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Zona de interés: los asesinos son como nosotros

por Rafael Barriga

Zona de interés
Jonathan Glazer.

Aunque está ambientada en plena Segunda Guerra Mundial, Zona de interés habla mucho de los tiempos actuales. La trama es aparentemente simple: una familia —padre, madre y cinco hijos— vive con placidez en una villa en la campiña. Organizan almuerzos a la vera del río y resuelven las cosas del día a día con cierta fluidez. Los niños chapotean en la piscina y la madre cuida su bello jardín. Pero pronto nos damos cuenta de la realidad: el jefe de familia es el comandante del campo de concentración de Auschwitz, donde las cámaras de gas funcionan a una capacidad de dos mil cuerpos incinerados por turno y el predio de la casa linda —gran muro de por medio— con él.

Las grandes tragedias que ocurren en el campo de concentración nunca son mostradas en la película. El sonido, sin embargo, nos va dando evidencias. Detrás de las escenas de convivencia familiar escuchamos el rumor de la muerte: gritos y lamentos, maquinarias moviéndose, trenes yendo y viniendo. Entendemos, finalmente, que lo que está al otro lado del muro es una fábrica de asesinatos.

Genocidios que no ocurren

Zona de interés se centra en los perpetradores y no en las víctimas. La cámara nunca se desvía del predio familiar. Allí vemos a Hedwig, la madre de familia, lucir frente a un espejo algún fino abrigo confiscado a una víctima sin nombre del otro lado del muro. Vemos también a la pareja entrar en crisis por la inminente movilización de Höss a otro lugar, sin duda, menos idílico. Los vemos reír, sufrir, vivir, como vemos a la gente común y corriente. Los humanizamos.

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Acerca de Rafael Barriga

Curador de contenidos, gestor editorial, cineasta y radiodifusor.
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