Genesis P. Orridge o la vida como un laboratorio extremo
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Genesis P. Orridge o la vida como un laboratorio extremo

Por Carla Badillo Coronado.

Edición 458 – julio 2020.

TARDE O TEMPRANO NOS ÍBAMOS A ENCONTRAR CON GENESIS P. ORRIDGE, UN ARTISTA QUE INTERVINO LA REALIDAD Y LA HIZO SUYA, Y USÓ SU PROPIO CUERPO COMO PERGAMINO Y TUBO DE ENSAYO. SE PODRÍA DECIR QUE LO DESTROZÓ TODO, LAS CONVENCIONES, LOS PRINCIPIOS, LA MORAL, PERO CON ESOS PEDAZOS HIZO LO QUE HACEN LOS CREADORES: SE INVENTÓ UN MUNDO NUEVO PARA LOS QUE NO TIENEN ESPACIO EN ESTE MUNDO.


“Nada es verdad, todo está permitido”.
William S. Burroughs.

Hay seres que no vienen a este mundo solo para cumplir con el ciclo vital. Llegan y se topan con una sociedad demasiado es­tructurada pero, a diferencia de la mayoría, consagran su vida a cuestionar los límites de lo permitido y a generar nuevas posibi­lidades de existencia. Ese es el caso de Ge­nesis P. Orridge (1950-2020), un rayo que cayó a mediados del siglo XX, abriendo múltiples interrogantes en una sociedad que parecía oxidada.

Nacido en Manchester, Inglaterra, el 22 de febrero de 1950, con el nombre de Neil Andrew Megson, Genesis P. Orridge (como decidió llamarse a partir de 1965) fue un músico, performer, artista plástico, poeta, ocultista, provocador transgénero y visionario. Su legado se inscribe entre los más importantes en la contracultura de los últimos cincuenta años. Desde la música industrial de la cual fue pionero en los años setenta, con bandas tan legendarias como Throbbing Gristtle y Pyschic TV, que lo llevaron a convertirse en un ícono del pos­punk, el noise electrónico y el acid house, pasando por cientos de poemas, fotografías y polémicas performances con su colectivo COUM Transmissions; hasta el collage en el que transformó su propio cuerpo cuan­do, en 1993, decidió parecerse a la mujer de su vida: su esposa, Jaqueline Breyer, más conocida como Lady Jaye, adoptando su apariencia por medio de una serie de inter­venciones quirúrgicas en un proyecto de­nominado Pandroginia, cuyo objetivo era crear una tercera entidad conformada por ambas —un tercer género—, y en rechazo a los términos binarios (hombre/mujer, bue­no/malo) que la sociedad establece como verdad única. En cualquier caso, se trató de un acto de amor genuino y un proyecto ar­tístico sin precedentes, con una coherencia pocas veces encontrada, no solo en el arte, sino en cualquier ámbito de la vida.2

Toda esa libertad y exploración hizo que muchos artistas desarrollaran por Genesis un respeto —casi reverencial— a lo largo de los años, incluyendo a sus mentores, William S. Burroughs (El almuerzo desnudo) y el neurocientista, profesor de Harvard y promotor del LSD, Timothy Leary, quien afirmaba que Genesis era un pionero invaluable y una gran influencia por haber creado un nuevo lenguaje con humor e ironía.

“No solo es alguien con mucho conoci­miento, sino que es muy poderoso en per­sona. Somos amigos y hermanos y apren­demos uno del otro”.

En la escena musical, por ejemplo, Mi­chael Gira, músico y fundador de la banda de rock experimental Swans, siempre ha de­clarado su admiración por Genesis.

“Me encantan su trabajo y su música; y es un amigo —no cercano—, pero también es un héroe para mí, toda su manera de ver la vida como una especie de evento malea­ble, una aventura en el descubrimiento per­sonal, sin importar cuáles sean los límites cruzados en el camino. Es excepcional. (…) Su forma de vivir la vida como un acto de imaginación, como un acto mágico. No me importa que sea música electrónica innova­dora ni nada. Simplemente encuentro que el ambiente, la voluntad y la intención de­trás de él son realmente hermosos”.

Ese tipo de impresiones dejaba Genesis en todo aquel que se cruzaba en su camino.

“Mi obra está para seducir a la gente a pensar”, decía.

Murió el pasado 14 de marzo, a los setenta años, en su departamento del East Side de Manhattan, en Nueva York, a causa de una leucemia. Su legado está compuesto por más de doscientas obras, un caleidos­copio de posibilidades infinitas.

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“Para mí, el arte siempre ha sido sobre evidencia.
Evidencia de la vida de las personas inspiradas por esa chispa divina que es tan rara”.
Genesis P. Orridge
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Se necesita demasiado coraje, dema­siado amor, demasiada entrega y demasiada resistencia para hacer de la propia vida un laboratorio extremo. GENESIS ERA UN LABORATORIO EXTREMO. ¿Pero cuál fue el origen de su búsqueda? Si escarbamos un poco en su historia, veremos que el pe­queño Neil Andrew Megson ya estaba ávi­do por entender algunas cosas que muchos adultos ni siquiera llegan a cuestionarse a lo largo de sus vidas. Motivado directamente por sus padres, Ronald y Muriel, inmersos en el teatro y la música, la curiosidad siem­pre fue una herramienta. Conoció el bebop y a Nat King Cole gracias a su padre, un músico de jazz que lo llevaba a conciertos de Duke Ellington, Count Basie y Buddy Ri­chard; mientras que su abuela, Edith Swin­dells —una médium según cuenta Gene­sis—, despertó su interés por el ocultismo, accediendo a libros poco comunes y enten­diendo que la lectura era una llave maestra.

Con relación a su género, no le preocu­paba en lo absoluto; su disconformidad era otra mucho más radical: “Cuando era niño nunca me sentí cómodo con ser humano”.

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Pero sigamos en su cabeza. Ya de adolescente, descubrió a los Rolling Sto­nes y quedó obsesionado, sobre todo con las cualidades artísticas de Brian Jones y su presencia andrógina. Corría el año 1965, tenía quince años. Llegó a caer en sus manos un libro que le voló la cabeza: The Hundred Headless Woman (1929), un compendio de collages surrealistas de varios artistas, incluido Max Ernst. Fue por esa época que adoptó el nombre de P. Orridge. Impopular con otros alum­nos y a menudo maltratado, encontra­ba consuelo en el departamento de arte, donde pasaba horas leyendo poesía. Dos años más tarde fundó su primer colecti­vo, Worm, y poco después publicó una revista clandestina, Conscience, que in­cluía artículos que criticaban la adminis­tración de la escuela y los privilegios de algunos funcionarios. Ya desde entonces su conciencia política era evidente. 3

Otras grandes influencias en su vida: Frank Zappa, Velvet Underground, The Fugs, The Doors, Andy Warhol, Salva­dor Dalí, John C. Lilly, Carl Jung, Austin Osman Spare, Aleister Crowley, Guy De­bord, Tristan Tzara y la dupla Brion Gy­sin —creador de la técnica del cut-up— 4 y William S. Burroughs, cuyos trabajos fue­ron decisivos en sus futuras creaciones.

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“El placer es un arma cultural.
Úsala sabiamente”.
Genesis P. Orridge
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Tras abandonar sus estudios univer­sitarios en 1969, Genesis creó el colectivo COUM Transmissions, rompiendo con todo lo establecido y generando expresio­nes artísticas totalmente híbridas y trans­gresoras. Su mano derecha fue la secretaria, actriz porno y bailarina Cosey Fanni Tutti. Compuesto por músicos, cineastas y artis­tas conceptuales, las actuaciones eran cada vez más salvajes y desconcertantes; una mezcla de corrientes vanguardistas (dadaís­mo, surrealismo, fluxus) con ocultismo, sa­domasoquismo, ruido, poesía, imágenes de campos de concentración y sexo explícito. No tardaron en aparecer en los tabloides presentándolos como una “amenaza”. Su último espectáculo tuvo lugar en 1976 y se llamó Prostitution, con el subtítulo Paradig­ma de las condiciones generales bajo el capi­talismo. Tal fue el escándalo que un político se refirió a ellos en uno de sus discursos como “destructores de la civilización”; lo cual para Genesis fue un elogio.

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“Y cuando tengas dudas, sé extremo”.
Genesis P. Orridge
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Cuatro componentes de COUM Trans­missions: Genesis P. Orridge, Cosey Fanni Tutti, Peter Christopherson y Chris Carter, fundaron Throbbing Gristle. Era 1977 y con ellos nació la música industrial. “Comencé a tener un diálogo conmigo mismo: ¿No pue­de haber algo sobre mi experiencia, como persona en Europa, que creció jugando de niño con piedras de aluminio después del Blitz? 5 ¿Quién está hablando de que eso me pasa? La destrucción de los ferrocarriles y las fábricas cerradas en Manchester por­que el algodón estaba demasiado caro. Ese era un pensamiento muy consciente: ¿Qué se podía hacer? ¿Hay alguna forma de ha­cer música que incluyera lo que estamos viviendo: automóviles tocando la bocina, trenes pasando, autobuses pulverizando engranajes, personas gritando en las calles? Habíamos estado leyendo Silencio de John Cage, y esa fue realmente la última clave. Las sillas chirriando ahora podían ser música. ¿Qué queremos incluir? Decidimos que no tendríamos batería porque eso nos anclaría para siempre en la historia del rock. Enton­ces, ¿por qué necesitamos saber tocar? ¿Qué es un instrumento? Algo que hace ruido, amplificado o no. ¿Qué hay alrededor? ¿Qué podemos usar que tenga el espíritu de un ready-made de Duchamp?”.

*

Throbbing Gristle siguió haciendo performances transgresoras, pero esta vez su fuerte era la música, hecha con cajas de ritmos, samples, gritos estruendosos, una guitarra eléctrica cortada y todo lo que se les ocurriera incluir (Discipline, el álbum en vivo de 1981, en San Francisco, es uno de los momentos más épicos de la banda). Industrial music for industrial people, rezaba el eslogan del sello discográfico creado por Genesis P. Orridge: Industrial Records, para grabar álbumes tan memorables como The Second Annual Report (1977); 20 Jazz Funk Greats (1979) o The Third Mind Movements (1982). Tras la disolución del grupo en 1981, Genesis fundó otra banda de culto: Psychic TV, la que pasó por diferentes etapas y con diferentes formaciones (incluyendo colabo­raciones con su hija Caresse), explorando la electrónica, el punk, la psicodelia, el dance y la magia (Thee Temple Ov Psychic Youth). Finalmente, su trabajo en solitario, aunque menos conocido, es muy digno de destacar. A Hollow Cost (1994), por ejemplo, recoge algunos poemas escritos a partir de 1970; una joya escondida de la palabra hablada y el sonido ambiental.

*

Escribo esto mientras el mundo se cae a pedazos; adentro o afuera, todos estamos confinados. Pienso en la imagen del rayo y vuelvo al libro de Steiner, y me parece que describe a Genesis en uno de sus pá­rrafos: “El relámpago”, dice, “desata la ma­teria primordial —el barro del alfarero— y la transforma en vida. El relámpago excita los elementos inertes o durmientes y les da vitalidad orgánica. Ahí está Frankenstein, pero también los modelos de creación o las narrativas de la bioquímica moderna. Tormentas eléctricas de exorbitante voltaje y duración pudieron haber provocado el inicio de las interacciones y combinaciones moleculares”.

¿No es esa la continuidad de la música?

*
“Tienes el derecho absoluto de traducir poesía en cualquier forma con cualquier sonido.
Todo está ahí para que lo tomes”.
*

Escucho The shadows of the sun de Throbbing Gristle, la banda sonora de una película de Derek Jarman. Es como escribir dentro de un sueño. Sonidos sónicos, fre­cuencias abstractas. Un respiro en medio de esta distopía. Estoy exhausta y dudo de todo, y por un momento me pregunto si vale la pena seguir pegada a esta silla es­cribiendo por horas, mientras el mundo se derrumba. Entonces recuerdo esta frase de Genesis, casi profética: “Incluso si el mun­do exterior se está destruyendo a sí mismo —fragmentado, paranoico y temeroso—, el trabajo del artista es abrazar y sostener a la gente, y decirle:

‘Está bien; mantente a salvo aquí’”.

La música sigue sonando.

Vuelvo a creer en todo con la misma in­tensidad.

Neil Andrew Megson nació en 1950 en Reino Unido. Cuando cumplió 21 años se cambió el nombre a Génesis P. Orridge.

Throbbing Gristle fue un proyecto de experimentación audiovi­sual de Genesis P. Orridge.

Como artista creó espectáculos con automutilaciones, sadomasoquismo extremo, sexo explícito, violencia y monólogos, todo ligado a la música que hacía.

Psychic TV. Una agrupación con gusto hacia lo prohi­bido, misticismo, rebeldía y con una visión de trans­cender. Los integrantes originales fueron cambiando poco a poco, siendo Genesis el único en permanecer en el grupo.

La insólita historia de Lady Jaye y Genesis fue llevada a la pantalla chica en el documental The Ballad of Genesis and Lady Jaye. El audiovisual es un íntimo retrato acerca de su vida y la de su pareja, la artista Jaqueline Breyer (Lady Jaye).

Lady Jaye y Genesis se sometieron a una trans­formación física por medio de cirugías plásticas para llegar a ser idénticos, creando un nuevo género sexual que definieron como pandroginia. A Lady Jaye le diag­nosticaron cáncer estomacal. No pudo luchar contra la enfermedad y murió en brazos de su otra mitad el 9 de octubre de 2007. Genesis sigió transformándose hasta el final de sus días.

Citas:

1 Escribo la palabra rayo tras haber borrado al menos veinte veces una serie de imágenes que al final no le hacían justicia; si lo cuento es para dar noción de que hablar de su vida resulta tan fascinante y complejo como querer explicar un puzle hecho de carne y hueso.

2 El documental The Ballad of Genesis and Lady Jaye (Marie Losier, 2011) da cuenta de esa historia, retratando de forma íntima y soberbia la pandroginia; construido apenas con las intervenciones de ambas, son ellas quienes explican ese manifiesto escrito con su cuerpo.

3 Textos recortados al azar y reordenados para crear un nuevo texto.

4 En muchas entrevistas declaró: “Estoy en guerra con el status quo y estoy en guerra con los que tienen el control y el poder. Estoy en guerra con la hipocresía y las men­tiras, estoy en guerra con los medios de comunicación masiva”: convicciones que lo acompañaron toda su vida.

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