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Sinfonía heroica

por Fernando Larenas

Edición 462

La sinfonía napoleónica que causó la ira de Beethoven.

El escritor inglés Anthony Burgess (Manchester, 1917-Londres, 1993) fue muy comentado en los años setenta por una novela llevada al cine por Stanley Kubrick, con la magistral actuación de Malcolm McDowell‎. El filme La naranja mecánica ganó cuatro Premios Óscar, pero fue duramente criticado por violento; incluso el novelista aprobó el libreto a regañadientes.

El escritor fue también un excelente músico, lo cual se evidencia en la película por la marcada preferencia del protagonista principal, Alex DeLarge, por escuchar a Ludwig van Beethoven. DeLarge, personaje violento, adicto al sexo y a las drogas, fue sometido a un cruel experimento, que también fue cuestionado entonces por la ciencia.

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Malcom MacDowell es Alex DeLarge en La naranja mecánica, que se estrenó en 1971. Una increíble y agobiante película que refleja una caótica visión de la sociedad futura, cargada de violencia extrema, de odio y de salvajismo.

En los momentos más dramáticos de la película aparecían obras de Beethoven, además de algunas oberturas de Rossini y partes de obras sinfónicas de Mendelssohn. La misma película desplegó temas musicales que, según los críticos, fueron muy acertados.

Puedo aseverar que, gracias a la erudición del novelista en temas de música clásica, La naranja mecánica es de las películas mejor logradas, musicalmente hablando, salvo tal vez, y por capricho del director, por una escena de un desfile nazi con la coda de fondo de la Novena sinfonía, un error que pudiera inducir a relacionar al músico alemán con el fascismo, tal como ha ocurrido con ciertas óperas de Wagner que Hitler aplaudía con devoción.

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Fue tan real la admiración de Beethoven por un Napoleón triunfante en la Revolución francesa (1789), un hecho histórico tan significativo, que lo motivó a dedicarle su Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, opus 55, para luego dejar sin efecto el obsequio.

Anthony Burgess Leisa
Burgues fue un apasionado de la música. Dominador extraordinario de las lenguas —hablaba diez idiomas, entre ellos alemán, japonés, chino, hebreo y sueco— llegó a crear una totalmente ficticia, mezcla de inglés y ruso, a la que llamó nadsat, para usarla en La naranja mecánica. Pero lo más importante de sus creaciones literarias era su componente satírico, pues el humor sí fue un rasgo que recorrió casi toda su obra compuesta por comedias corrosivas, incorrectas y controversiales.
Fuente: www.elcomercio.pe

Burgess en su libro y otras publicaciones señalan a Jean-Baptiste Bernadotte, el cónsul de Francia en Viena, como la persona que sugirió a Beethoven el nombre de Napoleón Bonaparte para la sinfonía en mi bemol; la respuesta del músico fue “sí, la tiene muy merecida”; otra versión atribuye a Rodolphe Kreutzer, un violinista al que Beethoven le dedicó la Sonata para violín y piano n.º 9, opus 47, denominada Sonata a Kreutzer, que motivó a Tolstói a escribir un cuento que tuvo mucho impacto en la Rusia de los Románov.

Poco después la obra, que consta de cuatro movimientos, simplemente quedó bautizada como Heroica, porque en realidad tiene motivos musicales muy conmovedores, épicos, nacionalistas y la fuerza instrumental tan peculiar de las composiciones de Beethoven.

• Allegro con brío

• Marcha fúnebre (Adagio assai)

• Scherzo (Allegro)

• Finale (Allegro molto-Poco andante-Presto)

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Sinfonía napoleónica, una novela a cuatro movimientos está escrita y compuesta sobre la partitura de la Tercera sinfonía de Beethoven. Es un libro raro y chiflado que confirma lo apropiado de ese lugar común que estipula que dentro de todo manicomio debe haber por lo menos un demente convencido de ser Bonaparte. El libro reincide en el gran tema de Burgess: la odisea de un ser genial constantemente rodeado por imbéciles.

Entonces Burgess se decidió a escribir su libro Sinfonía napoleónica, una novela en cuatro movimientos, que publicó editorial Acantilado en 1974, doce años después de A Clockwork Orange (La naranja mecánica). El autor inglés escribió no menos de veinte novelas, incluida una que dedicó a otro de los grandes genios: Wolfgang Amadeus Mozart; además de ensayos sobre Shakespeare y Hemingway.

En la novela muestra a Napoleón como un hombre visionario, delirante, que patalea, vocifera y ríe; que encuentra en su infiel Josefina un remanso de paz, de amor verdadero, tal como se señala en la presentación del libro.

Los historiadores no siempre coinciden con las versiones; sin embargo, la de Burgess está bastante apegada a lo que dice la mayoría respecto de la Tercera sinfonía, que es la que cambia el curso de la música sinfónica en una transición de lo clásico al romanticismo temprano.

Con la incursión de esta obra de Beethoven en el repertorio universal comenzaron a quedar atrás los más selectos compositores clásicos de entonces (ambos austríacos): Mozart y Joseph Haydn.

La indignación del músico alemán con el militar francés se explica en lo que Burgess denomina Una epístola al lector. Anota que cuando Beethoven decidió la dedicatoria, ya se percibían ciertos rasgos de ogro y de autoritario que molestaban e inquietaban; pero el músico no tenía dudas de que se la merecía.

Ludwig, que amaba los ideales revolucionarios del francés, airado rompió la dedicatoria y exclamó: ¿Héroe del siglo? Ach nein (oh, no): un tirano más. La sinfonía en su interior ostenta sones heroicos en mi bemol, la tonalidad más épica, según Burgess.

Todo cambió cuando Napoleón se autoproclamó emperador, en mayo de 1804. El músico alemán, que nació hace 250 años, se indignó tanto que borró el nombre de Bonaparte de la página del título, con tal fuerza que su lápiz se rompió y dejó un agujero en una hoja de la partitura, se cuenta a modo de anécdota en otros textos.

Peter Watson, en Ideas, destaca que hay dos composiciones que cambiaron el curso de la historia de la música para siempre: la Sinfonía heroica, estrenada en 1805, y la Novena sinfonía, interpretada por primera vez en 1824.

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Beethoven estrenó su Novena sinfonía, el 7 de mayo de 1824, en el Kärtnertortheater (Teatro de la Puerta Carintia) de Viena, Austria. La obra fue un éxito debido a su alto contenido expresivo y a un discurso musical sin precedentes.

El compositor Harold Schonberg cree que el estreno de la Heroica fue uno de los grandes acontecimientos históricos. El público que asistió, señala, “estaba ante un monstruo de sinfonía, más larga que cualquiera de las que se habían escrito hasta entonces y con una partitura muchísimo más rica”.

De formas complejas, fuerza titánica, una sinfonía de disonancias feroces, con una marcha fúnebre de una intensidad paralizante. La Heroica y su patetismo, según el mismo Schonberg, “no han sido superados”.

George Marek (1902-1987), uno de los mayores biógrafos sobre los grandes compositores musicales, se expresaba así de la Heroica: “Lo ocurrido (durante el estreno) debió de haber sido similar a escuchar la noticia de la división del átomo”.

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Acerca de Fernando Larenas

Periodista. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.
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