Un libro espejo de la ansiedad (la de siempre y la actual)
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Un libro espejo de la ansiedad (la de siempre y la actual)

Por Daniela Mejía Alarcón.

Fotografía: cortesía del Grupo Planeta.

Edición 463 – diciembre 2020.

Alberto Montt, ecuatoriano radicado en Chile, publica otro título con editorial Planeta. Una obra de humor que grafica cómo, al igual que el miedo, el amor o la esperanza, “la ansie­dad nos ha acompañado desde muy pequeños en momentos cruciales de nuestras vidas”.

Escena 1

—Ansiedad, ¿te vas a quedar ahí toda la noche? No me podré quedar dormido con­tigo ahí —pregunta y advierte el personaje.

—Solo hasta que te quedes dormido —contesta Ansiedad.

Escena 2

—¿Qué haces?—interroga Ansiedad.

—Estoy creando mi perfil para una app de citas —dice el personaje, sin quitar la mirada de la pantalla de su celular.

—¿Estás incluyendo todos tus rollos e inseguridades o dejas que los descubran en el primer encuentro? —le replica Ansiedad.

Escena 3

—¿Otra vez aquí? ¿Se puede saber de dónde vienes? —pregunta el personaje.

—¡Se puede! Pero son años de terapia —responde Ansiedad, que lo abraza como si no quisiera dejarlo nunca.

Son fragmentos del recientemente pu­blicado libro de Alberto Montt, ilustrador, diseñador gráfico y artista plástico nacido en Quito en 1972 y radicado en Santiago de Chile desde 1998. Editado por Planeta Có­mic, Ansiedad (como se llama esta nueva obra) es un título muy acorde a los tiempos que corren y que encierra en sus páginas situaciones que nos han pasado a todos en un determinado momento de la vida. Es posible que en un contexto como el actual, estas y otras situaciones ansiosas se presenten en mayor proporción y con mayor fre­cuencia. Después de todo, la última vez que la humanidad atravesó por una pandemia fue hace cien años, cuando emergió la gri­pe española, que si bien fue la peor del siglo XX no tuvo ni la magnitud ni el alcance que ya mostró tener el coronavirus.

Si en el siglo pasado la ansiedad tuvo un rol entre la población, no será el pro­tagónico que tiene ahora. El mundo no es el mismo ni volverá a serlo. La ansiedad recrudeció y parece haber afianzado un poco más sus raíces al centro de la Tierra y al de cada persona que la vive y sufre. An­tes de esta crisis sanitaria, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaba que durante las emergencias una de cada cinco personas se veía afectada por la depresión y la ansiedad. En este sentido, a siete me­ses de declarada la pandemia, con cifras de contagios que ascienden a diario, no se ha calculado el porcentaje de seres humanos actualmente afectados a consecuencia del nuevo virus. Podrían estimarse demasia­dos. El daño es, todavía, inconmensurable.

En Chile (y hay que hablar de Chi­le porque allí germinó este libro) no solo 6,5 % de sus habitantes sufre de ansiedad, lo que equivale a más de un millón de perso­nas, sino que durante el primer cuatrimes­tre del año la demanda de medicamentos para combatir trastornos mentales aumen­tó 186 % en comparación con el mismo pe­ríodo de 2019. Este incremento lo reveló un estudio de Yapp, una plataforma de compra de medicamentos entre tres mil farmacias, que observó las cotizaciones de sus 550 mil usuarios entre febrero y abril pasados.

En medio de esa realidad nació Ansie­dad, esa figura roja y redonda con púas en la cabeza que dibujó Alberto Montt para las viñetas semanales del suplemento Ten­dencias del diario La Tercera. “Ellos me en­tregan una pauta de lo que se va a hablar y yo hago algo relacionado. Recuerdo que en enero me mandaron un tema acerca de la venta de ansiolíticos. Chile es uno de los países que más ansiolíticos vende per cápi­ta, entonces se me ocurrió hacer este juego con la ansiedad”, relata virtualmente el au­tor. En un principio supuso que el persona­je daba para unas cinco o seis viñetas más, esto luego de la primera. Un gran error de cálculo: superaron la centena.

¿Pensaste que Ansiedad iba a irrumpir en las librerías en estos tiempos tan ansio­sos por la pandemia o te resultó paradójica la coincidencia? Alberto dice que “fue una coincidencia absoluta”. Y cuenta: “Cuando empecé con Ansiedad todavía no había explotado el virus. En Chile, por ejemplo, recién a mediados de marzo empezó a ser un problema y yo llevaba un par de meses trabajando el personaje. Por supuesto, que hayamos llegado al punto al que llegamos como planeta me dio mucho material y muchas ganas de seguir trabajando y, sin duda, cuando llegué a las que creo son 155 viñetas se veía venir el libro que cayó preci­samente en estos tiempos”.

Cuenta que no hizo ningún boceto. Solo dibujó lo que se iba armando en su ca­beza de cara al papel. Sobre el color con el que pintó al personaje comenta que el rojo representa el estrés y la incomodidad, y so­bre cómo lidia y se lleva él con la ansiedad, si hay algo de Alberto Montt proyectado de alguna manera en este nuevo cómic, con­fiesa: “Todo lo que dibujo a nivel viñetas y humor gráfico son padecimientos, en mayor o menor escala, que yo tengo o que gente muy cercana a mí tiene”.

Por eso, el tema no es nuevo para él. De hecho, Alberto comenta que pronto publicará otro libro, uno que recopila su trabajo desde hace quince años y que cuan­do empezó el proceso de selección del ma­terial se dio cuenta de “que muchos de los personajes podían ser reemplazados por el muñeco de la ansiedad y habría funcionado perfecto”.

En el sitio web de Planeta Chile se pue­de leer un fragmento de Ansiedad. En ese PDF, la escena final es la tercera narrada al inicio de este texto, la que menciona a la te­rapia como una alternativa para compren­der y superar este trastorno y nuevamente aquí, aunque el autor no necesariamente se lo haya propuesto, hay otro punto de en­cuentro con la actualidad. A mediados de mayo pasado, casi dos meses después de la propagación global de la nueva enferme­dad, Tedros Adhanom, director general de la OMS, ya hablaba del impacto del corona­virus en la salud mental como algo “extremadamente preocupante”. “El aislamiento social, el miedo al contagio y la pérdida de miembros de la familia se ve agravado por el malestar causado por la pérdida de in­gresos y empleo en algunos casos”, apuntó entonces Adhanom.

Previo a la conmemoración, el 10 de oc­tubre, del Día Mundial de la Salud Mental, Adhanom sostuvo que lo ya visto en cuan­to a las consecuencias de la pandemia en el bienestar mental de las personas, con los trabajadores de primera línea como uno de los grupos más golpeados, “es solo el principio”. La OMS aboga por un aumento de la inversión en salud mental, una de las áreas más desatendidas de la salud pública. Los países gastan apenas el 2 % de sus pre­supuestos sanitarios en esta especialidad, pese a que cerca de mil millones de per­sonas en el mundo viven con un trastorno mental y una persona se suicida cada cua­renta segundos.

Al hacer alusión a la viñeta en la que se menciona la terapia, Alber­to contesta lo que piensa, que “cada quien debe escoger cómo se libera de sus demonios”. Lo profundiza: “Para unos será un psicólogo, para otros tomar té de hierbas, para otro dibujar bi­chitos rojos. Lo que sí es impor­tante entender es que la salud mental no es un juego y que por más que uno crea que es super­poderoso siempre es bueno te­ner herramientas de las cuales echar mano. Creo firmemente que si no puedes caminar es superválido usar una muleta hasta que puedas caminar solo, entonces desde esa perspectiva está en cada quien encontrar cuál es esa muleta”.

El arte es también muleta y terapia. Al­berto sigue creando. Publica sus viñetas en algunos medios de Chile, Brasil, Argentina, España y a modo personal, ya no en su famoso blog Dosis Diarias, sino en Instagram (@albertomontt), la red social en la que se siente más a gusto (y que es suelo fértil de catarsis, conexión, distracción, anestesia, en estos nuevos tiempos).

“Ahora me gusta Instagram, quién sabe lo que me guste en un par de años”. Dice ser respetuoso con las necesidades y pulsiones que se le van manifestando día a día. Apunta que consume cosas cons­tantemente: “literatura, ilustración, no­velas gráficas, cuentos para niños, cortos animados, películas, series, basura, docu­mentales”. “No tengo un filtro de calidad. Me gusta consumir de todo y luego veo lo que me gusta y no me gusta. Generalmen­te eso responde a las necesidades persona­les del momento. Hay veces en que lo que quiero es algo estúpido, que no requiera de mí pensar demasiado, y otras veces ne­cesito algo que me golpee contra la pared”, asegura.

También varía lo que hace. Desde ju­nio pasado, por ejemplo, se volcó al podcast junto a Liniers, su amigo y colega, uno de los ilustradores e historietistas más cono­cidos de Argentina (y fuera de ella). “Lo subimos semanalmente y está en todas las plataformas de podcast. Ese es un pro­yecto que me tiene divertido”, comenta Alberto. La vida es increíble (así se llama) ahora está en formato de audio, llega a la distancia, aunque nació como un show de “stand-up ilustrado” con el que los dos ilustradores estaban recorriendo Latino­américa. Pero llegó la pandemia y lo que siguió lo sabemos (y lo seguimos vivien­do) todos.

Me queda indagar en su vínculo con el Ecuador. ¿Vuelves cada tanto, ya no volvis­te más? “Me fui porque quería dibujar y el Ecuador en ese momento se veía como un espacio muy agreste para poder vivir de la ilustración. Vine a Chile a probar suerte. Mi vínculo con el Ecuador es el de cual­quier ecuatoriano: lo extraño con locura y lo odio con locura en igual manera y en igual medida. Voy mucho menos de lo que me gustaría y, en algún momento, preten­do no sé si regresar para siempre, pero sí vivir una temporada ahí. Me interesa mu­cho que mis hijas tengan una relación cer­cana con el Ecuador, que crezcan comien­do llapingachos y que se emocionen cuan­do escuchen J. J.”. No cabe duda, Alberto Montt es ecuatoriano.

Patreon, micromecenazgo para creativos

Apareció en la web en 2013. Es una plataforma mediante la cual creadores de conteni­do y artistas de todo el mundo pueden obtener ganancias gracias a sus seguidores. Una especie de crowdfunding sostenible, una campaña a lo largo del tiempo, una devolución, un estímulo, una recompensa bilateral. Cualquier persona puede aportar para que un proyecto se lleve a cabo o un artista pueda contar con una fuente adicional y estable de ingresos y, de esa manera, acceder a contenido exclusivo.

Es Patreon y allí está Alberto Montt. “Muchas de las actividades creativas como la ilustración, el arte en general, el periodismo (independiente) tienen como mal el hecho de que nunca saben si van a salir a flote cada mes. Es una especie de ironía porque mucha de la gente que trabaja en estas industrias tiene una voz, un nombre, un grupo de seguido­res, pero eso no representa necesariamente una estabilidad económica”, opina, lamenta, Alberto. Destaca que una plataforma como Patreon permite estar en contacto directo con esos seguidores que muy posiblemente no tienen idea de que los artistas a los que siguen por su trabajo tienen que “luchar para llegar a flote a fin de mes”.

Considera que este tipo de iniciativas son muy valiosas sobre todo ahora “que la pandemia ha tirado por el suelo a artistas, creativos, creadores, artesanos, músicos”. Por eso evalúa: “Creo que es momento para que todos nos apoyemos y, si consumimos algo, y estamos acostumbrados a consumirlo gra­tuitamente, echar una mano de vuelta”. Al vivir esta situación de primera mano, Alberto Montt pone el ejemplo: “Siento que otros artistas están en la misma con­dición que yo, entonces también estoy afi­liado a Patreons de otros dibujantes, de periodistas, de gente que hace programas de radio”.

Ansiedad, figura roja y redonda con púas en la cabeza que Alberto dibujó para las viñetas semanales del suplemento Tendencias del diario La Tercera.

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