Un Disney World a la ecuatoriana

Disney ecuatoriano
Fotografía: Paulina Vallejo.

Quien pase por la vía a Babahoyo desvía sus ojos como imán para ver el Disney ecuatoriano. Hay castillos que sobresalen, personajes mágicos, un avión, un barco pirata y hasta una rueda moscovita. 

El Rey Park es un emporio. Un reino de catorce castillos. Un pedacito de la imaginación de Oswaldo Travez, artista y empresario que, a sus 66 años, está enfocado en este parque acuático que, como dice, es una mini versión de un Disney, al que se puede llegar fácil desde Milagro, Babahoyo y Guayaquil. 

Su idea original, narra Travez, era un emprendimiento para la familia, pero como ocurre algunas veces, las circunstancias cambian. “No vine a hacer este parque para el público, era un complejo personal para nosotros. Pero empezó a venir gente y dije: Bueno, ni modo, echémosle gana y hagámosle”.

Y así lo vienen haciendo desde hace veinticuatro años. Comenzaron entre 1998 y 1999. Sobrevivieron a la transición del sucre al dólar y se puede decir que hoy están sobrepasando la pandemia de la covid-19. Pero aún cree que falta mucho por hacer.

“Somos seis hijos y los seis nos desempeñamos en diferentes tareas del parque como: motores, bar, restaurante; estamos divididos para trabajar y nos comunicamos por radio”, explica Martha, una de las hijas de Oswaldo Travez, sobre el negocio familiar que en septiembre de 2021 volvió a abrir sus puertas al público.

Mientras nos muestra el parque señala el nombre de cada sección: Dino Park, Rey Park, Play Center, Castillo, piscinas de olas y piscina de río. “Mi esposo es Capitán América, mi hijo es Spiderman, mi hermano es el Guasón, mi otro hermano es Hulk y la prima de mi esposo es Frozen”, describe Martha. Está orgullosa, no muchos se pueden jactar de tener una familia llena de personajes famosos.

Oswaldo Travez, empezó en su natal Chile, lustrando zapatos, vendiendo periódicos y fue ahí donde encontró su afición por el mundo del espectáculo. Pasó por circos como el de los hermanos Fuentes Gasca y formó los suyos. Entre ellos el de los hermanos Ta’ Dominado, el de la Chilindrina y el de Quico. 

Tiene mucho que contar, pero lo resume así: “Antes yo hacía contorsiones, acrobacias… fui motociclista suicida, trabajé en el globo de la muerte…pero ese tiempo concluyó hace cinco años”.

El parque está lleno de figuras, quien las pinta es Luis Morales, un hábil artesano de Durán que las hace por más de quince años. No lleva la cuenta de murales pintados, calcula que ya sobrepasan los cien. “Es que donde usted ve una pintura, hay más de tres pinturas anteriores”, recalca.

Tampoco recuerda el año en que empezó a trabajar en Rey Park, pero cree que fue entre 2007 o 2008. La oportunidad se la dio un amigo de la calle 6 de marzo (Guayaquil) que le pidió ayuda para “maquillar” unos muñecos del lugar. Lo hizo, su técnica gustó y desde entonces trabaja cuatro meses seguidos o hasta cinco, descansa uno o dos y vuelve, de acuerdo con lo que Oswaldo mentalice para el parque.

Rey Park es un espacio familiar para visitar en la postpandemia.

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