Veinte años de “la librería más linda del mundo”
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Veinte años de “la librería más linda del mundo”

Por Daniela Mejía Alarcón.

Fotografías: cortesía Grupo Ilhsa.

Edición 465 – febrero 2021.

El 4 de diciembre, El Ateneo Grand Splendid festejó su vigésimo aniversario. Aparte de haber sido nombrada “la más linda del mundo”, es la más grande de la región y recorrido imperdible para todo el que pasa por Buenos Aires.

El Grand Splendid fue antes cine y teatro. En su transformación a librería conservó la arquitectura original para ser inaugurada a finales de 2000.

Sus ojos buscaban, curiosos, tras haber cruzado la puerta. Al lugar las primeras veces fue con su madre. En ese lugar leyó novelas como La hora de la estrella de Clarice Lispector o Salón de belleza de Mario Bellatin. A ese lugar fue siempre a refugiarse porque como dice y aprendió de su madre: “Uno no está solo mientras tenga en la mano un buen libro” y también fue allí “a descansar la mente, a volar un rato, a soñar” en los años de facultad. Iba con frecuencia porque vivía cerca del edificio situado en el número 1860 de la avenida Santa Fe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí desde hace veinte años funciona El Ateneo Grand Splendid, la librería más surtida y grande de Sudamérica y, además, la más linda del mundo.

Para la periodista argentina Carolina Amoroso la visita que hizo el pasado 26 de noviembre no fue como las anteriores. Ese día la emoción que la estremeció fue distinta porque sus ojos buscaban ya no otros libros, sino el suyo, el primero que publica, y que figuraba en la mesa de novedades. Llorarás: historias del éxodo venezolano fue presentado a mediados de ese mes y en sus páginas recorre vidas de una diáspora que ha seguido por su profesión y por el vínculo que tiene con Venezuela por los cuatro años que vivió allí.

“De repente verme ahí entre todos esos títulos y en ese lugar con tanta mística me dio la sensación de haber llegado a un lugar especial, en mi alma, ¿no?”, cuenta Carolina sobre la experiencia que le tocó tener en el marco del vigésimo aniversario de El Ateneo Grand Splendid, donde para ella “el tiempo se detiene o cambia su velocidad y pasan cosas mágicas”.

La magia y el valor de la que también fue reconocida como la segunda mejor librería del mundo no solo radica en los doscientos mil libros que alberga y que para Carolina también representan el vínculo con su madre, profesora de literatura, y su compañera aquellas primeras veces en el lugar. La magia y el valor de esta inmensa casa de libros, apunta, tiene que ver con lo que propone su nombre: “Es una especie de gran teatro, un lugar que engalana la experiencia literaria y tiene esa manera especial y tan elegante de presentar los libros. Uno siente que entra a una gala”.

Para muchos sí, la magia subyace en el edificio por su belleza arquitectónica, pero a la vez porque saben que en este símbolo de la cultura porteña grabó Carlos Gardel —el más reconocido representante de tango—, se transmitió la primera película sonora en Buenos Aires (La divina dama, 1929) y funcionó una de las primeras emisoras del país, Radio Splendid.

Un derrotero (de más) de veinte años

La historia del edificio del Grand Splendid se remonta a 1903, cuando ahí donde hasta entonces funcionaba una fábrica de carruajes se construyó el Teatro Nacional Norte, que tuvo un corto período de actividad hasta ser demolido en 1917. En esos cimientos un inmigrante austriaco dio origen al más importante tramo de esta historia, ya que apostó por volver a construir, pero con la visión de convertir al espacio en un cine-teatro de vanguardia. La promesa sería cumplida en 1919 e incluiría 550 butacas, una platea para quinientas personas y una cúpula pintada con alegorías pacifistas en alusión al fin de la Primera Guerra Mundial.

Max Glücksmann fue el empresario que le dio vida al que inicialmente bautizó como Splendid Theater, y que desde su inauguración en mayo de 1919 se convirtió en el más lujoso de la zona (barrio Norte) para cuatro años más tarde ya estar posicionado como faro de la cultura porteña. No solo por la sala teatral. En uno de los pisos superiores del otrora Splendid Theater se desarrolló otro de los capítulos claves para la argentinidad: el del tango. En el mismo edificio funcionó el sello discográfico Nacional Odeón —también fundado por Glücksmann— que organizó conciertos y concursos que dieron a conocer voces ahora eternas como las de Gardel, Azucena Maizani, Ignacio Corsini, y a músicos como Roberto Firpo.

Por eso a Glücksmann se lo considera un pionero de la industria discográfica en Argentina y se le atribuye un rol fundamental en la difusión del género musical que forma parte de la identidad nacional y de Buenos Aires, capital mundial del tango. Además de haber grabado por primera vez a quienes devinieron los más destacados tangueros, él le enseñó a Gardel una técnica para que potencie su voz. Este es otro detalle que añade esplendor a la estructura edilicia que, con el pasar del tiempo y el nombre cambiado a Grand Splendid, se mantuvo como una de las más tradicionales salas de cine de la ciudad hasta que a finales de los noventa, por la llegada de los multicines a los centros comerciales, languideció y terminó por cerrar sus puertas.

El final de la década del noventa no solo vio aparecer a los grandes complejos de cine en Buenos Aires, sino también a las grandes cadenas de librerías que ofrecían “espacios modernos y de gran tamaño, con una oferta muy variada y generalista”, como dan cuenta informes posteriores del mercado editorial argentino y porteño.

El Sistema de Información Cultural de la Argentina registra 1598 librerías en todo el país, el 38 % de ellas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el 28 % en la provincia. El Grupo Ilhsa también tiene su mayor concentración de locales en estos dos puntos urbanos. Es la principal cadena comercial de librerías de Argentina y la que decidió comprar el Grand Splendid, que ante la baja de espectadores les vendió el local con la condición de preservar las características arquitectónicas de la sala de dos mil metros cuadrados.

Las butacas fueron reemplazadas por bibliotecas de libros y el escenario dejó entreabierto su telón de terciopelo para montar detrás una cafetería. Se dejaron las cuatro hileras de palcos, los mármoles, la marquesina de estilo griego, la cúpula obra del italiano Nazareno Orlandi y con otros trabajos de remodelación “la catedral de cine y teatro” concebida por Glücksmann se abrió al público transformada en librería el 4 de diciembre de 2000. Así, con la llegada del nuevo siglo, Buenos Aires vería desarrollarse un nuevo episodio de su apartado turístico y cultural.

Hasta marzo pasado, El Ateneo Grand Splendid recibía al día unas tres mil personas. En la página web del gobierno porteño figura como uno de los puntos imperdibles a conocer. En 2018, cuando Argentina fue sede de la cumbre del G20, el presidente de Francia, Emmanuel Macron —declarado admirador de Jorge Luis Borges—, protagonizó una de las visitas más recordadas por la prensa local en este vigésimo aniversario, ya que en el café de la librería charló una hora con escritores y periodistas de la obra del argentino que es figura clave de la literatura hispana y universal.

A la librería ya antes la habían visitado figuras importantes, sea para recorrerla, participar en alguna presentación, taller o charla, o firmar ejemplares para los lectores. La lista abarca autores y artistas como Isabel Allende, Claudia Piñeiro, Rosa Montero, Les Luthiers, Samanta Schweblin, Quino, Laura Restrepo, Mariana Enríquez, Siri Hustvedt, Charly García, Soda Stereo, J. M. Coetzee, Leonardo Padura, Andrés Neuman, Liniers, Wilbur Smith, Paul Auster, Ernesto Sabato, Eduardo Sacheri, Mario Vargas Llosa, entre tantos.

La cúpula de El Ateneo Grand Splendid es obra del pintor italiano Nazareno Orlandi. Se trata de un homenaje al fin de la Primera Guerra Mundial.

Por el nuevo coronavirus este refugio de libros y lectores debió cerrar sus puertas. Las volvió a abrir el pasado 3 de agosto y hoy, que es 12 de diciembre, María de la Luz Enteiche merodea por los pasillos que crean las bibliotecas y estanterías. Ha emprendido una búsqueda de títulos para su sobrina. Es chilena, publicista y cada vez que viene a Argentina visita la librería. “Vengo porque hay de todo”, asegura, abrazando cinco libros.

“Había visto que una de las cosas para visitar en Argentina era esta librería y averigüé que es como la segunda más linda del mundo. Me encantan los libros y en Chile hay poco stock, por ejemplo, de Virginia Woolf no hay casi nada. Aquí siempre va a haber más de lo que hay en cualquier librería chica, ¿cachai?”. La mención que hace María de la Luz es la del periódico británico The Guardian, que en 2008 ubicó a El Ateneo Grand Splendid en el segundo puesto de las mejores librerías internacionales. Hay una más reciente, la que en 2019 les hizo la legendaria revista estadounidense National Geographic, que la consideró “la más linda del mundo”.

Para María de la Luz también lo estético hace a este museo-librería un sitio especial. “Podés pasar medio día completo acá, cachai, es hermoso venir”, dice y repara en otra cosa: “Tiene un valor distinto comprar un libro y regalarlo sabiendo que viene de El Ateneo a la gente que valora la lectura. Mi papá lee mucho, nunca ha venido a Buenos Aires y la súper conoce. Hoy no sabe que estoy aquí, por eso, no me ha escrito, pero cuando sabía que venía me mandaba el listado de sus autores favoritos y yo le llevaba uno siempre”.

En las redes sociales, terreno que por la crisis sanitaria El Ateneo Grand Splendid usó para festejar estos primeros veinte años, muchos postearon fotos en el local y compartieron su vínculo con él. Un usuario escribía: “Vivo a seis cuadras de la librería, paso cinco veces por semana por su puerta para ir a trabajar y nunca dejé de girar la cabeza para mirar la obra de arte que es ese edificio. Entré más de cien veces y compré decenas de libros y es un paseo hermoso para contemplar la arquitectura que conserva de los tiempos del teatro. Realmente merece el título de la librería más bella”.

¿Cómo lograron posicionarla así? Entrevistar a los actuales libreros de El Ateneo Grand Splendid para conocer sus impresiones, las preferencias de los visitantes y el rol que como recomendadores de libros ocupan en la librería no es posible. No están autorizados a hablar con la prensa, pero sí lo hacen con quien se acerca y consulta precios, títulos o autores mientras recorre la sala por horas, como María de la Luz que le dedicó a la librería su último sábado en Argentina. Tampoco hubo un vocero disponible para hablar con Mundo Diners para este artículo ni responder preguntas por correo electrónico.

A propósito del cumpleaños número veinte de El Ateneo Grand Splendid, hace unas semanas Adolfo de Vincenzi, director del Grupo Ilhsa, en diálogo con Página/12 señaló: “Ser hoy la librería abierta que salió dos veces como la librería más hermosa del mundo, ya que en la encuesta de The Guardian la primera cerró, nos lleva a ser permanentemente muy estrictos y exigentes; es algo que sentimos muy nuestro y que nos obliga a defender. Se tarda mucho en construir una imagen como esa y muy poco para perderla”.

En otro medio, esa misma semana, De Vincenzi sostuvo: “Ya escapa a toda percepción personal lo que significa este local para el mundo de las librerías. La importancia que tiene a nivel mundial… sin dudas es un ícono en la Argentina no solo como librería sino como atracción turística”. Pero sí hay quienes dudan de eso. Una editora de Clarín se permitió disentir con el nombramiento que les hizo la famosa revista de ribetes amarillos en la columna “La librería El Ateneo Grand Splendid no es la más linda del mundo (ni siquiera de Buenos Aires)”.

Allí, Carmen Ercegovich consideró que “esta librería es la más bella del mundo para quien quiera fotografiar la cúpula o tomar un café en el lugar que alguna vez ocupó el escenario del teatro. Pero no lo es para aquellos lectores que aman bucear con calma hasta encontrar alguna joyita más allá de la góndola de novedades. Para ellos Buenos Aires tiene otras librerías más lindas. O, por lo menos, diferentes. En casonas o locales que tal vez no tengan tanto valor histórico pero están ambientados con calidez y creatividad (…). No siempre lo que brilla en las guías turísticas es oro. Y si lo es, no necesariamente es la única mina”, objetó. Como todo en la vida, es cuestión de gustos.

Charly García, estrella del rock argentino y latinoamericano, en El Ateneo Grand Splendid.

La escritora chilena Isabel Allende visitó y firmó libros en El Ateneo Grand Splendid en 2009.

Quino (+2020) y su libro Toda Mafalda ha sido el segundo más vendido en los veinte años de la librería.

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