional está vinculada a ella.

"Allí, no proponemos algo convencional, pues los miembros compartimos inquietudes sobre cómo está funcionando el mundo y los debates que salieron de la cooperativa han servido para entender qué es lo que queremos hacer. Me refiero a una arquitectura con una visión social".

Acaba de hacer una ponencia en la Bienal, ¿de qué se trataba?

Presenté el proyecto de la Comunal. LACOL es una cooperativa de arquitectos sin ánimo de lucro -arquitectura con una vertiente social-. El objetivo de nuestros proyectos es que los edificios tengan un retorno para el lugar en que están construidos y sobre todo que el propio usuario sienta que se generaron redes de soporte y comunicación.

Siempre, eso sí, alejados de esos corredores de bienes raíces que solo se enfocan en sitios donde no hay espacios de encuentro para los vecinos. Entonces, lo que intentaba explicar, a través del proyecto de la Comunal, es la capacidad que tiene la arquitectura de unir a las personas.

La ciutat invisible de Lacol Arquitectura, un proyecto para vivir en comunidad.
'La Ciutat Invisible', el proyecto de vivir en comunidad de LACOL. Foto: Cortesía.

Usa mucho la palabra ‘cooperativa’, ¿por qué LACOL se autodefine así y no solo como un estudio de arquitectos?

Somos parte de esa generación que se graduó después de la crisis de 2008. Yo, por ejemplo, salí de la universidad en 2010; entonces, no había trabajo para los arquitectos. Por otro lado, nosotros vivimos la era del ‘star system’, así que las revistas de arquitectura de ese momento planteaban que todo dependía de un arquitecto, como si trabajase solo y sin el soporte de un equipo.

Con ese marco, la mayoría de nosotros que consiguió empleo, lo hizo en despachos cuyas condiciones laborales eran bastante malas, pues había que cumplir con esa premisa del ‘profesor que enseña al alumno’ y, por lo mismo, tiene que aceptar la explotación laboral.

Al salir de allí, muchos decidimos empezar de cero y romper los esquemas. Por un lado, la forma jurídica de cooperativa procura horizontalidad, de modo que no hay jefes ni figuras de liderazgo destacadas. Esto no significa que no pueda haber alguna en el futuro, pero la idea es descubrir, a partir del trabajo y de la práctica, quién es mejor en cada parte del proceso.

Cuando un arquitecto sale de la universidad sabe cómo diseñar y punto. Sin embargo, gestionar un despacho es mucho más que eso: es difícil en términos económicos, comerciales e incluso en cuanto al discurso.

Asimismo, ustedes construyen viviendas cooperativas, ¿cómo funcionan?

En Cataluña, desarrollamos un modelo que se llama ‘cooperativa de viviendas en cesión de uso’, este busca que no haya ni compra ni alquiler.

Las personas que necesitan vivienda ‘autopromueven’ a los edificios. Nosotros les ayudamos en el proceso, tanto con el diseño como con el acompañamiento al grupo. Construimos colectivamente. El bien también es colectivo, de modo que no hay propietarios, sino socios.

Así, las viviendas no están en el mercado especulativo. No es posible venderlas ni alquilarlas; el usuario puede vivir en ellas y, si por algún motivo tiene que irse de la ciudad o ya no quiere estar allí, entrará otra persona a ocupar el piso.

Se paga una cuota mensual que no es equiparable con un alquiler porque no se está entregando dinero a un propietario para su lucro, sino devolviendo lo invertido en la construcción. Si las cuotas bajan porque ya se pagó todo, pues bajan, aunque en algunos estatutos se incluye que estas se mantendrán para apoyar a proyectos futuros.

La comunal proyecto de arquitectura de Lacol.
La Comunal, el proyecto de LACOL. Foto: cortesía.

Al trabajar con los usuarios, ¿cómo logran conciliar tantas ideas sin que el ambiente se torne conflictivo?

A veces se da por hecho que el conflicto es malo. Nosotros entendemos que la participación lleva al conflicto, claramente es así, pero aquello es bueno porque produce los debates que la gente requiere para enriquecerse: personas que han entrado con una idea, después de las charlas y de entenderse con el resto, adaptan su opinión original a la necesidad del grupo. De hecho, nosotros no imponemos la participación, solo la proponemos porque nos ayuda a mejorar a nosotros mismos.

Pero ¿cómo conseguir que todos estén de acuerdo? La peculiaridad de la vivienda cooperativa es que nadie está diseñando una casa propia, sino un edificio para la comunidad. Es decir, el usuario tendrá un piso para vivir pero también espacios comunitarios, por lo tanto mi casa es mucho más grande que cincuenta metros cuadrados.

Por otra parte, cuando los hijos de un copropietario crezcan y se marchen, él podrá cambiar su vivienda por otra más pequeña en el mismo edificio porque también es copropietario de esa. Por eso, las decisiones se toman en conjunto y no de acuerdo con caprichos personales.

Hablemos del futuro: ¿la arquitectura del futuro implicará ‘hacer edificios con la gente’ y no solo ‘para la gente’?

Totalmente. Al final, la arquitectura se hace para un objetivo y este no lo decide el arquitecto, tampoco un promotor inmobiliario. Por ejemplo: un edificio que estaba diseñado para ser museo, al cabo de un tiempo queda vacío, entonces los ciudadanos lo piden para realizar actividades culturales. El fin se modificó para cubrir las necesidades de las personas. Y en las urbes, estas con muchísimas…

Las ciudades están al borde del caos: tráfico, contaminación... En ese sentido, ¿todavía tiene sentido el anhelo de ser propietario?

Creo, más bien, que debemos generar una arquitectura que haga vínculos. Vínculos con las personas, pero también con el edificio porque no es lo mismo una cosa que ‘te han hecho’, que una cosa en la que has participado. Si estás involucrado en la creación del museo, tendrás una relación afectiva con él, querrás visitarlo, hacer cosas y llevar propuestas para mejorarlo. Esto, por supuesto, generará relaciones que salgan del edificio y bajen a las calles.

Entonces, para mí, si se reestablecen los vínculos, la gente no escogerá un barrio porque resulta más barato que otro o porque está mejor ubicado, sino porque quiere estar allí. Y esto solo es posible generando una comunidad capaz de decidir, por sí misma, qué es lo que necesita. Al fin y al cabo, si nos dejamos gobernar siempre y en todo ámbito, los resultados son los que estamos viendo ahora.

Precisamente, el mundo de ahora ya no se parece al del 2009 cuando fundaron LACOL Arquitectura, tras la pandemia y otros desastres, ¿la gente todavía está abierta a estas propuestas?

Creo que nosotros estamos remando un poco contra corriente, pero también hemos tenido la suerte de que aquello que parecía marginal haya recibido premios como el Mies van der Rohe -que es de los más importantes de Europa en arquitectura-; entonces, sí se reconocen las necesidades de las que hablamos antes, aun en ciertos ámbitos políticos.

Por lo demás, estamos en un periodo difícil, pero no hay que caer en la depresión ni mucho menos. Se debe empujar para que lleguen cosas más agradables pues las crisis climáticas y otros temas similares son bofetadas que dicen: “el camino correcto es este, no el de hoy; hasta aquí hemos llegado y es momento de cambiar". Para mí esta época es una gran oportunidad.

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