Siguiendo los pasos del legendario Marco Polo, terminé en las lejanas tierras de Oriente, pero no para facilitar el comercio de especies, ni siquiera para facilitar los ofertones de Temu o Ali Baba. Actividades académicas me llevaron hasta allá y me permitieron vernos a través de esos ojitos rasgados, que ahora controlan el mundo.
Shanghái es Guayaquil, pero bien hecha; con lo mejor de ese futuro que ellos vislumbran y que nosotros no logramos imaginar. Ellos son lo más avanzado que vimos en Star Wars, y si nos comparamos, nosotros somos los wookies. ¡Y ojo! Que cuando digo “nosotros”, ¡me refiero a todo Occidente! Dentro de aquel mosaico starwarsense, los ecuatorianos seríamos a lo mucho los ewoks; esos ositos aborígenes que, sin saberlo, derrocaron un imperio. A propósito, propongo que se rebautice alguna cooperativa de transporte como Flota Interprovincial Starwarsense. ¡Suena bellísimo!
El puerto principal chino me sorprendió con muchas cosas. La primera fue The Bund; un Malecón 2000, sin tantos colorinches. Aquel paseo carecía de esas ferias baratas que suelen poner en el Malecón Bolívar. Tampoco tiene la necesidad de maquinitas de parque de diversiones, que hacen ver al Play Land Park como si fuera la NASA. Este es un paseo de borde sobrio. Espacios peatonales y vegetación, donde uno ve hologramas de mariposas revoloteando entre las plantas. Sí, hologramas. Y nosotros, en nuestra parte del planeta, nos creemos futuristas cuando le ponemos spoilers y luces led al sedán noventero de nuestros abuelos.
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