Fotografía: Juan Reyes y archivo Yacu Sacha.
Edición 437 – octubre 2018.
“Se fueron un gran número de ilusos y oportunistas tras el encantador de serpientes”, dice uno de los grandes perseguidos del correísmo, Yacu Sacha, quien antes se llamaba Carlos Pérez Guartambel y ahora se llama Agua de la Selva porque su vida está ligada al agua desde la dura infancia en una hacienda azuaya. Al agua y a la música, pues se pagó los estudios de Jurisprudencia tocando el saxofón en las fiestas de las comunidades. El mismo saxofón que perdió cuando fue atacado brutalmente por la policía en la famosa marcha de agosto de 2015, cuando él y su compañera, Manuela Picq, se convirtieron en figuras internacionales. Tres años después, cuando ha pasado mucha agua bajo el puente y es Correa quien tiene orden de captura, Yacu, un tipo alegre y pintón, tildado de etnocentrista por algunos, y de líder indomable por otros, cuenta su vida mientras almorzamos en un restaurante quiteño. Una vida que tiene todos los ingredientes de una buena película andina.
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