Uso del micelio como biomaterial
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Uso del micelio como biomaterial

Texto y fotografías Doménica Sosa

El micelio es la parte invisible que se encuentra en las raíces.

Se han considerado alternativas sustentables para la fabricación de insumos arquitectónicos, automovilísticos o textiles; sin embargo, se ha prestado poca atención al micelio del hongo. El micelio es el crecimiento vegetativo del hongo, es decir, se encuentra en los filamentos de las raíces y puede ser procesado para formar un material sólido, que se usará para una variedad de propósitos. Cabe mencionar que el hongo es un organismo vital para la formación de ecosistemas; provee nutrientes a los suelos en su descomposición, combate bacterias y también es alimento para algunos animales. Incluso, para el micólogo y autor americano Paul Stamets, los micelios “son los grandes recicladores del planeta y la especie de vanguardia en la restauración de hábitats”.

Asimismo, estos filamentos interconectados tienen el potencial de convertirse en una gran solución ambiental para reemplazar el plástico.

¡Aprovechar los principios del micelio puede ser una iniciativa que revolucione al mundo! Este poderoso organismo, además de ser clave en la naturaleza, ser comestible, tener finalidades medicinales y utilizarse para propósitos fertilizantes en la agricultura, es una alternativa orgánica para creaciones escultóricas y arquitectónicas. Esta tecnología es conocida como micotectura, que significa crear con hongos. Philip Ross, un artista y profesor norteamericano dedicado a la investigación y experimentación de la micotectura, ha trabajado en varios proyectos piloto de estructuras a base de ladrillos de micelio. Estos servirían como una materia prima para construcciones, siendo increíblemente fuertes y ecológicamente valiosos. Se espera que más adelante se pueda lograr componer un edifico entero, pues el micelio hace que los ladrillos sean “más fuertes, libra por libra, que el concreto”, según Ross. 

Busto Basantes, 2019. Una obra de Andrés Basantes, docente de Diseño de la PUCE, a base de micelio, primordio y otros componentes, está situada en la casa Mycomaker.

¿Quién más se enfoca en aprovechar las cualidades del micelio para crear soluciones sustentables?

Mycomaker es una organización ecuatoriana fundada por Nelson Dueñas a inicios de 2017 con el fin de investigar, comunicar y expandir a la comunidad técnicas de cultivo de hongos fáciles de reproducir. El equipo Mycomaker dio acceso al cultivo del hongo desde el hogar, expandió a través de programas de voluntariado la cosecha del hongo medicinal Ganoderma y enfocó su investigación en la micotectura con el primer taller de micotectura del Ecuador en 2018.

Vivir y valorar la transformación

Piezas varias. Prototipos de Reishi Alligator y de cilindros metálicos interactuando con el micelio. Vasijas que son parte del kit personal de cultivo y un libro enmarcado en micelio, están situadas en la casa Mycomaker.

Nelson Dueñas, quien guio nuestra visita al interior de su taller y lugar de exposición de Mycomaker, cuenta cómo se cultiva y se trata el micelio para su moldeamiento y cosecha.

Es necesario, como primer paso, crear una fórmula con componentes orgánicos que sirva de sustrato para el crecimiento del hongo. El afrecho, el deshecho de cerveza y otros elementos vegetales que generalmente se convierten en basura son nutrientes que transforman el micelio para la creación de biomateriales. Esta base se cocina para ser esterilizada y ahí se inyecta el hongo vivo para que crezca. Posteriormente, se conserva en un ambiente con “temperatura cálida de alrededor de veintisiete grados, donde el hongo debe colonizar todo el sustrato”, formando una contextura esponjosa, dice Nelson. Una vez que el hongo ha cubierto todo, lo pasan al laboratorio de moldeamiento para que adopte la forma deseada, con o sin fruto. “Hay como darle texturas de todo tipo; colores y varios acabados, algunos más complejos de dominar que otros. Por ejemplo, se puede cultivar tradicionalmente, es decir que no interesa el material sino el fruto”. Otros pasan por procesos que usan la energía y la propiedad material para convertirse en medicina, por sus propiedades antioxidantes.

Maceta R2. Macetas de micelio base redonda de la serie mediana R2, pensada para un espacio interior sin humedad; tiene alta durabilidad. Están situadas en la casa Mycomaker.

Mycomaker comenzó haciendo talleres informativos con el fin de comunicar y enseñar las investigaciones de los amantes del micelio. Poco a poco el emprendimiento fue creciendo, integrando a más colaboradores con la misma pasión. Siendo pioneros en el país, “nuestro plan es poder compartir esta tecnología para que puedan salir más micotectores”. Una de las ventajas de trabajar en esta localidad es que hay una alta diversidad de cepas y especies que pueden ayudar a innovar en materiales. Por otro lado, trabajaron en un kit que contiene un poco de micelio vivo y todos los instrumentos diseñados para que una persona pueda hacer su primera pieza de cultivo desde casa. De esta manera, la gente despierta su curiosidad por el insumo para crear más cosas. Aparte, trabajan conjuntamente con Yachana, un grupo de arquitectos enfocados en proponer ecoproyectos que valoran el micelio por ser un material que sirve como aislante térmico y aglutinante biodegradable. En el futuro, según avanza la tecnología, la intención es que el micelio llegue a ser un material estructural, como propone Ross.

En Latinoamérica, en general, hay muy poco conocimiento de este material, salvo México. De hecho, crearon prototipos de biotextiles a base del cuero del hongo, mediante una técnica que compone el sustrato en 100 % micelio y este fue traído para una exposición en el Ecuador. De igual forma, existen algunas startups que producen biomateriales y cueros del micelio; una de las más influyentes es MycoWorks en Estados Unidos. Ahí usan el hongo Ganoderma para crear un cuero que sintonice finamente altos estándares de rendimiento y durabilidad. Colaboraron con la marca de moda Hermés, con la que sacaron la primera cartera hecha de micelio fino llamada Victoria. En Indonesia también existe un laboratorio llamado Mycotech y experimentan con las fibras para crear cueros, muebles o esculturas.

Fruto del hongo Ganoderma o Reishi vivo, reconocido en Asia por sus propiedades medicinales. En Japón se lo conoce como “hongo de la inmortalidad”. Cultivado y fructificado en casa Mycomaker para medicina y biomaterial.

Otro aspecto interesante es que el micelio sustituye al plástico, pues ya se utiliza para procesos de empaque. La empresa líder en ese ámbito es Ecovative Design en Nueva York. Trabaja con esta biotecnología para crear macroestructuras como Atlast, andamio comestible hecho del micelio; Mycoflex, un empaque de espuma miceliar y MycoComposite, materiales compuestos duraderos, biodegradables y veganos.

En fin, Dueñas plantea que con el sinnúmero de aplicaciones y propiedades que contiene el hongo, “ayuda a que todo su desarrollo sea sostenible y circular, pues gasta menos agua, menos recursos, tiene mejor calidad y durabilidad”. Después de muchas campañas, pruebas, charlas, talleres y estadísticas, se dispararon los gráficos, presionando a nuevas normatividades que concluyeron que este material podía potenciarse.

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