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Tus hijos no son tus hijos…

por Anamaría Correa Crespo

columna correa

Ilustración: María José Mesías

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen”.

Kahlil Gibran

El camino de la maternidad es misterioso y desafiante. El primer año de vida de mi hija fue hermoso y tortuoso. Cada mes debíamos visitar al pediatra y los nervios me recorrían el cuerpo. Es que mi hija no probaba bocado, no quería lactar, no subía de peso y cada mes venía la prueba estadística.

La primera infancia

La estadística: el cuadro de la Academia Estadounidense de Pediatría que mide el peso y la talla de los niños según su edad. Durante el primer año de vida, sobre todo, mes a mes los pediatras miden a sus pacientes y los monitorean con lupa.

“Tu hija está en el rango más bajo de los percentiles”, fue el primer anuncio. Al siguiente mes: “Tu hija no ha aumentado de peso”. Tercer anuncio: “El percentil se ha modificado solo en milésimas”. Sudor frío, palpitaciones, vacío en el estómago.

La tercera sería la vencida: según la Academia Estadounidense de Pediatría, si un niño se ha mantenido durante tres meses consecutivos en estos percentiles y no ha incrementado su peso, debe ser sometido a un examen de enanismo. ¡Infarto!

Se había agudizado el camino sinuoso de la maternidad, esa faceta oscura en que las madres solas nos consumimos con nuestras angustias y proyectamos todos los escenarios más catastróficos sobre la vida y la salud de nuestros hijos.

Con el corazón agitado acudimos al examen. Ella y yo en esos corredores fríos y poco concurridos del hospital. No sé cuántos días transcurrieron entre el examen y el anticipado resultado. Seguramente fueron días de taquicardia y ansiedad. Finalmente llegó y todo resultó dentro de los parámetros normales.

La vida te da sorpresas

Desde aquellos días han transcurrido más de catorce años. Sofía, mi hija, ahora es más alta que yo, cosa que en sí misma no es mucho decir pues yo solo mido 1,58 cm pero, dada la historia, me resulta increíble.

Ahora que ella me mira desde arriba, el desafío es otro. Parecería que la talla está directamente vinculada a nuestra tarea materna. Mientras más pequeño es un ser, más requiere de nuestra protección y cuidado.

Ahora que mi quinceañera me supera en talla, me pregunto si también mi rol de autoridad sobre ella disminuye o si quizá soy menos madre que antes cuando la cargaba y sostenía en mis brazos. Ya que nunca me imaginé tener a esta hija físicamente más grande que yo y que esto me tiene sobrecogida, pienso cómo evoluciona la maternidad y qué transformaciones sufre con el tiempo.

Soltar

Sobre su maternidad, mi madre nos contó la impresión que sintió cuando mi hermana mayor le entregó el verso de Gibran. Para mí, quizá la estatura de mi hija sea el primer aviso de que debo prepararme para soltarla pronto. Porque mi hija no es mi hija, es la hija de la vida…

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