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Veganismo: ¿moda o conciencia?

por Julia Gutiérrez

Edición 458

Alimentacion Veganismo 1
Fotografías: Shutterstock.

Por distintas motivaciones, el número de vegetarianos está creciendo en todo el mundo. En el Ecuador también es tendencia y cada vez son más personas las que defienden este tipo de alimentación.

¿Se puede vivir sin comer carne y man­tenerse saludable? Son muchas las perso­nas que se lo preguntan al verse tentadas a pasarse a una dieta vegetariana, ya sea por moda, conciencia u otras motivaciones.

El actor Joaquim Phoenix lanzó el primer discurso vegano en la historia de los Óscar al recibir su premio al mejor actor en febrero de 2020. Se viralizó. En las redes circulan videos de mataderos de todo el mundo en los que se muestra la crueldad a la que someten a cerdos, va­cas, terneros, pollos y demás animales de consumo o utilizados como alimento y para la industria textil, peletera y de la belleza.

En este punto, es la conciencia la que manda. No menos importante es la salud, pues también se habla de que cier­tos virus, altamente peligrosos para el ser humano, se pueden adquirir al consumir carne.

Así, el número de vegetarianos crece exponencialmente en todo el mundo y la cifra podría superar los seiscientos millo­nes de personas, según la Unión Vegeta­riana Internacional (IVU). Todavía se des­conocen los datos de muchos países, pero se pueden citar algunos ejemplos, como Reino Unido, donde el número de veganos aumentó 350 % entre 2008 y 2018, mientras que España encadena seis años seguidos de bajada de consumo de la carne, y, según el informe The Green Revolution de 2019, ela­borado por la consultora Lantern, el núme­ro de personas “veggies” ha crecido hasta casi el 10 % de la población.

Por su parte, en Estados Unidos, la fir­ma de información al consumidor Nume­rator reveló los resultados de un estudio según el cual 11 % de los encuestados ya no come animales y 80 % de los consumi­dores estadounidenses planea reemplazar toda o al menos una parte de la carne que habitualmente ingiere.

Al Ecuador esta tendencia ha llegado un poco más tarde, pero está tomando fuerza. Ante la creciente demanda, en los supermercados ha aumentado la presen­cia de alimentos procesados (hamburgue­sas, salchichas, quesos…) y leches de ori­gen vegetal. La empresa pionera en nues­tro país, Cordon Green, lanzó al mercado las cuatro primeras hamburguesas vege­tales en 2014 y en la actualidad ya cuen­ta con catorce productos diferentes.

Su fundador, Marco Molina, se hizo vegeta­riano hace ya veinte años, por cuestiones de salud, pues sufría migrañas y tuvo un preinfarto. Todo ello se resolvió gracias a un cambio en su alimentación que lo llevó a replantearse sus hábitos alimenticios. En aquel momento era propietario de un ne­gocio relacionado con la carne y lo vendió para comenzar de nuevo y darle un giro radical a su negocio.

También surgen nuevos restaurantes de acuerdo con esta filosofía de vida sana. “Mi alma es vegetariana desde que nací”, dice la propietaria de Kawa, Geovanna Simbaña. Recuerda que “me forzaban a comer carne desde pequeña, y como yo, con dos o tres años, no quería comerla, me la escondían en la comida”.

Y con las ideas muy claras, “a los diez años me sentí consciente de que no quería comer animales y a los diecisiete dejé de comer carne y en mi casa nunca he cocinado carne”. El principal motivo es la ética: “el hecho de no querer comer un ser vivo. No puedo ver una vaquita en el campo pastando y luego tenerla en el plato”.

“Nací en Italia y mi etapa como vegeta­riana coincidió con mi llegada al Ecuador hace treinta años. Era mochilera y había viajado también por Bolivia, Chile y Perú. En esa época, en América Latina no se en­tendía lo que era ser vegetariano, salvo por las actividades que llevaban a cabo algunos centros budistas, por ejemplo. Entonces, yo comía aguacate, queso, patacones, duraz­no…”, explica Simbaña.

Cuestión de fe

Govinda’s es un templo hare krishna con más de veinte años de recorrido. Está ubicado en el Centro Histórico de Quito y funciona como restaurante de comida vegana, que también sirve preparada para vender al público (mitad extranjeros y mi­tad nacionales) que acude a las clases de yoga que imparten. Los hare krishna tienen en común con el budismo la no violencia. “Somos vegetarianos porque, si amamos a Dios como a nosotros mismos, también amamos a los animales”. Buscan alimentar­se naturalmente sin sufrimientos, dado que una persona “no se puede alimentar con sufrimiento ajeno, porque esa violencia se transmite”. Así explican en Govinda’s la fi­losofía de vida que siguen para alimentarse.

“Los animales también sienten, no es necesario ir al paraíso para querer a los ani­males. Ellos reaccionan del mismo modo que los tratan”, aseguran. Cuando se ini­cian, los hare krishna prometen no comer carne ni nada que provenga de un animal “para no intoxicarnos”, dicen, pues “nuestro cuerpo no está preparado para comer carne porque es cancerígena”. Maharast Mahayo­gui Sanyasi asegura que “la carne se destru­ye en el cuerpo y produce enfermedades como el cáncer o la artritis”, entre otras. En concreto, la carne puede tardar hasta tres días en eliminarse, lo que significa que se pudrirá en los intestinos antes de salir. Por eso, “hay que llevar una dieta alcalina” para mantenerse sanos.

La determinación para no comer carne es que “no queremos generar más karma”, refiriéndose con este concepto a una ener­gía trascendente que se genera a partir de los actos de las personas. Según sus creen­cias, es necesario volver a la fuente del crea­dor y estar con Dios, lo que solo se puede lograr si se mantienen puros. Su criterio es que cuando un hombre mata a un animal anula en sí mismo la más alta virtud espi­ritual, la compasión y la piedad hacia los seres vivientes, como él mismo.

Vitaminas

Otra cuestión que crea controversia es la salud. Si bien la alimentación sana y equilibrada se caracteriza por aportar todos los nutrientes que el organismo necesita, ¿cómo podemos obtener vitamina B12 sin la proteína de la carne?

La nutricionista María José Sánchez ofrece argumentos de peso para garantizar una salud plena cuando se sigue una dieta vegetariana. “Sí es posible sustituir la vitamina B12, pero eso depende de la biodisponibilidad de los nutrientes”. Lo explica de este modo: “la bio­disponibilidad de la vitamina B12 es la parte que se absorbe. En la carne puede alcanzar el 80 %, mientras que en los vegetales llega al 20 %”. Esta cuestión no es un obstáculo, pues “la clave para aumentar la biodisponibilidad está en la forma de combinar los alimentos, por ejemplo, al mezclar los vegetales de hojas verdes con la vitamina C, pues el ácido ascór­bico transportará el hierro y la vitamina B12 para que llegue mejor a las células”.

¿Qué ocurre con las mujeres embarazadas y los niños? Los pediatras suelen opinar que no es adecuada la dieta vegetariana en esos casos, pero “hay una nueva ola de médicos que repelen esas antiguas creencias”. Hasta los seis meses, el bebé solo consume leche mater­na y después se van introduciendo los demás alimentos de forma progresiva. Cuando llega ese momento, “enseñamos a los padres a com­binarlos de la forma adecuada para que no se produzcan carencias: los granos con la proteí­na vegetal (la lenteja con la avena)”.

Además, al público infantil le resulta sabrosa la comida vegetariana. “Los niños constituyen una parte importante de nues­tro mercado”, aseguran los responsables de Cordon Green. “Les gusta el sabor y una vez que lo han probado quieren repetir”. El pú­blico infantil no se cuestiona si lo que come es carne o no, simplemente elige la comida según sus preferencias. “Las madres de fa­milia se encuentran dentro de nuestro prin­cipal perfil de consumidores porque buscan comida sana para sus hijos”.

Deporte

María José Sánchez refiere el caso de un paciente que “creció sin carne, ahora tiene cuarenta años y se encuentra per­fectamente”. Con todo, dejar de comer carne de una forma drástica puede tener sus consecuencias, por eso es impres­cindible seguir un proceso de transición con el asesoramiento de un especialista en nutrición. Si es así, es posible ser ve­getariano, tener buena salud e incluso practicar cualquier actividad o deporte con alto rendimiento. “Es un mito creer que los deportistas deben alimentarse con proteína animal”, dice la especialista en nutrición. Además, existen muy buenos suplementos, como las algas, que ayudan a construir músculo. Cristiano Ronaldo, por ejemplo, las consume.

Andrés Santamaría practica caliste­nia, un deporte que “implica un trabajo de fuerza con el propio peso corporal (como en el gimnasio, pero sin implementos) y entrenamiento funcional”. Además, des­de 2017 baila salsa a nivel competitivo, lo que también exige un gran esfuerzo físico. Desde hace cinco años es vegano. “Nunca fui una persona atlética antes del vegeta­rianismo, pero cuando tomé la decisión de cambiar mi alimentación, comencé a practicar deporte y noté muchos cambios positivos. Aumentó mi masa muscular, cesaron las migrañas y la recuperación aeróbica mejoró”.

“Siempre he sido ajeno a los eventos que involucran la participación de ani­males como, por ejemplo, las corridas de toros. Me pareció irónico estar en contra de este tipo de actos y en casa o fuera, co­mer carne, que es de un animal que pudo haber sufrido”, dice Andrés Santamaría, quien revela que la práctica de la medita­ción le ayudó en aquel momento de bús­queda.

El control de peso es otro mito. “No es cierto que adelgaces por dejar de co­mer carne”, confirma la nutricionista. “Hay casos de mujeres que cortan en seco con la carne y prácticamente se ma­tan de hambre”. Esto ocurre cuando no se han asesorado con un especialista, y entonces, “en tres meses pueden darse cuenta de que tienen un desarreglo hor­monal, como es la amenorrea (ausencia de menstruación). A su consulta acuden más mujeres que hombres, en una pro­porción de dos a uno. En general, las mu­jeres “se preocupan de su alimentación más por cuestiones estéticas”.

Varios tipos

La nutricionista María José Sánchez se considera flexitariana, es decir, su dieta está basada en una alimentación saludable, con 50 % animal y otro 50 % vegetal: “conocer los alimentos y lo que te hace bien” es fun­damental. La palabra vegetariano es una de­finición genérica, pero hay muchas variantes. Los estrictos o veganos no comen ningún producto derivado de los animales, como el huevo o los lácteos; tampoco usan productos como la lana, el cuero o la seda, que igual­mente proceden de animales. Los lactovege­tarianos no consumen carne ni huevos, pero sí lácteos. En cambio, los ovolactovegetaria­nos sí consumen huevos y leche, mientras los ovovegetarianos sí aceptan los huevos.

Hasta ahí, están los más conocidos, pero hay muchas más tipologías. Los crudívoros, por ejemplo, siguen una alimentación vege­tariana basada en productos crudos. Los vegetalianos comen vegetales. La macrobió­tica es una dieta que emplea granos, vegeta­les, semillas y frutas. Y hay más: lactocerelia­nos, frutarianos, eubióticos, granivorianos, pescetarianos… Como sea, más allá de co­rrientes filosóficas, conciencias o modas, lo principal es sentirse bien. ¿Carnívoros o ve­getarianos? He ahí la cuestión.

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VEGETARIANISMO: régimen alimenti­cio basado en el consumo de productos ve­getales, pero admite el uso de productos del animal vivo. No toman carne animal aunque sí se abastecen de alimentos de origen ani­mal siempre que la fabricación no implique su fallecimiento.

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MACROBIÓTICO: fundamentada en la filosofía china conocida como yin-yang y el consumo prioritario de cereales integrales, legumbres y verduras cocidas. Busca el equi­librio emocional y espiritual, lo que ayuda a relajarnos y a estar en paz con nosotros mismos.

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VEGANISMO: actitud consistente en rechazar alimentos o artículos de consu­mo de origen animal. Un vegano no come ni carne ni pescado. Asimismo, tampoco ingiere ningún alimento que derive de un animal como es el caso de los lácteos, la gelatina o la miel.

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