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EDICIÓN 500

Música

Así han sonado las últimas 4 décadas.

Título: Grupo de hombres y músicos a orillas del río Yanuncay. Fotógrafo: Serrano, Manuel Jesús. Fecha: 1923. Técnica/soporte: Negativo-placa de vidrio/Vidrio Dimensiones: 10,12 x 15,21 cm. Colección o titularidad: Instituto Nacional.

¿Y ahora, quién pone la playlist?

por Carla V. Cisneros

La música ha sido compañía, reclamo, refugio, diversión y baile. Ha despertado la alegría en tiempos desesperanzadores y ha matizado la tristeza y los duelos. Ha incomodado gobiernos y ha sido un megáfono para la crítica social. Desde los ochenta, la forma de escucharla y vivirla se ha transformado.

13 de julio de 1985. En la tarima del estadio Wembley, en Londres, un hombre de bigote negro, vestido con jeans y top blanco, está en medio del concierto considerado uno de los más importantes de aquella década. Él grita “ehhh ohhh”, y el público no solo le responde, sino que ruge un “ehhh ohhh” de vuelta. Después de calentar sus gargantas, más de ochenta mil personas vibran con intensidad coreando “Hammer To Fall”. Ese hombre es Freddie Mercury, vocalista de Queen, y esa canción, escrita por el guitarrista Brian May, fue un ejemplo del cambio de época que se vivía, a escala global, en el consumo de música. 

Mercury marcó una década. Murió en 1991 con sida, la enfermedad que en el ámbito social y político también definió los años ochenta. La epidemia que generó fue asociada estrechamente con la comunidad LGBTIQ+. Cuando llegaron las protestas por la exclusión que vivieron, estas siempre estuvieron acompañadas por música y artistas como Diana Ross y Sylvester. En la actualidad, cantantes como Beyoncé han rendido tributo a esta cultura con discos como Renaissance, en el que se escuchan claras referencias al voguing

Si bien Nueva York fue una de las ciudades más afectadas por este virus, el miedo, más que el sida, se propagó por todo el mundo. En 1986, Luis Alberto Spinetta, ícono del rock argentino, pidió a los asistentes de uno de sus conciertos en Buenos Aires que amen con precaución, que se cuiden, que usen preservativos, que tengan conciencia, no miedo. A Argentina también le atravesaba la vuelta a la democracia después de siete años de dictadura, represión y censura a los conciertos de rock

El panorama que se vivía en el Ecuador también estuvo, como en Argentina y otros países de Latinoamérica, atravesado por la represión política. Esta realidad se matizó con el despertar por los derechos civiles acompañados por la música.

Cruks en Karnak(2004)
Cruks en Karnak (2004).© CORTESÍA ROBERTO POMBAR.

Álex Alvear, parte de Promesas Temporales, recuerda que en aquella década nunca tocó en un teatro vacío. “La promoción de la música se movía gracias al periodismo cultural. No había redes sociales, pero la gente sí iba a los conciertos”. Este músico fue una de las tantas víctimas de secuestro que hubo en el país en esos tiempos. Alvear compara su historia con otros casos de desapariciones en los ochenta, y dice: “Lo mío fue un chiste a comparación de lo que vivieron otras personas”, como los hermanos Restrepo. 

Los ochenta nunca se fueron del todo y su legado está presente en la música hasta la actualidad. En 2020 Dua Lipa fue de las favoritas del público. En la pandemia se consagró en el puesto número uno de los charts musicales con Future Nostalgia, un álbum inspirado por la música ochentera arreglada con toques de modernidad. Dentro del panorama local, Neoma, una artista ecuatoriana de veintidós años, radicada en Estados Unidos, presentó el sencillo Tears At Bae, en el que confesó que su mayor inspiración fue la música de los ochenta, “mi época favorita, gracias a mi mamá”. 

Pop y futurismo retro 

A pesar de que el cedé se popularizó mundialmente a mediados de los ochenta, en los noventa las tiendas ecuatorianas de discos aún vendían casetes. Resultaban más económicos y más difíciles de piratear. Además, el dispositivo de moda al inicio de la década era aún el walkman. La música se compartía a través de mixtapes, grabados con paciencia en caseteras. Muchas veces un fan llamaba a una estación de radio a pedir una canción, una vez que la pasaban, se grababa, incluyendo el saludo del locutor. 

Queen,1980
Queen, 1980. ® ALAMY PHOTO STOCK.

Los músicos locales se inspiraban, principalmente, en grupos de afuera, pero ya empezaban a componer y vender sus propias producciones. “Antes, la mayoría de bandas tocaban covers en inglés o versiones en español de canciones que ya existían”, comenta Felipe Terán, parte de Contravía y Los Hermanos Diablo. 

Fabiola Pazmiño, productora del teatro Sucre, cuenta que en esos años había conciertos, público y lugares donde tocar. “También se vivía —cuenta— la era Ratas, ratones, rateros. La película ecuatoriana dirigida por Sebastián Cordero fue la responsable de darle un soundtrack al fin de esta década y resumir lo que se escuchaba en el país. En este disco se juntaron bandas como Los Perros Callejeros, Cruks en Karnak, El Retorno de Exxon Valdez, Sobrepeso y Tanque. 

Desde mediados de los ochenta y durante los noventa, el Ecuador vivió un estallido del rock local. Sal y Mileto, por ejemplo, trajo a la escena una propuesta que combinaba blues, rock y la poesía urbana de Peky Andino, amigo y cocreador de la banda. “Soledad” se convirtió en una de las canciones más conmovedoras del cancionero local. “Y yo que no soy nada más que vida enlatada”, cantaba suavemente Paúl Segovia, el primer vocalista de la mítica agrupación que falleció en 2003.

El movimiento roquero tuvo como escenarios principales Quito, Guayaquil y, obviamente, Portoviejo, que fue bautizada por el público como la capital del rock. La escena punk también ganó importancia en las épocas previas al boom de las redes sociales. 

Mientras en el país se bailaba cumbia, tecnocumbia, rock y punk, el mundo se dejaba enamorar por las baladas. Whitney Houston lideraba los charts musicales con “I Will Always Love You”acompañada de “Unbreak My Heart” de Toni Braxton y “Nothing Compares 2 U” de Sinéad O’Connor. En Iberoamérica nombres como los de Alejandro Sanz, Shakira, Mecano, Maná y Laura Pausini conquistaron oídos con sus canciones de amor.

Al final de los noventa, el pop estaba en pleno auge. Era imposible no contagiarse de la fiebre de Britney Spears, que tenía apenas diecinueve años y ya dominaba el mundo con su álbum debut Baby One More Time. Las boy bands como Backstreet Boys y N’Sync enloquecían a sus fans y pintaban un imaginario de lo que esperaba al entrar el año 2000, con discos como Millennium (1999). A su vez, Ricky Martin se convertía en símbolo sexual al ritmo de “Livin la vida loca”.

Los Hermanos Diablo Juan Carlos, Ana Julia, Ricardo, Felipe y Francisco Terán (1980).
Los Hermanos Diablo Juan Carlos, Ana Julia, Ricardo, Felipe y Francisco Terán (1980).® CORTESÍA MARTÍN TERÁN.

En el Ecuador, la inestabilidad política y las injusticias sociales se criticaban en canciones como “Qué país este” de Tercer Mundo. “Te roban al darte la vuelta de honor. Te sacan la madre con la corrupción”, cantaba una de las bandas de pop rock más sonadas en las emisoras de radio noventeras. Junto a ellos, destacaba Gerardo Mejía, Tranzas, AU-D y Juan Fernando Velasco. 

Nuevo milenio, nuevas tendencias

En los primeros años del nuevo siglo, el boom del cedé seguía, aunque amenazado por la piratería que permitía comprar música a bajo costo. La biblioteca musical de las personas estaba llena de discos compactos. Algunos llevaban un estuche lleno para paseos familiares o vacaciones. Los discman permitían reproducir música en cualquier lugar, pero llevarlos en el transporte público representaba una hazaña porque, al pasar por un bache o, si se movían repentinamente, la música dejaba de reproducirse. 

En 2001 el iPod llegó para revolucionar la forma en la que se escuchaba música. Mientras un cedé contenía un promedio de entre diez y cincuenta canciones, el iPod permitía guardar y reproducir más de mil. Incluso se convirtió en una suerte de accesorio de moda: la gente buscaba ser vista con los audífonos de color blanco que caracterizaba su uso. Pero, como pasó con el vinilo cuando llegó el casete, con el casete cuando llegó el cedé, y con el cedé cuando llegó el iPod, la forma de consumir canciones cambió con la llegada de plataformas de streaming como Spotify en 2006.

Con el boom de las plataformas de streaming también creció, nuevamente, el interés por los videos musicales que se consumían de maneras virales en YouTube. Los creadores de contenido regalaban videos icónicos mientras se popularizaban canciones como el “Gangnam Style” (2012) del kpoper Psy y “Despacito” (2017) de Luis Fonsi con Daddy Yankee, este último con más de ocho billones de visitas. 

En 2003, en el Ecuador, se transmitía por televisión nacional un reality show llamado Pop Star. Este programa revolucionó la escena pop local. Dentro de la primera temporada, sus integrantes conquistaron a los televidentes. Juntas formaron Kiruba un grupo que, después de viralizarse en televisión, llenó coliseos, vendió miles de copias de su disco homónimo y se convirtió en un referente de la década con canciones como “Quisiera” y “Camina”. 

A la par nacían proyectos como Can Can y Biorn Borg. Bandas que sonaban muy diferente a Kiruba, pero que tenían algo importante y relevante en común: vocalistas mujeres. Denisse Santos lleva en la escena local desde 2002. Ella es vocalista de Can Can y recuerda que en esos años no existía una brecha tan marcada entre géneros musicales. “Compartíamos escenario con diferentes bandas como Guardarraya, Mamá Vudú, Kit Cósmico, Muscaria, Rocola Bacalao, Descomunal, Los Nietos, Niñosaurios, entre otras. Era un movimiento bastante unido”. 

En 2007 Biorn Borg sacudió la escena quiteña con su álbum Todo se destroza. Si bien la alineación inicial estuvo conformada por Pablo Maya, Toño Cepeda y Jorge Izquierdo como letrista, la llegada de Sofía Abedrabbo a la banda fortaleció la idea de que en el rock siempre habrá espacio para las mujeres. 

El Ecuador: en la mira del mundo

2015 fue uno de los años más importantes para la exportación de música local y creación de festivales en el Ecuador. Se generó un intercambio musical e internacionalización importante de artistas como Nicola Cruz, quien en ese entonces promocionaba su álbum Prender el alma, que mezclaba sonidos tradicionales ecuatorianos y cantos indígenas con música electrónica. Fue una suerte de embajador de la escena independiente local de ese tiempo, y permitió formar lazos con disqueras, productores y bookers internacionales. 

En este contexto aparecieron sellos como AYA Records, atraídos por los sonidos de proyectos como los de Nicola Cruz y EVHA (El Viejo Hombre de los Andes). Uno de los trabajos musicales más recientes publicados por este sello es Sara mama (2023) del colectivo Humazapas, un grupo artístico que se dedica a investigar bailes y ritmos ancestrales del pueblo kichwa asentado en Cotacachi. 

En 2017 La Máquina Camaleón fue la primera banda ecuatoriana en tocar en el Festival Lollapalooza de Argentina, compartiendo cartel con artistas como Metallica y The Strokes. En 2023 este grupo presentó su cuarto álbum de estudio titulado Blanca. Actualmente es uno de los más escuchados en plataformas de streaming, gracias a hits como “Motora”, parte de su segundo disco.

En 2020, con la llegada de la pandemia, la cuarentena y los largos períodos de encierro, las decenas de conciertos virtuales que se ofrecieron demostraron que la música es parte primordial de nuestra existencia. Dentro de la escena local una banda fue la encargada de crear el soundtrack de esos tiempos de encierro e ineptitud del sistema: Lolabúm. 

El proyecto liderado por Pedro Bonfim publicó dos discos que se sintieron como una catarsis colectiva: Verte antes de fin de año y O clarividencia, nombrados por portales del Ecuador, Colombia, Argentina y México como los mejores álbumes de 2020. “Nunca contestaron. Nunca contestaron”, repite Bonfim en su canción “171”, que hacía referencia al número que creó el Estado para, supuestamente, atender vía telefónica a personas infectadas por covid.

Durante la pandemia, otro de los discos más relevantes fue Yo hago lo que me da la gana de Bad Bunny. Desde entonces, su carrera despegó hacia su pico más alto. Actualmente, la música latinoamericana vive uno de sus mejores momentos gracias a la popularidad internacional que ha ganado el género urbano con todas sus variantes como el reguetón o el trap. E, incluso, gracias al crecimiento de los corridos tumbados. Mientras que, en décadas pasadas, varios artistas mantenían la creencia de que debían cantar en inglés para lograr un crossover o relevancia en países como Estados Unidos.

El reguetón ha demostrado lo contrario con Bad Bunny, que en 2022 fue catalogado el artista número uno del mundo cantando en español. “Ahora todos quieren ser latinos”, asegura en su canción “El apagón”, parte del disco Un verano sin ti, que lo llevó a la cima de su carrera, siendo el artista más escuchado globalmente en ese año.

Inteligencia artificial (IA): ¿amenaza o futuro?

Josem es youtuber y experto en estrategias de marketing musical. En sus videos ha analizado la carrera de decenas de artistas y trabaja de cerca con referentes del pop rock latinoamericano. Para él, el futuro de la música está en las nuevas vivencias que se crearán con IA. “Las plataformas van a seguir puliendo la experiencia de sus usuarios para que pasen más tiempo consumiendo música. Hace poco, por ejemplo, Spotify anunció un DJ basado en IA que, básicamente, replica la experiencia de escuchar una emisora, pero de forma personalizada”, dice Josem. 

Añade, además, que la red social TikTok ya está firmando a artistas de su plataforma para su servicio de streaming que aún no llega a toda Latinoamérica. “Como ya se ha visto, los videoclips van a seguir teniendo menor relevancia a menos que formen parte de la estrategia del artista y la viralidad de la música seguirá atada a los contenidos de redes sociales”. 

Dua Lipa,2018.
Dua Lipa, 2018. ® ALAMY PHOTO STOCK.

Sin embargo, de cara a los fans, Josem cree que los artistas van a generar experiencias más inmersivas. Como el caso de dojacode.com, plataforma creada por la cantante Doja Cat, en colaboración con el colectivo Girls Who Code, que permitía crear un video musical a partir de la programación de códigos, proceso en el que los fans podían incluirse.

“Ya sea creando los universos de sus discos en realidad aumentada o realidad virtual, así como haciendo listening parties, donde los usuarios se puedan sentir más cerca el uno del otro. No me sorprendería que en algún momento se pudiera ingresar al mundo de Twenty One Pilots o a una era de Taylor Swift, por ejemplo”.

Esto podría traer retos en temas de derechos de autor, como asegura Ana Carolina Baquero, directora de Comunicación de la Sociedad de Autores y Compositores de Ecuador (Sayce). “La IA es el futuro inminente”, dice ella. “Hemos escuchado versiones generadas por IA que suenan superparecidas a las de los artistas originales. Se han hecho virales canciones con la voz de The Weeknd creadas por un software. Lo que corresponde un reto para los derechos de autor. Siempre será mejor escuchar las versiones de los artistas que sí reciben regalías por su trabajo”.

¿Qué representará esto para la música? ¿Serán más relevantes canciones hechas por computadoras y softwares que temas compuestos con guitarra y voz? Los expertos citados concuerdan en que los géneros han sido diversos, y en la industria siempre ha existido espacio para la nostalgia. Al final, este arte mueve a la gente a través de la sensibilidad. Si bien el futuro de la música es incierto, lo que sí es una certeza es que continuará transformándose de la mano con la tecnología. 

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Acerca de Carla V. Cisneros

Periodista musical de 33 años. Investiga y difunde la música latina en todas sus formas y colores, sobre todo el trabajo hecho por mujeres. Fundó su Escuela Para Bandas en plena pandemia. Si no está en un concierto, está hablando de música o en la naturaleza.
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