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Rodolfo Fito Páez es una institución musical latinoamericana. Sin embargo, es un artista que produce tal cantidad de obra —ha lanzado más de treinta discos como solista— que sus fanáticos no saben qué hacer con eso.
En 1992, con el lanzamiento de su séptimo disco, El amor después del amor, Fito Páez se convirtió en un ídolo de multitudes en Argentina. Para ese momento no era un desconocido, sino parte de la camada de nuevos músicos que tomaban la batuta de Charly García y Luis Alberto Spinetta —entre ellos Gustavo Cerati y Andrés Calamaro—. Con el siguiente disco, Circo Beat, de 1994, Fito se consagró en Latinoamérica. Hay un antes y después de estas producciones, de canciones como “Mariposa tecknicolor” y de “A rodar mi vida”, temas que se corean cada vez que los toca en vivo.
Y ese “antes y después” es medible a través de lo que vino: le sacó la lengua a MTV, hizo su propia versión de un unplugged, grabó un disco con Joaquín Sabina, se peleó públicamente con él, dijo muchas cosas en entrevistas, en las que opinaba de todo, y lanzó más y más discos, como si su vida dependiera de ello.
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