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Mundo Diners al día

Iván Carvajal y la poesía de toda una vida

por Damián De La Torre Ayora

Iván Carvajal
Imagen retocada IA.
TIEMPO DE LECTURA 4 MINUTOS

La reedición de Poesía reunida 1970-2022 recupera más de cinco décadas de escritura de Iván Carvajal, figura central de la poesía ecuatoriana contemporánea. Su obra ha influido en la literatura del país por su exploración del lenguaje, su ironía y sus cuestionamientos sobre el amor, la muerte y el paso del tiempo.

“Para escribir hay que tener el lápiz y el papel a la mano, y no olvidar el basurero”, afirma Iván Carvajal (San Gabriel, 1948), uno de los poetas clave de la literatura ecuatoriana. Recientemente ha salido su Poesía reunida 1970-2022 (La Caracola Editores) que, si bien es una edición voluminosa, casi 600 páginas, da cuenta del trabajo depurado, de mantener los versos que valen la pena.

La compilación permite un recorrido cronológico de su trabajo, más allá de su primera publicación. Va desde Poemas de un mal tiempo para la lírica (1980) hasta Siempre todavía (2022). Pero la fecha inicial requiere una precisión: los primeros poemas surgen en 1970, año en que fueron escritos y más tarde llevados a un libro. De hecho, su primer poemario se convertiría en la tercera parte de Del avatar.

En el camino aparecen Los amantes de Sumpa, Parajes, En los labios / La celada, Inventando a Lennon, Ópera, La ofrenda del cerezo y La casa del furor. No es solo una suma de libros. Se trata de la posibilidad de mirar cómo un poeta evoluciona.

Más sobre Iván Carvajal

  • Es poeta y ensayista. Ejerció como catedrático y también fue columnista.
  • Estudió Filosofía y obtuvo su doctorado en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. 
  • Recibió el Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit por Parajes (1983) y una mención especial del concurso de poesía de la revista Plural por Los amantes de Sumpa.
  • La Aedep le otorgó el Premio a las Libertades Juan Montalvo en 2013, por el conjunto de su trayectoria intelectual ligada a la libertad de expresión.

Construyendo la palabra

Uno puede encontrar sus preocupaciones de juventud en In partibus infidelium, que aparece en Del avatar. Este nace de su estancia en Guayaquil, una ciudad en la que nunca logró aclimatarse. “Me sentía un desterrado”, recuerda. Allí está una experiencia personal convertida en materia poética. El desarraigo, la imposibilidad de sentirse completamente en un lugar y la juventud como territorio extranjero marcan su sentir.

Después llegará Los amantes de Sumpa, un poema unitario que dialoga con los esqueletos abrazados durante siglos en la península de Santa Elena. Posiblemente, aquellos versos son los más difundidos de su obra. Han circulado en libros, fotocopias y se encuentran fácilmente en la web.

Quizás porque allí se abrazan dos temas que gravitan la vida: el amor y la muerte. El abrazo milenario deja de ser una reliquia arqueológica para convertirse en una imagen del tiempo que nos espera a todos. Y en esa espera no queda mejor posibilidad que amar, aunque los amantes mañana ya seremos simplemente restos.

En Inventando a Lennon, la mirada se desplaza hacia el mundo en crisis, el caos y una época cuya incertidumbre ya no puede ser únicamente individual. Pero la preocupación por el desastre convive, pocos años después, con otra manera de mirar. La ofrenda del cerezo es un poema de serenidad: la belleza encontrada precisamente en su carácter finito. La flor no vence al tiempo, pues su belleza existe porque desaparecerá.

Pero Carvajal insiste en que su evolución no se explica tanto por los temas como por la forma de tratarlos. El amor, la amistad, la muerte y el tiempo siempre estarán presentes. Lo que cambia es la manera de construir. Ahí está lo elemental de su poética: la composición importa más que el motivo.

La ironía como aliada

Desde sus inicios, la poética del carchense tiene como cómplice a la ironía. Por ejemplo, Del avatar contiene una serie de parafraseo y hasta “plagios descarados” de versos de Eliot, Pound o Cernuda, como admite el propio Carvajal.

Esta acción revela algo esencial. La ironía no es una forma de humor, sino de pensamiento. Le permite desconfiar de la solemnidad, incluso cuando escribe sobre temas tan serios como la muerte. Pone en duda aquello que el poema parece afirmar. Su poesía puede hablar de situaciones decisivas sin entregarse por completo a la gravedad que les involucra.

No hay nada más irónico que ser poeta en Ecuador, porque es un acto absolutamente gratuito; pero esa gratuidad no significa ligereza. Al contrario, exige máxima seriedad. Quizá esa sea la otra forma de leer esta poesía reunida. Como el resultado de un oficio que comenzó en la juventud, atravesó el desarraigo, el amor, la crisis del mundo y la contemplación de la belleza, y que todavía conserva intacta una sospecha: que las preguntas decisivas de la existencia no tienen respuesta.

Interrogantes sin responder

Aunque los temas pueden variar, una constante en la obra de Carvajal son los cuestionamientos. Múltiples preguntas aparecen a ráfaga, como si los signos de interrogación fueran balas de metralleta. Esto propicia un diálogo con el lector, que termina leyendo con pausa, tratando de responder.

Entre un libro y otro, su poesía parece regresar a la misma evidencia: afirmar la vida implica aceptar que no todo conduce al goce. Hay sufrimiento, pérdida y adversidad. Está la muerte, que no se resuelve con metáforas. Está el tiempo, que conlleva una finitud. Y está el amor, condenado a convertirse en polvo, pese a que algunos huesos sirvan de vestigio. Eso sí: capaz de producir belleza mientras dura.

Quizá por eso, después de más de cinco décadas, Carvajal sigue hablando de preguntas sin respuesta. ¿Qué es la muerte? ¿Qué es el amor? ¿Qué es la eternidad? ¿Qué es el tiempo? La poesía, para él, es también una forma de conocimiento, pero no necesariamente una vía hacia la certeza. Conocer puede significar sostener una pregunta abierta. Y qué mejor hacerlo consciente de que las respuestas más graves merecen ser puestas en duda.

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Acerca de Damián De La Torre Ayora

Estudió Ciencias de la Educación, Lengua y Literatura y Comunicación Social. Fue editor y jefe de información de Diario La Hora y condujo el programa radial In-Cultos. Ganador del Eugenio Espejo UNP y Artes Vivas de Loja.
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