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¿Tomaría café en un vaso hecho con tierra?

En sus orígenes el vaso de un solo uso evitó la propagación de enfermedades, pero ahora se reinventa con la arcilla y la impresión 3D para frenar la acumulación de desechos y la contaminación ambiental.

Sanjeev Mankotia creador vaso desechable.
Sanjeev Mankotia. Fotografía: GaeaStar

A inicios del siglo XX lo más normal en Estados Unidos era beber agua de un vaso común en escuelas, juzgados o estaciones de trenes. Pero un invento puso fin a esta práctica, cuestionada por causar la transmisión de enfermedades.

En 1912 el inventor Lawrence W. Luellen, de Boston, Massachusetts, patentó el vaso de papel encerado (comercializado como Dixie Cup) y junto a su socio, Hugh Moore, hicieron populares dispensadores para la venta de agua en vasos individuales desechables.

Esos vasos, comenta la publicación Smithsonian Magazine, “marcaron el comienzo de una ola de artículos de un solo uso que han hecho historia como las máquinas de afeitar, los bolígrafos y las botellas de agua”.

Aunque la utilidad que concibió Luellen no ha cambiado, sí lo han hecho los componentes para fabricarlos en aras de la sostenibilidad, de la reducción de desechos y de un menor impacto en la contaminación ambiental.

Eso es lo que pretende GaeaStar al utilizar arcilla, agua y sal en recipientes para guardar alimentos y en vasos desechables para bebidas frías y calientes impresos en 3D. Un diseño elegante en color terracota es el atributo adicional de esos productos.

“Vienen de la tierra y regresan a la tierra”, ese es el concepto de cero generación de residuos que promueve GaeaStar, una empresa fundada en 2020, con sedes en Estados Unidos y Alemania.

Sanjeev Mankotia, fundador de GaeaStar, tuvo la idea de usar la arcilla en un viaje a su país natal, India, donde se suele beber el té en tazas artesanales de terracota (kulhar) que se desechan luego de ser usadas.

Según GaeaStar, que ha probado sus vasos en cafeterías y heladerías de Berlín, y en locales de Verve Coffee en California, la impresión en 3D implica 60 % menos de energía respecto a la que se necesita para crear un vaso de plástico o papel.

Otra ventaja es que, al desintegrarse naturalmente, sus productos no están a expensas de cierto tiempo para descomponerse como sucede con los recipientes biodegradables.

Metafóricamente hablando, basta con un pisotón para devolver a su origen uno de esos vasos después de su uso, como muestra un video de la plataforma de ciencia y tecnología CNET.

Lo que usamos

vaso desechable.
Fotografía: GaeaStar

“Nos hemos vuelto adictos a los productos de plástico de un solo uso, con graves consecuencias ambientales, sociales, económicas y para la salud”, afirma el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Más de 500 mil millones de vasos desechables se consumen a nivel mundial anualmente, de los cuales entre 250 y 300 mil millones son de papel revestidos de plástico, precisa ese organismo al alertar del significativo impacto que tienen en la contaminación y la pérdida de la biodiversidad marina.

Más que descartar recipientes u optar por otros materiales, el Pnuma sostiene que la solución es reutilizar porque “cuanto más se reutiliza cualquier producto, menor es el impacto ambiental que genera”.

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