
Símbolo sexual en la década de los 50 y 60, actriz, cantante, defensora de los animales y racista sentenciada; hay tantas versiones posibles de Brigitte Bardot, quien falleció este 28 de diciembre de 2025, pero es el cine quien la dio a conocer a todo el mundo.
Es casi imposible contener todo lo que fue, hizo y dijo Brigitte Bardot mientras estuvo viva. Esta figura que la cultura francesa le entregó al mundo falleció a los 91 años, en Saint-Tropez. Bardot fue relevante para toda una generación que envejeció con ella y que, con el tiempo, quizás no consiga reconocerla del todo.
Porque, así como es inevitable referirse a ella como mujer libre y sex symbol de los años 50 y 60 —la rubia de pelo largo y desgarbado, de ojos casi atigrados y labios carnosos como solo ella los pudo tener—, tampoco se puede dejar de lado su compromiso con la defensa de los animales —un activismo real en el que invirtió mucho de su dinero—.
Pero, sobre todo, no hay cómo entender su figura sin esa paradoja de que en sus últimos años se acercó demasiado a la ultraderecha de su país y llegó a recibir cinco sentencias por odio racista en Francia, especialmente hacia musulmanes, a quienes les llegó a decir “invasores” y “salvajes” en algunas publicaciones. Ni hablar de sus comentarios homofóbicos que también generaron polémica. Sí, con la misma pasión que defendió animales, Brigitte Bardot luchó en contra de inmigrantes árabes que llegaban a Francia.
Bardot también la mujer sobre la que Simone de Beauvoir escribió su ensayo de 1959 titulado El síndrome Lolita, en el que definió a la actriz como la mujer más liberada de Francia, capaz de vivir su sexualidad con la misma permisividad masculina de la época.
Sin embargo, aquello que la hizo reconocida fue su paso de 20 años por el cine —y una carrera musical en la que grabó aproximadamente 60 canciones—. En esas dos décadas hizo un poco menos de 50 filmes y eso fue suficiente para volverla leyenda. Aquí, cinco de sus roles más emblemáticos.
Uno, Et Dieu... créa la femme (1956)
Con 22 años, Brigitte Bardot ya cargaba experiencia en filmes europeos y hollywoodenses rodados en Francia. Esta, la primera película dirigida por su todavía esposo Roger Vadim, significó la explosión de Bardot como la mujer más deseada por medio mundo, porque rompió con el acartonamiento de la sociedad de ese momento. Y Dios creó a la mujer fue un éxito en Estados Unidos y en otros países.
Ella hizo de la joven y desinhibida Juliette Hardy, que termina siendo el objeto de deseo de tres hombres —dos de ellos, hermanos— y eso es la base para un final que no revela mucho de lo que sucede con los personajes, pero quizás da a entender que ella acepta su rol en ese entramado patriarcal y sabe que deberá encontrar el momento para romper cualquier alianza. La escena de ella bailando, con esa falda verde larga que comienza a abrir para mostrar sus piernas, es un momento icónico del cine.
Dos, La Verité (1960)
Nominada en su momento al Premio Oscar como película en idioma extranjero, La Verité —La Verdad, en español— sigue siendo un filme poderoso por todo lo que sucede. Bardot hace de Dominique, una joven que sobrevive a un “pacto” de homicidio/suicidio en el que muere su pareja, Gilbert. Ella es acusada del crimen y casi todo lo que sucede aquí son flashbacks cruzados con escenas del juicio en el que intentan desentrañar los hechos.
Bardot hace lo que puede y no sale mal parada, su Dominique es víctima y victimaria, lo pierde todo cuando quiere conseguirlo todo y si bien en esa época no era común hablar de relaciones tóxicas, La Verité pone el dedo en la llaga en lo que significa la violencia como gesto que acompaña a la pasión. El final es demoledor y preciso.
Tres, Le Mépris (1963)
El desprecio —su título en español— es la sexta película del gran cineasta francés y no es considerada como uno de sus mejores trabajos. En realidad, es un melodrama en el que hasta actúa Fritz Lang y en el que hay un matrimonio —Camille y Paul Javal— que se está desmoronando, mientras él trabaja el guión de una adaptación de La Odisea, que va a dirigir Lang, y ella —obviamente interpretada por Bardot— se siente utilizada por su esposo, como objeto para conquistar al productor norteamericano responsable de la película que quieren hacer.
Si bien los criterios de la Nouvelle Vague están ahí y esos detalles del primer Godard aparecen en pantalla, él está al servicio de contar una historia no en sus términos. Es más: la escena inicial fue rodada por presión de los productores, así que Godard no tuvo más remedio que desnudar a Bardot y ponerla en primer plano, moviendo la cámara de arriba abajo, mostrando su trasero desnudo, mientras dejaba en claro las intenciones de Camille y esa claridad que ella tiene de sí misma como mujer deseada.
Cuatro, Viva Maria! (1965)
Esta comedia protagonizada por Bardot y Jeanne Moreau es una de esas películas en la que dos amigos terminan en una aventura descabellada —en onda de duplas como Laurel y Hard— pero dada la vuelta. No solo con mujeres en los roles principales, sino por el absurdo que se va desarrollando en pantalla, a medida que pasan los minutos.
Bardot y Moreau empiezan como artistas de vodevil que en su primera presentación juntas terminan inventando el striptease —la escena en la que se le rompe la falda a Bardot mientras cantan Paris, Paris, Paris se la puede ver en YouTube y es mágica— para culminar como líderes de una revolución que derroca un gobierno horroroso de un país centroamericano ficticio. No es precisamente un gran filme, pero permite ver a una actriz que hizo de todo.
Cinco, Don Juan ou Si Don Juan était une femme... (1973)
Penúltima película de Brigitte Bardot, dirigida por su exesposo. Don Juan, o si Don Juan fuera mujer es el título en español de una película en la que Jane Birkin y Bardot comparten escenas en las que hay mucha pasión en pantalla y en la que la figura del famoso personaje libertino y mujeriego es trasladada a una mujer. Ella es Jeanne —interpretada por Bardot— que está interesada en la seducción y en romper estructuras o reglas: amar y seducir a hombres y mujeres por igual.
Bardot actúa, pero es un símbolo bajo el cristal que la expone Vadim; no solo es ese animal sexual, es también la mujer que ha crecido como esa figura y que está a punto de cumplir 40 años. Jeanne parece no sentir sobre ella la culpa católica que siempre ha recaído sobre la mujer que vive abiertamente su sexualidad, así que su intención es trasladar esa culpa y responsabilidad a los hombres que, como cualquier Don Juan, son mujeriegos. Es un giro interesante que no va a terminar bien para ninguno de los personajes en el filme.
