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Un nuevo virus en la vida de Powerpaola

por Redacción Mundo Diners

Por Daniela Mejía

Edición 458 - Julio 2020.
Ilustraciones: cortesía de Paola Gaviria

La covid-19 lo ha trastocado todo. No quedan espacios inalterados, ni el de la creatividad. Tras el éxito de la adaptación animada de su cómic Virus tropical, la ilustradora e historietista quiteña Paola Gaviria habla de su nueva novela gráfica, que terminó en medio de la pandemia global, y reflexiona sobre ese lugar de “no deseo” artístico en el que se encuentra.

“Un escritor, un artista, debe poder interpretar la realidad, o intentarlo al menos. Como persona que trabaja con el lenguaje debería colaborar en la discusión pública. Pensando, escribiendo, interpretando. Pero cada día que pasa, pensar en esta pandemia se convierte en una neblina pesada: no veo, estoy perdida, apenas alcanzo a distinguir mis manos si las extiendo”.

Es un fragmento de La ansiedad, un texto que Mariana Enríquez escribió en abril, a propósito de los efectos que en ella ha tenido el coronavirus. Paola Gaviria lo leyó y no puede estar más de acuerdo con la escritora argentina.

Más conocida como Powerpaola, (@powerpaola) la historietista e ilustradora ecuatoriana (Quito, 1977) forma parte de la nómina de artistas que se encuentran imposibilitados de poder interpretar la realidad de la forma anterior, antes de la pandemia. “Estoy tratando de transitar con curiosidad ese no querer hacer nada”, asegura, a la vez que sostiene que está bien parar y entregarse a la incertidumbre. Todo parece ser ahora contradictorio.

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“Para mí lo que ha primado desde que empezó todo esto es el no deseo y trato de aceptarlo para no sufrirlo. Desde que comenzó el aislamiento llevo un diario donde se cuelan noticias, pero donde sobre todo resalto lo que leo, veo y escucho, que no tiene que ver con la pandemia, sino con el deseo de las mujeres en general”, apunta Powerpaola sobre estos nuevos tiempos que corren y que lo han paralizado casi todo, incluso las ganas y la inspiración, pero que asimismo han reinventado las formas de hacer y las perspectivas al mirar esto que sucede. “Llevo ese diario para no perder la práctica y también entender lo que estoy atravesando”, añade la autora.

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El deseo y el amor son los temas que la mueven por encima de todas las cosas, pero la ecología, el feminismo, el género, la identidad, el veganismo, la inmigración, la violencia y Latinoamérica también figuran en lo que plantea como su “autobiografía política y social”.

Paola nació en Ecuador, luego vivió en Colombia y actualmente reside en Argentina.

Nació contra todas las probabilidades. El médico le dijo a su madre que era imposible que esté embarazada: “Esto debe ser un virus tropical”, sentenció.

Un (supuesto) virus estuvo ligado al arranque de su vida, fue el comienzo de su primera novela autobiográfica, Virus tropical. Ahora nuevamente un virus, ya no supuesto sino real, se entrecruza en el inicio de otro capítulo de su historia. Lo hace dejando en pausa su más reciente proyecto de autoficción.

La nueva peste no solo contagió a Paola —o así se lo hizo pensar— durante los tres días en los que estuvo mal con todos los síntomas, sino que la agarró en el tramo semifinal de su última novela gráfica, la que tentativamente se llamará Todas las bicicletas que tuve y que durante casi cuatro años estuvo dibujando y escribiendo.

El pasado 17 de marzo usó su cuenta de Instagram para anunciar que la había terminado: “Ahora los detalles, el escaneo, Photoshop, retoques y —si no morimos todos— la edición”. Suena irónico, pero en estas distópicas dimensiones coyunturales todo lo que era posible ya no lo es y lo que no lo era podría serlo.

Paola dice que al estar impedida de salir de casa no se la ha mostrado ni a su agente, pero adelanta que en su inédito material narra todos los personajes que una persona es o puede ser, y cómo el amor y las relaciones con los otros lo atraviesan todo.

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Izq.: Uno de los dibujos que Powerpaola ha hecho, en el marco de La Casa Telepática, el proyecto de dibujo en simultáneo y a la distancia que convoca cada jueves con otros colegas artistas.
Der.: Una jornada de trabajo de La Casa Telepática.

Sobre el proceso de creación previo a esta crisis inédita que la tiene sin poder crear mucho: “Llevaba años tratando de terminar esta novela gráfica. No es fácil trabajar en algo que no te genera algún ingreso económico. Además, estaba con otros proyectos en paralelo, como la película (de Virus tropical) y algunos otros libros como ilustradora. Gané un accésit en la convocatoria del Premio de Novela Gráfica de la UCCI (Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas) y la editorial Sexto Piso y con eso había decidido hacer una residencia artística en París para terminarla. A último momento, como si lo supiera inconscientemente, decidí gastar menos dinero y hacer una autorresidencia entre Buenos Aires y Tigre donde pude darle un cierre”, relata Paola vía correo electrónico, como prefiere que se dé esta entrevista.

¿Qué necesidad había detrás de este proyecto personal? Powerpaola sostiene que, mientras finalizaba el libro, para ella muchas cosas estaban cambiando o quizá su manera de verlas. Lo profundiza diciendo que con esta novela quería transitar “esa incomodidad de estar en un lugar que es nuevo, por más que ya haya sido transitado antes”. “Es nuevo por los materiales que usé, por la manera de narrarlo, por lo que pasaba dentro y fuera, por la autoficción, por todo”.

Lo que en teoría no cambia es la apuesta al género. Su obra es siempre autobiográfica y ella alega que sigue eligiendo y apostando por ese territorio intimista porque no encuentra algo que la motive más que la vida misma: “Es inevitable que hable de ella a través de mí, de mis propias experiencias. Solo puedo entender el mundo transitándolo y viviéndolo. No sé cómo se hace de otra manera. Lo llamo autoficción porque hago collages con cosas mías, de otros y mi propia imaginación que se nutre de lo que leo, escucho, veo”.

A esta misma temática se alinean sus intereses literarios. Diario de Nueva York de Julie Doucet fue el libro que la hizo decidir contar su propia historia de vida mediante dibujos. Y actualmente, aunque cada vez lee menos historietas, siguen siendo las mujeres que exploran relatos autorreferenciales a las que más lee. “Me gustan las narradoras que no solo escudriñan en sus propias experiencias, sino que pareciera que viven su vida para luego escribirla”, apunta Paola, quien menciona a Gabriela Wiener, Hebe Uhart, Carolina Sanín, Lucia Berlin, Joan Didion, Rita Indiana y Tracey Emin entre sus más cercanas últimas lecturas.

Nos quedan los libros, entonces. Asimismo, las películas, las series, los discos que han circulado en forma de “kits de supervivencia de cuarentena”, que gratuitos han viralizado contenidos para paliar este nuevo mundo de ansiedad y miedo propio de una película de ciencia ficción. Una especie de nuevo mundo donde se han visto afectadas, además, las formas vinculares.

La Casa Telepática

El coronavirus tiene confinada en sus casas a un tercio de la población mundial, de ahí el auge de las videollamadas —y diversas nuevas aplicaciones para entablarlas—, el teletrabajo y los talleres online. Powerpaola cuenta que en este momento su manera de intercambiar y vincularse con otros es epistolar y que asiste a dos talleres virtuales. Y desde el lugar que ocupa como reconocida ilustradora también convoca a que, con ella, otros, en simultáneo, dibujen desde cualquier lugar del mundo cada jueves.

La Casa Telepática es un proyecto que iniciaron Powerpaola y los artistas Marcela Rapallo, Alfonso Piantini y Pablo Besse. Al principio solo participaban ellos, pero luego invitaron a más personas a sumarse a este ejercicio e iniciativa que, aunque preexistente, en este contexto se resignifica considerando que hay muchas personas atravesando la cuarentena en soledad.

Paola usa sus redes sociales para hacer el llamado semanal. El pasado 25 de marzo lo hizo así: “Te convocamos a dibujar, imaginarnos a todos nosotros juntos dibujando, como si no estuvieras solo, como si estuvieras contagiando al resto de otra cosa más amable”.

Es lo que buscan: hacer resistencia, detenerse a observar, cultivar la imaginación. “Es lindo imaginar a un otro que no conoces que se pone una alarma, para lo que está haciendo y se pone a dibujar con vos a la distancia. Puede ser muy romántico, te hace sentir menos solo”, piensa Powerpaola.

Pero llega un punto en el que inevitablemente ese saberse y recordarse atravesando el aislamiento en solitario resulta una experiencia personal fragmentada. Paola Gaviria, no obstante, dice sentirse bastante privilegiada. “Lo vivo como puedo. Tengo todo lo que necesito y desde hace muchos años trabajo en casa. Al principio me costaba mucho concentrarme y me generaba mucha angustia, sobre todo pensar en mi madre que vive sola y lejos, pero escuchar su manera positiva de estar en el mundo, investigar sobre el budismo, escuchar y leer poesía o a autores que me interesan, dibujar en mi diario, conversar con amigos y mi familia, me dio cierta tranquilidad y estabilidad emocional dentro de lo que se puede”.

Si bien su nuevo proyecto personal está detenido, no lo están sus colaboraciones. Desde 2017 esporádicamente ilustra las portadas del suplemento feminista Las12 del diario argentino Página/12. Las ha creado y las hace, además, para los libros de otros autores. “Trabajo como ilustradora, me gusta y aprendo mucho haciéndolo. Preferiría dedicarme a pintar y hacer historietas: ser ‘artista’ (ríe). Pero con los años me han salido trabajos que me interesan, que me invitan a leer, investigar y aprender sobre temas que me apasionan. Así que me siento muy afortunada de trabajar en lo que me gusta”, concluye.

https://www.flickr.com/photos/powerpaola/
http://powerpaola.blogspot.com.ar/

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