
Para la cultura Valdivia, la S era el signo donde se escondía el secreto de la sabiduría, para los habitantes de Krypton, la tierra de Superman, representaba la esperanza; y para el artista ecuatoriano Estuardo Maldonado, la obsesión de toda una vida.
El artista que perseguía la S
Si por estos días visita el Museo Nacional del Ecuador (MuNa) y sube hasta el segundo piso, se encontrará con la exposición Poéticas de una geometría ancestral, la muestra antológica del maestro Estuardo Maldonado (1928-2023). Una de las primeras cosas que detectará es que entre las más de 100 obras que se exhiben hay una constante, una obsesión, un leitmotiv: la presencia de la S.
La S está en cuadros y esculturas. Unas son amarillas, otras azules y otras rojas, también hay algunas bañadas de blanco o de negro intenso. Hay dibujadas y pintadas sobre lienzos de distintos tamaños y otras colocadas sobre superficies de acero. Hay unas solitarias y gigantes y varias diminutas, que se apiñan como hormiguitas en fila india, unas junto a las otras formando laberintos y figuras geométricas.

Mónica Vorbeck, curadora de la exposición, explica que para Maldonado la S angular se convirtió en un puente para conectar su lenguaje artístico con los lenguajes prehispánicos. ”Decía que para él, la S era un signo de vida y de muerte, el vínculo entre dos mundos. Está claro que, con el tiempo, la S se convirtió en el elemento que lo anclaba a las culturas a las que siempre admiró, como la Valdivia".
Maldonado conjugaba lo ancestral con lo moderno, lo hizo con la abstracción geométrica, el constructivismo y el arte cinético. Así que antes de que salga de la exposición, le recomendamos buscar la obra La Noche. Además de ser una pieza instagrameable, es donde notará el afán de enlazar su S angular con el mundo urbano.
La S angular y una cultura milenaria
Desde el inicio de su carrera artística, Maldonado incorporó en sus cuadros formas y objetos precolombinos, siempre colocándolos en sentido estructural y serial. A veces utilizaba encausto (mezcla de cera y resina) y en otras ocasiones, oro o plata. Después de volver de Italia, donde estudió en dos academias, apareció la S angular.
Para la cultura Valdivia la S era angular. Las partes verticales simbolizan la vida, el movimiento; mientras que las horizontales, la muerte, el estado de quietud.

En Declaración poética, este artista oriundo de Píntag, cuenta que al principio esa S llegó a su obra atraída por los “infinitos estímulos de mi inconsciente” y añade que “paralelamente he tratado de aclarar el porqué de su significado y esto constituye la base de todas mis búsquedas en el campo de las percepciones visuales”.
En el periodo al que llamó ‘Grandes Constelaciones’, Maldonado grababa la S; a la que también llamaba módulo o signo, en grandes superficies, en sucesiones infinitas. Luego comenzó a entrecruzar la S y el resultado fueron laberintos. Más tarde, en el período ‘Estructuras Cromáticas’, el signo se bañó de color; y en la etapa ‘Estructuras Diáfanas Luminosas’, la S se convirtió en un elemento que proyecta luz, color y sombra.
La S de esperanza
Estuardo Maldonado no es el único para quien la S se convirtió en más que una letra del abecedario. Geoff Johns, que dibuja a Superman desde 2006, ha contado en varias entrevistas que la S del escudo de este superhéroe no es la abreviatura de su nombre sino un símbolo vinculado al planeta Krypton y a la casa a la que pertenece Kal-El (nombre kryptoniano de Clark Kent, alter ego de Superman en la Tierra).

La historia está narrada en Superman: Birthright, un cómic de Mark Waid, que se publicó en 2003. En esta historieta, Clark Kent descubre el símbolo cuando comienza a estudiar la historia de su tierra natal, Krypton. Allí se entera que para sus paisanos la S es un signo asociado a la esperanza de un mañana mejor; así que lo adopta como el logotipo para su traje de superhéroe, ese que hemos visto por décadas en series y películas.

