NOTA DE LIBRE ACCESO

Haiga / Haya

“No se dice «haiga», se dice «haya»”, le decía una madre a su hijo mientras le limpiaba los restos de comida que le habían quedado en el mentón. Sin ser muy obvio, puse atención a la escena. Sí, así se dice, hay que corregirlo ahora mismo, para que el niño no repita el error. ¿Pero por qué es un error?, pensé. Estaba algo aburrido, naturalmente. Pues nada, si uno acude al diccionario panhispánico de dudas, se encuentra con esta pregunta: “¿Es correcto usar «haiga»?”. Y con la respuesta del propio diccionario: “Como forma verbal, lo adecuado es usar haya. Sí es válido, aunque apenas se usa hoy, el sustantivo coloquial haiga, propio de España, que hace alusión al automóvil muy grande y ostentoso, normalmente de origen norteamericano”.

Haya / Haiga
Fotografía: Shutterstock.

Aun así, la forma verbal y el sustantivo están atados de cierto modo. Tal parece que, en la misma España, en la época de la recuperación económica (en el tardofranquismo, digamos) mucha gente incrementó su patrimonio, sin que tal incremento se condijera con su educación de base. De ese modo, distintas personas, al comprar un auto “grande y ostentoso”, habrían pronunciado algo del estilo “deme el más grande que haiga”, lo que habría llevado a sustantivar la forma verbal. Así, “haiga” empezó a usarse para hablar de un vehículo de tales características. El diccionario de la RAE, que recoge el término, dice que se trata de un vocablo “usado más en sentido irónico” (por supuesto, la ironía tenía un contenido originalmente despreciativo, como comprenderá el lector).

Pero ¿y la forma verbal? ¿Por qué es un uso incorrecto? Una manera de responder a esto es sencilla, pero se trata de un argumento de autoridad: así lo recoge el diccionario, el uso correcto es “haya”. Por lo demás, la mayoría de nosotros sería incapaz de usar esa conjugación en las interacciones cotidianas. Si uno lo hiciese, estaría expuesto a ser juzgado como un usuario no competente del propio idioma, como alguien de costumbres pedestres y poca educación. ¿Pero por qué? Bueno, sí, el diccionario… Y, sin embargo, es lícito preguntárselo si uno piensa en otras conjugaciones que usamos y que aceptamos como correctas, aunque tengan la misma terminación; a saber: “traiga”, “caiga”, “oiga”.

En la primera y en la tercera persona, en el presente del subjuntivo del verbo traer hallamos exactamente esa forma: “traiga”. Y lo propio vale para el presente del subjuntivo de los verbos caer y oír: “caiga”, “oiga”. No decimos –y nos resultaría totalmente raro escucharlo– algo como “que yo (o él o ella) traya”, “caya” u “oya”, aunque hay otros casos en que la forma correcta es de ese mismo tipo, como en “vaya”, “atribuya” o “destruya”. Queda claro, en este punto, que el criterio de corrección que asignamos a las formas verbales, a las conjugaciones, no corresponde exclusivamente al criterio de satisfacción o cumplimiento de ciertas reglas estrictas.

Hay algo más. La gran categoría de los verbos irregulares (aquellos con conjugaciones distintas de la forma estandariza) es, por lo demás, variopinta; de modo que no valen siempre los mismos criterios para diferenciar un verbo regular de otro irregular, o la conjugación de uno irregular de otro con características particulares (verbigracia, roer).

Por lo demás, históricamente han sido aceptadas conjugaciones hoy en desuso (por ejemplo, “oya” en lugar de “oiga”, la forma que hoy consideramos correcta; sobra decir que “oya” tiene la terminación de “haya” y “oiga” la de “haiga”). “Haiga”, sin embargo, no ha entrado en completo desuso. De acuerdo con un trabajo de Mary Johnson y Sonia Barnes, “haiga” sigue siendo usado de modo más o menos extendido en algunos sectores. Se usa, aunque nosotros diríamos que se usa mal, que quien lo dice así ha errado. En efecto, uno podría decir que, según nuestras reglas actuales, esta es una falta.

Pero esto es algo inexacto. Como hemos visto, no es una regla estricta la que determinada que “haya”, “oiga”, etc., sean las formas aceptadas y no “haiga” u “oya”. Se trata, más bien, del uso que se considera correcto por razones que se asocian al “prestigio lingüístico” que tienen, o sea al uso que se hace del idioma, pero también de quienes son sus usuarios prevalentes y de qué grafías prefieren.

Así, como dice Marcos Demichelis en otro artículo al respecto, se trata de “un aspecto que desplaza la corrección (gramaticalidad y norma estándar) y pone en foco el prestigio. Naturalmente, ambos aspectos se retroalimentan, mientras más prestigioso es un término, mayores probabilidades tiene de que sea incorporado a la norma y, una vez recogido por la normativa, mayor carácter de prestigio se le otorga”.

Sobra decir que no hay nada inherente en “haya” o en “traiga” que los haga usos preferibles a “haiga” o “traya”; salvo, por supuesto, las frecuentemente azarosas vías que recorre una lengua a lo largo de los siglos. Que digamos “haya” y no “haiga” es, mirado así, completamente contingente. Claro, es improbable que después de leer esto estemos dispuestos a cambiar nuestro uso. Después de todo, no queremos parecer extraños al “uso correcto” de nuestra lengua materna; pero ese es, también, el punto: ¿por qué nos parece extraño o errado? Que consideremos a un uso culto y a otro vulgar nos refrenda lingüísticamente, porque no queremos parecer poco instruidos; aunque nada haya de esencial en dicho uso.

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