Skip to main content

Un eterno presente

por Redacción Mundo Diners

Por Rafael Lugo 
Ilustración: Tito Martínez 
Edición 457-Junio 2020 

Eterno presente 001

Además de matar a Dios, el sabio Friedrich Nietzsche escribía poemas de inusitada sensibilidad que hablan a gritos de su desesperada y tumultuosa lucidez. En el prólogo de su libro de poemas que tengo en mis manos, escrito por Virginia Careaga, he dado con una frase de Friedrich Schlegel: “Solo puede ser artista quien tenga una religión propia, un punto de vista acerca de lo infinito”.

No me siento un artista, pero esta frase me ha dado permiso para decir lo que siento en esta época en que las tragedias de otros hacen que los acomplejados y los extremistas de la corrección política quieran quitarte el derecho a vivir la vida que tienes.

[rml_read_more]

Hoy, para demasiados, las crónicas deben tratar exclusivamente sobre miseria, urgencia, muerte. El punto de vista solo tiene que ser el del crucificado. Es un asunto para rebelarse, sin duda.

Durante mi encierro —asumo que para cuando estas líneas sean impresas, seguirá bastante igual— he pensado mucho en uno de esos poemas de Nietzsche que se abrieron ante mis ojos hace más de una década:

La Gaya ciencia

Esto no es un libro: ¡qué encierran los libros,

esos sarcófagos y sudarios!

El pasado es su botín:

Pero aquí vive un eterno Presente

Esto no es un libro: ¡qué encierran los libros,

¡qué encierran sarcófagos y sudarios!

Esto es una voluntad, una promesa,

esto es un viento marino, un levar anclas,

esto es una última ruptura de puentes,

un rugido de engranajes, un gobernar el timón;

¡brama el cañón, blanco humea su fuego,

ríe el mar, la inmensidad!

Entonces, mi punto de vista en este encierro es el del eterno presente. Días repetitivos, días que ya no tienen nombres, días de los que no hay noticia que dar al inicio de la noche en las charlas telefónicas con los padres. Ninguna novedad, cero relevancia, cero innovación. En definitiva, días que se parecen tanto entre sí como el correísmo al socialcristianismo.

Nunca mi mañana fue tan ayer. Jamás mi futuro dependió tanto de otros como ahora. De algunos competentes y de una mayoría de cretinos corriendo como gallinas sin cabeza en pos de la impunidad a ultranza, el negociado final y el camuflaje de su incompetencia.

Pero por ahora estoy a salvo. Pues, aunque mis hijos están grandes, y más ágiles y fuertes que yo, he recuperado la deliciosa sensación de darles el biberón cuando tiernos, ahora que preparo sus platos con más ganas que talento. Con la guía paciente de mamita, aprendí para ellos y mi esposa, a hacer locro, pan y menestra. Y he desentrañado los misterios que se anidan en el calado del refrito. Ya me quemé un dedo en una sartén, ojalá me quede marca. Una de esas cicatrices que dan pie a una historia. 

Entonces no me quejo, solo he hecho una observación:

Estoy viviendo en un eterno presente. Encerrado en un libro en el que solo se puede leer el primer capítulo. Durmiendo en el camarote de un barco atrapado en el mar de los sargazos. Volviéndome amigo de las tórtolas y los mirlos que visitan mi jardín.

Por ahora, la inmensidad ha desaparecido.