Las vidas de cientos de mujeres se transforman al son de los tambores de Caemba, una organización que las congrega alrededor de un techo y les entrega herramientas para levantar, con sus propias manos, un mejor futuro para ellas y sus hijos.
Cuenta la historia oral que, antes del dominio colonial, en las zonas bajas y costeras de lo que hoy es Atacames, vivió el cacique Tonchigüe. Era valiente, astuto y sabio. Con su familia habitó en los alrededores del río que lleva su nombre. Desde 1955 una parroquia rural de la provincia de Esmeraldas también se llama como él. En este pueblo bañado por una playa mansa y recios acantilados vive doña Bartola.
Bartolita, como la llaman quienes la conocen, es una nómada. Su andar carga con el peso de las desventuras y los “donde me agarre la noche”. Se calcula alrededor de 65 años. En su primera cédula —que obtuvo hace una década— se puso dos apellidos: García Tomalá. García por su papá y Tomalá por su mamá. Es todo lo que conoce de ellos. No se abrigó con sus cuidados ni aprendió de sus regaños. Le contaron que nació en Chone. A los quince años, en busca de aventuras y mejores días, se fue con unas amigas a Guayaquil. El trajín de la vida la llevó hasta Esmeraldas y hoy vive en Tonchigüe. Crio dos hijas que le dieron cuatro nietos.
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