Tintes orgánicos: una alternativa artesanal para la moda
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Tintes orgánicos: una alternativa artesanal para la moda

Los tintes naturales han pisado fuerte en el camino sostenible de la moda. Teñir textiles con estos pigmentos es un proceso creativo, accesible y con resultados favorables.

Texto y fotografías Doménica Sosa

Muestras de liencillo e hilos de algodón tinturados con té, moras y cúrcuma, junto a los pigmentos. Tela sintética tinturada con remolacha (color durazno).

Desde tiempos ancestrales, el ser humano ha buscado e ideado formas para cubrirse el cuerpo, partiendo desde una necesidad. Esta se ha ido transformando en seducción, apariencia y moda. Los colores de la ropa son indicativos determinantes que generan impacto y llaman la atención; por eso, son fundamentales en el diseño de una prenda. Nos hemos acostumbrado a consumir, la mayoría de veces, prendas hechas con tintes sintéticos, porque son menos costosas y toman menos trabajo.

“Se usan industrialmente alrededor de diez mil tipos de tintes y pigmentos y se producen más de setecientas mil toneladas de tintes sintéticos globalmente”, según Ester Xicota, consultora en innovación sostenible, especializada en moda.

Los tintes naturales se obtienen de fuentes renovables. Se los puede extraer de plantas, insectos o minerales que logran adherirse a fibras como el algodón, la seda, el lino o la lana. Según Xicota, “las propiedades medicinales de las plantas con las que se tiñe son transmitidas a la persona que usa la prenda por absorción de la piel”. Por otro lado, favorecen al medioambiente, pues son libres de toxinas y componentes químicos que contaminan el agua. Además, otra ventaja, desde un punto de vista estético, es la gama de tonos que se pueden obtener, siendo más delicados y armónicos con la piel. Como mencioné anteriormente, esta transformación implica técnicas manuales que pueden tomar toda una mañana, pero a su vez, son sencillas y amigables.

Experimentación desde casa

“Todo parece estar algo fuera de control. Las actividades son lo único que podría darnos estructura y devolvernos la sensación de tener un cierto control personal”.

Participar en actividades recreativas cuando uno está aburrido en casa mejora los estados de ánimo, reduce el estrés y la ansiedad. Ya es más de un año desde que la covid-19 nos forzó a encerrarnos en nuestros hogares y distanciarnos de los demás. Muchas o la mayoría de personas, ansiosas por no pisar más allá de las paredes de sus casas, buscaron hobbies que complementaran sus tareas diarias y que sirvieran como desfogo de la angustia. “Todo parece estar algo fuera de control. Las actividades son lo único que podría darnos estructura y devolvernos la sensación de tener un cierto control personal”, comentó Jeanine Parisi, científica asociada del departamento de Salud Mental de la Facultad de Salud Pública Bloomberg.

Personalmente, me entretuve con colorantes caseros y telas. Pude experimentar tintes con cúrcuma, té negro, moras y remolacha. Cada material funcionó de forma diferente, dejando colores bonitos y naturales.

Hay que tomar en cuenta que hay ciertas especificaciones y técnicas para obtener mejores resultados. Sara Holguín, artista y diseñadora, creadora de la marca El Molle, trabaja con fibras y tintes naturales para la elaboración de telares. Explica lo trabajoso que es el proceso de mantenimiento de las fibras y cómo prepararlas para el color. Por ejemplo, independientemente de si el tinte es natural o sintético, las fibras se tienen que limpiar porque, especialmente la de animal, tiene mucho aceite. Trabajé con fibras de lana (animal) y de algodón (vegetal) para que agarren mejor el color.

Sara cuenta que para fibras naturales la decoloración es un paso importante previo a la tintura. En este proceso se blanquea (descruda) la fibra, es decir, se quita su color crudo para que absorba mejor el color. Yo utilicé: vinagre blanco, sal y agua hirviendo.

Tinturación con cúrcuma en liencillo.

A continuación, relataré brevemente los procesos que viví.

La cúrcuma, un producto de pigmento amarillo, usado para dar sabor a la comida, fue uno de mis mejores tanteos, incluso fabriqué un prototipo de bolso usando liencillo y este condimento. Dos litros y medio de agua en una olla, una cucharada y media de cúrcuma, sal y más vinagre. Después de prender a fuego lento la mezcla, chanté mis retazos de liencillo y algodón al agua, viendo cómo poco a poco absorbía el bonito pigmento cálido. Después de casi una hora saqué mis muestras de la olla cuidadosamente, tratando de no embarrar la cocina; las enjuagué y las puse a secar en la sombra. Al principio me asusté, ya que al lavarla salió mucho color, ese amarillo intenso del condimento se transformó en color mantequilla, pero de todos modos agradable. Sara dice que la luz del sol es indicadora de si el tinturado funcionó o no, porque la fibra con tinte, al ser expuesta a la luz, se va decolorando. “La cúrcuma es un condimento que bota un color fuerte, pero su vida en el textil se va rápido”, y lo mismo pasa con la mora.

Tinturar con moras es placentero. El paso esencial, en mi opinión, es buscar un delantal viejo que no importe si se mancha, ya que, como todos conocemos, la mora mancha. Continuamos con la vieja y confiable mora, el respectivo vinagre con sal y agua en una olla. Una caja de moras más media rodaja de limón bastan para pintar una blusa de lino y un par de retazos pequeños, entonces viene la parte entretenida. Machucar las moras y cernir el jugo con las manos. Luego de salpicar morado en la tostadora y microondas, y exprimir la pulpa manualmente, obtuve mi tinte mezclado con una pizca de agua para diluir el espeso. La absorción de color en la tela es inmediata, sin embargo, las dejé un par de horas sumergidas para mejores resultados. Después de varios minutos lavando las telas y las pepas de las moras que resbalaban infinitamente, predominó el lila, un color noble y mágico; escurrí y dejé secar en la sombra.

Blusa remojándose en el pigmento del jugo de moras.

Para obtener tinte con el té negro, el mecanismo es parecido al de la cúrcuma. Para este usé cinco funditas de té (mientras más concentrado mejor sale el color), un litro y medio de agua, sal y vinagre. Una vez lista la infusión, sumergí mis pedazos de tela en la olla caliente, apagué el fuego y a dormir, como sugirió mi exprofesora de tecnología textil en la universidad. Las muestras absorbieron bastante color durante la noche, sobre todo las de liencillo grueso; obtuve un tono café claro color tortilla, confortable y neutral.

Fui probando estas actividades uno o dos días a la semana, dependiendo del tiempo que tenía disponible y el clima, pero resultó un pasatiempo provechoso para la pandemia. Lo ideal fue crear los colores desde la comodidad del hogar, pues todos los ingredientes fueron de productos comestibles que uno no se imagina para qué más pueden servir. También se pueden obtener colores de la cáscara de la cebolla y la naranja, mortiño, col (sale un pigmento azulado), café y otros condimentos (azafrán), e incluso con la cochinilla, un pequeño insecto popular por su pigmentación carmín. De hecho, este insecto se usa bastante para la tintura textil, cuenta Sara, pero son difíciles de conseguir ya que son originarios de México y viven en los cactus.

Blusa de lino tinturada con moras y bolso de liencillo tinturado con cúrcuma y pintado con Sharpie.

Hablando sobre el ámbito de la moda ecuatoriana, hay algunas marcas que han implementado esta técnica en sus colecciones. Una de ellas es Hera Studio, creada y diseñada por Isabela Pérez, donde practica procesos sustentables con experimentación textil como vintage, deadstock, cáñamo y tintes naturales. Según Isabela, es bueno salir de la zona de confort y experimentar constantemente con materiales nuevos, así el público no se cansa. Por otra parte, está Suspiro, una marca de artículos tejidos a mano, con el fin de promover el trabajo sustentable y apoyar a los artesanos de las comunidades de los Andes. Verónica Buitrón, la creadora de marca, cuenta que al principio trabajaba solo con tintes naturales, pero le ha tocado adaptarse a las demandas del cliente que exige colores más fuertes y llamativos. Dice que el mercado local no está listo para apreciar los procesos manuales porque tienen costos muy elevados para lo que están dispuestos a pagar. Verónica lanzó el Manual de tintes naturales de la Sierra ecuatoriana en 2020. Un libro que recopila técnicas ancestrales y personales del paso a paso de extracción y teñido natural para fibras de origen animal y vegetal, incluyendo fotografías y muestras. El proyecto incentiva la autogestión para crear colores mediante tratamientos creativos, usando recursos accesibles.

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