Yo quiero una presidente
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Yo quiero una presidente

Por Salvador Izquierdo.
Ilustración: Diego Corrales.
Edición 464-Enero 2021.

Yo quiero una machorra como presidente. Quiero una persona con VIH/sida como presidente y quiero un meco como vicepresidente.

Quiero que se lance alguien que no tenga seguro médico privado, alguien que haya crecido en un lugar sucio. Alguien enfermo de bacterias y material fecal porque vivió por años en una comunidad rural donde el agua estaba contaminada. Alguien medio sorda porque creció al lado de uno de estos almacenes que dan crédito y ponen música todo el día y a todo volumen para atraer a l@s clientes. Alguien que no pudo evitar enfermarse de leucemia. 

Quiero una presidente que haya tenido un aborto a los dieciséis años y quiero un candidato que no sea el mal menor (¿por qué siempre estamos condenad@s a elegir pensando en cuál es el menos malo?). Quiero una presidente que haya perdido a su último amante por complicaciones derivadas de la covid-19, que todavía contempla ese hecho en su mente cada vez que se echa a descansar, alguien que no pudo sostener a su amante entre sus brazos mientras se moría, por miedo al contagio.

Quiero una presidente que no tenga aire acondicionado.

Quiero una presidente que haya hecho cola en alguna de las clínicas del IESS, cola en la oficina de la Agencia Nacional de Tránsito, cola en el Registro Civil, alguien que haya tenido que ir a última hora a una inmunda oficina de notario para hacer sellar un papel estúpido y encima pagó un precio sobrevalorado por eso. Alguien que haya estado desempleada, que haya sido despedida, que haya sido acosada sexualmente y atacada por ser gay, chola, longa o sudaca, alguien que haya sido deportada.

Quiero alguien que haya pasado al menos una noche en cana o le hayan forzado a internarse en una clínica de deshomosexualización, alguien que haya sobrevivido una violación.

Quiero alguien que haya estado enamorada y a quien le hayan lastimado, alguien que tenga respeto por el sexo, que haya cometido errores y aprendido de ellos. Alguien que no se resienta por todo, que no guarde rencores irracionales, alguien que sepa mirarle a los ojos, incluso a una persona que se vea diferente, que piense diferente, que crea en dioses diferentes que ella. Alguien que sostenga la puerta para que pueda entrar la persona que viene caminando atrás suyo, alguien que ceda el paso y que no pite cuando ve que otr@s lo hacen. 

Quiero una mujer negra de presidente, o una mujer tagaeri o taromenane como presidente. Quiero alguien con mala dentadura y una actitud de mierda, alguien que haya probado la horrible comida que sirven en los hospitales, alguien que se trasvista y que se haya metido en drogas y que haya hecho terapia.

Quiero alguien que haya cometido actos de desobediencia civil como presidente.

Y, sobre todo, quiero saber por qué esto no es posible. Quiero saber cuándo y dónde empezamos a creer que un presidente siempre tiene que ser un payaso, siempre un putero y nunca una puta. Siempre un jefe y nunca una trabajadora, siempre un mentiroso, siempre un ladrón al que nunca se atrapa.

Lo anterior, tachaduras y todo, es una traducción libre (bastante libre) y adaptada del poema “I want a President” de la fotógrafa estadounidense Zoe Leonard. Este texto fue publicado en inglés en 1992, a partir de la candidatura de Eileen Myles a la presidencia de Estados Unidos de América. Myles se lanzó como parte de una perfomance artística contra George Bush, padre, Bill Clinton, y los otros candidatos oficiales.

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