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‘Los golpistas’: Jaime Bayly y el Chávez que salió por la ventana

por Gabriel Flores Flores

Los golpistas
El escritor peruano Jaime Bayly ha escrito novelas como 'No se lo digas a nadie', 'La mujer de mi hermano' y 'Los genios'.
TIEMPO DE LECTURA 3 MINUTOS

La novela Los golpistas (Galaxia Gutenberg), del escritor peruano Jaime Bayly, recrea los tres días de abril de 2002 en los que Hugo Chávez perdió el poder tras un golpe de Estado, al tiempo que cuenta detalles poco conocidos de la vida del dictador venezolano.

Las imágenes de Nicolás Maduro y Cilia Flores esposados y vestidos con traje naranja en el interior de un tribunal de Nueva York siguen calientes en nuestra memoria; imágenes que nada tienen que ver con la vida de privilegios y poder que mantuvieron durante décadas, una vida que comenzó a fraguarse mucho antes de que Chávez ganara las elecciones de 1998.

La Cilia Flores leguleya y el Nicolás Maduro guardaespaldas son dos de los personajes de reparto de Los golpistas. Los estelares de esta historia son Hugo Chávez Frías, como el presidente defenestrado; los militares Efraín Velásquez, Manuel Rosado y Lucas Rondón, como los "insubordinados", y el empresario Pedro Carmona, en el papel del "advenedizo".

Los golpistas

El 11 de abril de 2002 es uno de esos días oscuros en la historia reciente de Venezuela. En Caracas, a unos pasos del palacio de Miraflores, fueron asesinadas 19 personas, entre opositores y defensores del gobierno de Hugo Chávez. Horas después de esta masacre, los militares Velásquez, Rosado y Rondón consumaron un golpe de Estado que terminó con el empresario Pedro Carmona jurando su posesión como nuevo presidente sobre una Biblia.

En Los golpistas, Bayly centra su narración en lo ocurrido durante las 72 horas que transcurrieron entre que Chávez fue defenestrado y volvió al poder —como sabemos, para no soltarlo hasta su muerte en 2012—. El escritor peruano utiliza esos días de caos e incertidumbre nacional para quitarle a Chávez su estampa mesiánica y mostrarlo como un ser terrenal lleno de contradicciones, miedos y desvaríos, un ser frágil y vulnerable.

Pero también lo retrata como un ser dispuesto a decir y hacer lo que sea necesario para no perder el poder, porque —y esto lo sabemos de boca del propio Chávez— siempre sintió que su destino era ser presidente de Venezuela, de continuar con lo que, según él, Bolívar dejó inconcluso. Y claro, para eso tenía que convertirse en mandatario vitalicio de un país que, si bien vivía plagado de injusticias sociales, aún no había expulsado a 8 millones de personas.

Este retrato de Chávez, convertido en personaje de novela, no funcionaría como espejo de los dictadores de izquierda o derecha que, durante las últimas décadas, se han multiplicado como moscas en la sopa por Latinoamérica, si no fuera porque Bayly desparrama su humor negro por toda la novela. Les recomiendo la escena en que a Chávez, trepado en un helicóptero de regreso al palacio de Miraflores, se le descompone el estómago.

Hugo, el pelotero

Nunca sabremos qué habría pasado si Hitler terminaba su vida como pintor, como fue el anhelo de sus años de juventud, o si Chávez se convertía en jugador de béisbol, como soñó durante su adolescencia. Imaginemos, por unos segundos, a Adolfo inaugurando su nueva exposición de arte en alguna galería parisina de moda de los años 40 o a Hugo, el pelotero, convertido en la estrella latina de la Liga Americana de Béisbol, en plena Guerra Fría.

Lo único cierto es que su ascenso al poder no fue una casualidad o un golpe de suerte. Muy pronto en la vida, ellos se convencieron y persuadieron al resto de que eran los "elegidos" para cambiar el rumbo de sus países. Y sobre esos años de formación de Chávez va la otra parte de la historia de Los golpistas: del Chávez que se crió con su abuela, del Chávez que fue un alumno mediocre en el colegio o del Chávez que soñó, como el "Che", ser guerrillero.

También va del Chávez que admiraba al locutor y activista político venezolano Renny Ottolina, al que después de su muerte robó la idea de que era su "deber" rescatar la figura de Simón Bolívar, al Chávez que planificó no uno, sino dos golpes de Estado en contra del expresidente Carlos Andrés Pérez y, claro, al Chávez amigo de Fidel Castro, quien le dijo que el camino de los revolucionarios ya no eran las armas, sino ganar elecciones.

Al final, en Los golpistas, Jaime Bayly sienta a los lectores frente al teatro del poder en Latinoamérica, que en estos primeros 25 años del siglo XXI ha tenido como protagonistas a hombres y mujeres que, según sus intereses, han perpetrado golpes de Estado y se han declarado defensores acérrimos de la democracia. Posdata: como dicen por ahí, 2el diablo siempre paga mal a sus devotos". Si no me creen, googleen este nombre: Raúl Baduel.

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