
Han pasado 20 años desde el estreno de El diablo se viste a la moda. Y en estas dos décadas, la película se ha convertido en una de las más vistas, analizadas y queridas de la época. Quizás, una de las razones por las que hay tanto interés en esta historia tenga que ver con la idea nostálgica de que todo tiempo pasado fue mejor, pero ¿en realidad es así?
El diablo se viste a la moda se estrenó el 30 de junio de 2006. La película contó con la dirección de David Frankel y la actuación de Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci.
A partir de este filme, la moda y sus figuras -que ya tenían relevancia-, adquirieron un status adicional y por fuera de su nicho, con marcas como Prada, Chanel y Jimmy Choo a la cabeza.
Además, la idea de mostrar a una mujer joven que busca triunfar por su cuenta en un mundo que quiere aplastarla terminó por darle una fuerza que la convirtió en uno de los mejores relatos audiovisuales de su época.
Anna Hathaway pudo salir del corsé de estrella de filmes adolescentes -sus dos roles protagónicos en las películas de Diarios de una princesa son de antología-, mientras Meryl Streep se convirtió, de golpe, en sinónimo de filmes taquilleros porque El diablo se viste a la moda recaudó casi 330 millones de dólares cuando se estrenó, y Emily Blunt se volvió figura de Hollywood de la noche a la mañana.
Todo esto es lógico, porque si algo sostiene el filme es lo que hace el elenco. Hathaway es Andy, la periodista que entra a trabajar como asistente secundaria de Miranda Priestly, la editora general de la revista de moda Runway; mientras que Blunt hace de Emily, la asistente principal de la que decide todo en esa publicación.
Entre las tres -y Tucci, desde luego- son capaces de mostrar lo que significa trabajar para alguien complicado y los sacrificios que ciertas personas están dispuestas a realizar para triunfar en el terreno laboral.
¿Sin sacrificio no hay éxito?
El personaje de Miranda Priestly está basado en Anna Wintour, la eterna editora de la versión norteamericana de Vogue. Miranda encarna la idea de que trabajar es aguantar todo lo que el superior o la jefa pida, diga o exija, incluso, si eso significa hacer algo por fuera del horario reglamentario o cumplir deseos casi imposibles y absurdos -como conseguir un ejemplar del último libro de la saga de Harry Potter antes de su publicación-. Una perspectiva que las generaciones actuales no están dispuestas a aceptar con tanta facilidad.
Para muestra un botón: al final del episodio 12 de la segunda temporada de la exitosa serie The Pitt, la estudiante de medicina Joy Kwon, interpretada por Irene Choi, abandona la sala de emergencias del Pittsburgh Trauma Medical Hospital, en medio de una crisis con muchos pacientes, y lo hace no por negligencia, sino porque su turno se acabó y ella le pone límites a su trabajo. Su éxito es vivir su vida, cumplir con sus obligaciones y no pasar ahí ni un segundo más de lo reglamentario.
Andy, Hatthaway, sacrifica mucho de su vida por ese trabajo porque está convencida que es la puerta de ingreso para lo que quiere hacer: periodismo. Al inicio ella asegura que no le interesa el mundo de la moda, pero empieza a verlo de otra manera cuando el director de arte de Runway, Nigel Kipling —Tucci— la toma bajo su ala y se convierte en su mentor.
¿Qué hay del ambiente en el trabajo? Emily y el resto de mujeres que son parte del equipo central de Runway tratan inicialmente con desprecio a Andy. La ven ajena al lugar y hasta rechazan la ropa que usa. Es como si no hubiera sororidad en ese terreno y es probable que, a pesar de que los papeles cambian porque Andy consigue llegar a Emily y romper su rechazo inicial, sea necesario que la segunda parte enfrente este punto de alguna manera.
¿Quién es el villano?
Ríos y ríos de textos y discusiones se han escrito sobre esto. Es verdad que Miranda Priestly funciona como figura antagónica dentro del filme, pero la profundidad y las complejidades de su personaje no la presentan como la típica mala de la historia.
Al final ella da una buena recomendación para el nuevo trabajo de Andy -realmente no queda claro que ese gesto le haya servido profesionalmente al personaje de Hathaway-, lo que permite un tipo de expiación por sus acciones en el largometraje.
Priestly es un personaje imprescindible en la historia del cine y existe una gran razón para que Streep lo haya querido interpretar. Tal como lo dijo para una nota de IndiWire, por los 10 años del estreno del filme: “Lo que más me interesó fue la responsabilidad que recaía sobre los hombros de una mujer que dirigía una marca global y un imperio de la moda. En términos empresariales, quería saber cómo era eso. El personaje de Annie cree que la moda es frívola, pero es una industria que da empleo a mucha gente y extiende su red de influencia a muchos sectores diferentes, así como a la vida de las personas”.
El novio de Andy, Nate Cooper -interpretado por Adrien Grenier- ha sido considerado por años como el verdadero villano de la historia. Sobre todo, por no ser un apoyo emocional para ella, por no comprenderla y por cierto tono de burla que él ejerce cuando se trata de su trabajo. Pese a ser una persona que al inicio se muestra compasiva y trata de mantener la relación con los pies en la tierra, una vez que Andy crece laboralmente, Nate empieza a cambiar.
Él es catalogado como misógino, narcisista y bueno, sí es un personaje complicado, pero ha sido la propia Anne Hatthaway quien lo ha descrito de la manera más precisa durante una reunión del elenco para la revista Entertainment Weekly: “Nate estaba de mal humor el día de su cumpleaños porque su novia no estaba allí. En retrospectiva, estoy segura de que desearía haber tomado otra decisión, pero ¿quién no? Todos hemos sido unos mocosos en algún momento. ¡Simplemente tenemos que vivir, dejar vivir y mejorar!”.
Lo cierto es que no hay villanos en El diablo se viste a la moda y eso es quizás lo más interesante de la película. Son solo seres que miran el mundo desde sus perspectivas y en el camino descubren lo que significa interactuar con otras personas y cómo eso puede cambiar miradas. En ese sentido, el filme que está próximo a estrenarse tiene unos grandes zapatos de taco aguja que llenar.
