Spin Off en Quito - Revista Mundo Diners
Spin Off en Quito
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Spin Off en Quito

Del 30 de julio al 30 de noviembre estará abierta, en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito, la exposición Spin Off, integrada por 65 obras de la colección privada Sandretto Re Rebaudengo, de Italia. La muestra, que cuenta con el auspicio de Diners Club del Ecuador, se exhibe por primera vez en Sudamérica y puede ser visitada de martes a domingo, de 9:00 a 17:30.

Por Daniela Merino Traversari

Fotos: cortesía de la colección

Ser coleccionista de arte implica mucho más que la sola colección de obras. El verdadero privilegio está, no en la posesión de una pieza de arte maravillosa, sino en la relación tan directa que se crea entre el artista y el coleccionista. Esta se desarrolla y se fortalece con el tiempo porque el coleccionista tiene la ventaja de poder hacer al artista las preguntas más profundas o indiscretas y sentir íntimamente la obra a través de los ojos de su creador, compartiendo su visión del mundo.

Un coleccionista arriesga. Un coleccionista debe actuar con la intuición, no con el intelecto (contrariamente a lo que muchos pensarían). Si una obra de arte ha llamado su atención, debe actuar con rapidez. Siempre está presente el miedo de terminar con una colección mediocre o irrelevante, siempre está la inseguridad de no responder adecuadamente al juego del mercado, pero un gran coleccionista no se detiene a meditar pues sabe que su encuentro con el arte es fugaz, a veces fortuito. En el proceso de crear o incrementar una colección de arte, el único error grave que podría cometerse es tratar de definir una fórmula o una estrategia de consolidación, porque el arte de verdad no se basa en ninguna fórmula, aunque algunos así lo piensen.

Sandretto y Spin Off

Gracias a este enfoque arriesgado y apasionado hacia el descubrimiento de nuevos artistas y nuevas obras que sacudan la historia del arte, surge la colección Sandretto Re Rebaudengo. Su fundadora, Patrizia Sandretto Re Rebaudengo, de origen italiano, apoya y promueve el trabajo de artistas italianos e internacionales a través de la producción y exhibición de sus proyectos. Spin Off es el título de la exhibición que se presenta este mes de julio en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito (CAC), una exposición curada específicamente para Sudamérica.

Spin Off es el nombre tomado de una de las obras de la exhibición: la instalación de Thomas Hirschhorn, porque, al igual que esta, la exposición genera una especie de red tridimensional de lo social a través de medios artísticos tradicionales y contemporáneos. Se trata de productos que surgen de una matriz, pero que cuentan historias paralelas derivadas de ese núcleo. A lo largo de la exhibición se manifiesta el deseo de reflexión sobre temas sociales muy propios de la actualidad.

Si bien esta exhibición no puede mostrar en su totalidad la variedad y profundidad de la colección Sandretto, sí es capaz de establecer un diálogo entre los distintos objetos y sus creadores, trascendiendo especificidades culturales y temporales para ofrecer algunas ideas provocadoras y una sólida resonancia contemporánea. Si la colección refleja la reciente historia del arte contemporáneo a través de las tendencias postmodernistas más emblemáticas, Spin Off es el vislumbre panorámico más enérgico hacia ese universo, y sus manifestaciones artísticas más emblemáticas: la instalación y los nuevos medios.

Valga decir que la instalación nace en Londrés en la segunda mitad de los ochenta. La capital británica se había convertido en plataforma para el desarrollo de una nueva tendencia en la escultura. Esta nueva generación tomó de los años sesenta y setenta las cualidades del performance, la fidelidad a los materiales, la coreografía espacial, entre otras técnicas, para combinarlas con una nueva narrativa tridimensional. Artistas como Tony Cragg, Richard Deacon, Anish Kapoor y Bill Woodrow hicieron objetos que reflejaban la vida cotidiana, desde su forma más efímera —una botella de plástico— hasta su evocación más espiritual. Su escultura no era una representación del mundo, “era un mundo en sí mismo,” en palabras de la directora de la galería Whitechapel, con la cual la Fundación Sandretto Re Rebaudengo ha colaborado en otras ocasiones. Así había nacido la instalación, y el espectador era la presencia que animaba la obra. La colección Sandretto Re Rebaudengo acogió a estos artistas europeos y a sus contrapartes americanas, al mismo tiempo que apoyó el talento hecho en casa de artistas italianos que se han desarrollado en el escenario mundial.

Cattelan, mi predilecto

Descubrí a Maurizio Cattelan en Nueva York, hace unos cuatro años. Me dejó boquiabierta. Helada. Hipnotizada. El Guggenheim presentaba una retrospectiva de su trabajo de la manera más ostentosa y monumental: de la rotonda del museo, una de las obras más icónicas de la arquitectura moderna, colgaban sus obras escultóricas. Me enamoré de golpe y porrazo, al estilo de Patrizia, quien afirma que fue “amor a primera vista” cuando adquirió Bidibidobidiboo, la ardilla que cometió suicidió, del mismo Cattelan, en una galería de Londres en 1996. Gracias a ese instinto, la coleccionista pudo seguir la trayectoria de este artista desde sus inicios hasta que se convirtió en una verdadera celebridad del mundo del arte. A mí me impresionó no únicamente el impacto monumental de la obra en conjunto, sino su atrevimiento en cada pieza que veía. Cattelan es adecuadamente llamado el “poeta trágico” de nuestros tiempos. Un bromista empedernido. Un provocateur. El outcast del mundo del arte.

Su obra tiene múltiples capas de profundidad. Es valiente, pero exige de nosotros la misma valentía. Frente a ella no podemos escapar de la reflexión, de una reflexión aguda en relación a los temas más delicados de la humanidad. Es político, antireligioso, pero nunca propagandístico. Siempre irónico. Nunca obvio. Coquetea con los clichés, pero no es banal. Parece burlarse de todo y de todos, pero lo único que hace es cuestionar, abrir un intenso debate frente a lo que vemos. Es juguetón, pero de una estricta seriedad, lo que puede causar fuertes reacciones emocionales. Lo que más cautiva de su obra es su complejidad escondida, su estructura dialéctica. Hoy, más que nunca, Cattelan es relevante. En un mundo dispar, ausente de sí mismo, racista y opresivo, Cattelan ataca el núcleo en común de todos los problemas: el abuso de poder.

En esta exhibición se encuentra la obra Catttelan, sí, con tres tes. Es una ampliación en neón blanco de su apellido hecha de su puño y letra, pero con esa “t” adicional. La apropiación de su apellido para resignificarlo en una imagen es un gesto tremendamente poderoso. Las tes evocan la crucifixión de Cristo en el Golgota, y con ello, la intervención de la Iglesia católica en el arte y su latente hegemonía. Las tres “cruces” representan la relación de Cristo con aquellos dos criminales sacrificados: uno que lo maldijo y el otro que lo reivindicó. En consecuencia, Cattelan atrae la atención hacia su apellido, tal y como es, con dos tes, esos dos signos que representarían la maldición y la salvación que existen dentro de él. El propio artista ha declarado que “es mejor ser varias cosas que una sola,” invocando la multiplicidad de conflictos que implica la identidad. Un must-see de esta exhibición. Definitivamente.

De Cindy Sherman a Zinedine Zidane

La fotografía, la instalación y el video son parte esencial de esta exhibición. Aquí, la fotografía se aborda como la representación de una imagen construida en la mente, no como un extracto de la realidad que tenemos al frente. Dentro de la fotografía contemporánea, la información que esta revela no es tan importante como la imagen del mundo que se está forjando y que navega entre la realidad y la ficción, duplicando o falsificando para denunciar lo que existe detrás de la ilusión. Tal es el caso de Cindy Sherman con sus audaces fotografías de mujeres provocadoras y de maniquíes que muestran partes íntimas del cuerpo, directa evolución de sus más tradicionales film stills y de aquellas fotografías icónicas de su trayectoria artística donde ella es ella, pero también es todas las mujeres.

También encontramos fotografías más sobrias de Elia Cantori, en parte de su serie Esplosione; de Paola Pivi, con su obra 100 Cinesi (100 Chinos); y de Giuseppe Gambellone, con Sín título, quien es principalmente un escultor, pero aquí retrata la incongruencia surrealista de espacios interiores versus exteriores.

Hablando de espacios, se halla una instalación de la artista francesa Dominique Gonzalez-Foerster, quien, desde la década de los ochenta, ha continuado su investigación sobre las ideas de espacio y de tiempo. Ahora se trata de Hotel Color, de 1995, y estaremos en este cuarto de hotel de pared rosa para sentir lo que ella afirma: que “el arte es más intenso como experiencia que como imagen”.

Luego viene Barbara Kruger, una artista norteamericana que, influenciada por el diseño gráfico y los medios de comunicación de masas, genera textos sobre imágenes fotográficas con fuertes implicaciones sociales o políticas. Talk is Cheap, de 1995, es la obra de Kruger que se exhibe en esta muestra del CAC.

Los videos son los platos fuertes de esta muestra. Videos de actualidad e históricos, abstractos y poéticos. Algunos han sido comisionados directamente por la fundación o coproducidos por esta. Uno de los más impresionantes es Cabaret Crusades: The Horror Show File, primer episodio de un ciclo de cuatro videos que tratan sobre la historia de las Cruzadas. El guión está basado en un ensayo del autor libanés Amin Maalouf, The Crusades Through Arab Eyes, que subvierte la lectura occidental sobre estas guerras religiosas. Para su producción, el director Wael Shawky utilizó títeres de la colección Lupi, de Turín. La belleza poética de las marionetas crea una atmósfera surrealista en la cual el horror de los hechos y la gran estética de las imágenes están ambiguamente conectadas.

Otro tema muy especial es History of the Main Complaint, del sudafricano William Kentridge, un artista complejo de altísimo calibre cuya obra está llena de laberintos y capas, pues se trata de una investigación profunda y concisa de la historia de las injusticias de su país, del apartheid, el racismo, de la persistencia de estas memorias. El video que nos muestra, que es en realidad la animación de 21 dibujos hechos en carboncillo y pastel, tiene que ver con esta temática. Y Kentridge, al igual que Shawky, vuelve a generar esa tensión entre la belleza de sus imágenes y la polémica de dichos temas.

Finalmente, Zidane: A 21st Century Portrait. Atravesando varias instalaciones de video, de diversas extensiones y temáticas, llegamos a una de las obras más emblemáticas de la muestra: un retrato del futbolista francés de ascendencia argelina Zinedine Zidane. O, más cariñosamente, “Zuzu”. Se trata de un largometraje de 90 minutos sobre el deportista, o mejor dicho sobre su estilo en la cancha, dirigido por Douglas Gordon y Philippe Parreno. La película está acompañada por la música de la banda escocesa Mogwai y fue filmada con diecisiete cámaras sincronizadas.

Spin Off es una muestra contundente que nos ofrece una vista panorámica del mundo del arte contemporáneo. La variedad de las obras seleccionadas tiene el objetivo de cuestionarnos sobre nuestra cultura contemporánea y sobre la propia contemporaneidad. Cada obra gira o spins off en torno al centro gravitacional de los nuevos medios y del peso de la actualidad, generando ese torbellino propio de la posmodernidad.

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Spin Off: la construcción, la deriva, la memoria

El Centro de Arte Contemporáneo de Quito (CAC) acoge una muestra sumamente importante, compuesta por un cuerpo de más de 65 obras de la colección privada italiana Sandretto Re Rebaudengo.

La exposición contiene obras de artistas cuyas prácticas han ampliado, establecido y legitimado muchos de los actuales discursos de las artes contemporáneas; artistas como Thomas Hirschhorn, Fishli & Weiss, Douglas Gordon, Anri Sala, Karin Sander, Cindy Sherman, entre varios otros, son parte de esta muestra que llega por primera vez a Sudamérica. Acercase a estos trabajos de manera directa, apreciándolos en su materialidad, en sus dimensiones reales, detalles y sutilezas, es realmente una experiencia significativa para cualquier visitante.

El curador Lorenzo Balbi toma para la muestra el título de la obra de Hirschhorn, Spin Off. Este término anglosajón, que significa derivado o salpicadura, y se refiriere, en términos generales, a un producto nacido como extensión de otro anterior, caracteriza muy bien esta muestra y la misma noción del arte contemporáneo, que se alimenta y es una remezcla de una serie de conocimientos y prácticas anteriores.

Para el Centro de Arte Contemporáneo, el proyecto de la muestra Spin Off ha sido un gran aprendizaje, pues ha significado la creación de tejidos y redes alternos para la cogestión y fortalecimiento de procesos culturales locales; la ampliación del espectro de diálogo entre lo público y lo privado; el perfeccionamiento de los instrumentos legales y administrativos con los que trabajamos; y el mejoramiento de nuestra infraestructura y tecnología para acoger de manera óptima las necesidades de ciertas prácticas artísticas contemporáneas.

Spin Off nos permite ver los flujos, secuencias y cortocircuitos en la construcción de la noción de las artes contemporáneas. Aquí se evidencian las investigaciones, reflexiones y prácticas que plantean los artistas, principalmente europeos y norteamericanos, en las últimas décadas. Sin embargo, después de quedar deslumbrados ante estas obras, y retomando una lectura local, en la búsqueda de entendernos contemporáneos desde la mitad del mundo, vemos que nos falta una parte, ese otro lado que ha salpicado (spin off) nuestra identidad desde otras culturas y contextos. Proponemos, entonces, el ejercicio de regresar la mirada al ombligo y preguntarse sobre la historia de las artes contemporáneas del Ecuador, esa historia que nos permitirá ubicarnos en el aquí y el ahora.

En el país no existe una colección de acceso público que contemple la producción artística local de las últimas décadas. Este vacío de la memoria contemporánea nos deja frágiles como individuos, como cultura, como sociedad. Por ello es impostergable la construcción de esa memoria: poner en valor este conocimiento desde una colección nos permitirá entender e interpretar el mundo que tenemos frente a nuestros ojos.

Coleccionar arte contemporáneo es, sin duda, un reto, pues nos enfrentamos a obras que rebasan lo objetual y se caracterizan por ser procesuales, temporales, efímeras. Actualmente, el CAC, entendiéndose como un espacio dinámico para la producción colectiva de conocimiento, asume de manera seria y sostenida esta reflexión para dar respuestas concretas a la necesidad de crear memoria de las artes contemporáneas locales.

Bajo el paraguas de una gran muestra como Spin Off y tomándola como pretexto para aterrizar las discusiones del coleccionismo en la escala local, tendremos, en el mes de septiembre, un encuentro internacional para pensar en el museo de arte contemporáneo ecuatoriano, potenciando así las dinámicas artísticas locales en diálogo con la escena internacional y porque estamos convencidos de que pensar el museo es empezar a construirlo.

Paulina León

Coordinadora del CAC

 

 

 

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