Un hospital en una ciudad de diversos mundos
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Un hospital en una ciudad de diversos mundos

Un hospital en una ciudad

Por Paulina Escobar

Una ciudad con edificaciones antiguas y modernas, donde resalta un gran domo dorado, es lo que se observa a simple vista desde el monte de los Olivos. Es domingo, un día normal de actividades, sobre todo para los guías turísticos que a diario llevan a cientos de visitantes por los lugares santos de Jerusalén.

Con un poco más de atención, a la izquierda se observan modernos edificios y a la derecha construcciones pequeñas y dispersas. Al frente, un extenso muro que se extiende de izquierda a derecha y una combinación de arquitectura contemporánea con templos y construcciones simbólicas para tres religiones. Todo en medio de un matiz desértico y en las mismas montañas que cuentan los pasajes bíblicos.

Sin embargo, cuando se pasa de una primera vista a un entendimiento de la ciudad, el panorama cambia. Jerusalén se convierte en una ciudad “dividida”. Por un lado, hay un sector de la ciudad vieja, reclamada en parte por israelíes y palestinos, y por otro, una ciudad vieja distribuida en cuatro barrios: el judío, el árabe, el cristiano y el armenio, cada uno —a lo lejos— aparentemente iguales, pero —según explican los guías— estrictamente reservado a sus similares, con costumbres y creencias propias…

Al recorrer la capital de la Tierra Santa esas distancias se perciben en “aparente calma”; por ejemplo, alrededor de los asentamientos de barrios judíos como el de Gilo, y en zonas donde judíos y palestinos, separados por una calle, viven frente con frente. A simple vista aquí no pasa nada; sin embargo, esa calma puede transformarse en tensión, dependiendo de quién cuente la historia… Un palestino ve a estos lugares como una invasión a su territorio, mientras un israelí lo asume como propio. Nadie sabe, sin embargo, cuándo podría haber una agresión…

En una segunda mirada de la ciudad, cerca del mismo monte donde Jesús oró, y antes de su muerte supo que iba a ser traicionado, también se divisa un cementerio judío y la iglesia ortodoxa rusa de María Magdalena con sus brillantes cúpulas doradas. Y desde este punto simbólico-religioso el gran domo dorado —que caracteriza la vista panorámica de Jerusalén— adquiere sentido para judíos, musulmanes y católicos.

Aquella cúpula es el domo del tercer templo más sagrado del mundo para los musulmanes, donde el islam cree que Mahoma ascendió a los cielos y donde para el cristianismo Dios probó la fe de Abraham pidiéndole que sacrificara a su hijo Isaac. Además, se aprecia un domo blanco, perteneciente a una de las más importantes sinagogas para el judaísmo, y un fragmento del muro occidental, último vestigio del segundo gran templo de Jerusalén destruido por Roma, también conocido como el Muro de los Lamentos.

Hadassah, el símbolo de la integración

En esta ciudad diversa, donde conviven alrededor de 700 mil habitantes y donde aparentemente todo está “demarcado”, existe un lugar indiferente a ideologías, razas y religiones, también visible desde el monte de los Olivos: el hospital de Hadassah, recordado por un ataque terrorista que acabó con la vida de 79 personas, la mayoría médicos y enfermeras, en abril de 1948.

A diferencia de un hospital de servicios médicos públicos, el de Jerusalén tiene la presencia de un hospital privado.

La sala de espera de emergencias no parece una sala de espera de emergencias. Alrededor de las diez de la mañana de un jueves, allí, hay más personal trabajando que pacientes.

En compañía de una máquina de autoservicio de bebidas y un monitor de televisión, Fadi es la única persona en la sala. El morador del barrio árabe de Bet Janina tuvo a Hadassah Mount-Scopus ese día como la única opción para llevar de urgencia a un vecino que sufrió un ataque cardíaco. Mientras él espera alguna noticia sobre el paciente, una niña ingresa en los brazos de su madre para ser atendida a causa de un golpe que parece ser una fractura. En el área de urgencias la reciben para ver sus signos vitales y registrar su ingreso. A simple vista no hay problemas de espacio; el área es amplia e incluso hay camas vacías. Cada paciente tiene su cama y algunos de ellos a más de un médico o enfermera atendiéndolos.

Solo una mujer está sentada, porque un malestar la obliga. No quiere pararse ni acostarse, se queja con su esposo de dolor de la espalda hasta que una enfermera le da una medicina.

Zemm, en cambio, está parado al pie de la cama de su madre. Ambos son palestinos y no es la primera vez que vienen a este hospital; sin embargo, sí es la primera vez que ella se queda aquí desde la noche anterior debido a problemas de la presión. Zemm comenta que la atención es buena, incluso para personas sin documentos, pero en casos de emergencia. El único problema —dice— es que no todos (médicos y enfermeras) hablan árabe, el segundo idioma oficial en Israel, después del hebreo.

Quienes trabajan aquí —alrededor de 5 000 profesionales, entre médicos, enfermeras, paramédicos y personal de apoyo— hablan principalmente hebreo; la mayoría habla inglés y algunos, árabe, ruso y amhari (lengua semita). Sin embargo, para un extranjero aun el inglés podría ser una dificultad de comunicación, pero no lo es cuando existe un lenguaje al que todos recurren cuando se esfuerzan por hacerse entender: el de las señas.

Hadassah es quizás es el único punto en Jerusalén donde confluyen judíos, árabes, cristianos, judíos ortodoxos, musulmanes… Por este esfuerzo de integración, en una ciudad donde conviven distintas culturas, distintos mundos, el centro médico fue nominado en 2005 al Premio Nobel de la Paz, por ser “un puente de paz, donde se atiende a todos”, agrega Ron Krumer, director de relaciones externas de Hadassah.

Es a la vez un símbolo de la integración que busca Israel, afirma Eeta Prince-Gibson, editora de la revista Jerusalem Report.

Pero la idea de la integración, de momento, trae la realidad a los ojos cuando, desde el exterior del hospital, se observa un extenso muro, que no es el Muro de los Lamentos. Es el muro que divide a árabes y judíos, que separa asentamientos judíos de territorios palestinos en Jerusalén y que es considerado ilegal por los defensores de los derechos humanos.

Convivencia en las salas y pasillos

A diario, el hospital es un sitio de intercambio entre culturas, costumbres e idiomas. Las escenas de hombres con largos abrigos y sombreros negros y de mujeres con velos blancos y de colores que se observan en la ciudad se repiten en los pasillos. La diferencia es que aquí no hay límites imaginarios, no hay símbolos que separen a unos de otros.

Sí es simbólico, en cambio, el tratamiento de cáncer que reciben juntos palestinos e israelíes e incluso los trasplantes de órganos que practican los médicos en pacientes de ambas culturas. Uno de esos pacientes fue la madre de Kamel, palestino, quien afirma que, si la tolerancia de Hadassah pudiera trasladarse al plano político y a toda la sociedad, habría una esperanza para resolver los conflictos de Jerusalén.

La esposa del embajador de Israel en el Ecuador, Eyal Sela, vivió una experiencia de esta integración, con el nacimiento de dos de sus hijas (21 y seis años de edad, respectivamente); el diplomático, que termina en julio próximo su misión, recuerda que su esposa Inbal compartió una habitación con mujeres palestinas y judías ortodoxas, y que todas recibieron una atención similar.

De una vista panorámica a una vista más cercana, lejos de límites y de credos, en la ciudad de David este es el único sitio que caracteriza a Jerusalén por la convivencia entre las personas. Aquí no hay conflictos ni enfrentamientos, tampoco esa tensa calma que se percibe en ciertas calles.

Así como muchos creen que el monte de los Olivos es el lugar adonde regresará el “Mesías”, y otros afirman haber experimentado en los lugares santos el “síndrome de Jerusalén” (clínicamente un trastorno místico), quizás Hadassah pueda ser el símbolo de la esperanza, de un sueño común de todo un pueblo en la búsqueda de la convivencia, la tolerancia y la paz.

Datos de interés

• Actualmente, Hadassah, el mayor hospital público de Israel, atiende en promedio a un millón de personas, entre pacientes propios, pacientes de referencia de otros hospitales, pacientes de consulta externa, de laboratorio clínico y de emergencias.

• Constituida como una organización privada, Hadassah tiene dos hospitales en Jerusalén, Mount-Scopus y Ein Kerem, que funcionan como centros de salud públicos.

• Además de los servicios de salud pública, Hadassah también recibe a médicos y enfermeras de todo el mundo, como un centro de capacitación en manejo de desastres, medicina de terror, manejo del trauma, estrés postraumático, estrategias para enfrentar nuevas amenazas del terrorismo y medicina forense.

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