Síndrome de Ulises o “no ser de aquí ni de allá”

Independientemente de las condiciones económicas o personales de los migrantes, es común que todos experimenten nostalgia durante el proceso de adaptación.

Síndrome de Ulises.
Ilustración: Shutterstock

“Y Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumido a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente” (Odisea, canto V, pág. 150). Esa emoción, la nostalgia, la sienten los migrantes de todo el mundo cuando fijan la vista en el infinito, como si pudieran extender las manos y atravesar las nubes o el mar para encontrarse en un abrazo con los seres amados que se quedaron allá.

Joseba Achotegui, psiquiatra especializado en migración y transculturalidad, le ha puesto nombre a este sufrimiento y lo ha denominado síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple o síndrome de Ulises, en alusión al héroe de la mitología griega que, tras superar un sinnúmero de adversidades, tardó veinte años en regresar a Ítaca, la isla de la que era rey. En ese tiempo el guerrero obtuvo grandes victorias, mas no conseguía ser feliz con estos triunfos porque su mente se había quedado anclada en la añoranza de su tierra y en el anhelo de reencontrarse con sus seres queridos.

“Emigrar supone el padecimiento de unos niveles de estrés de tal intensidad que llegan a superar las capacidades humanas de adaptación: soledad por separaciones forzadas de los seres queridos, fracaso del proyecto migratorio, lucha por la supervivencia, permanencia constante de miedo, etc.”, asegura Joseba Achotegui, profesor titular de la Universidad de Barcelona y director del Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados (Sappir) de Barcelona.

Es obvio que este sufrimiento puede llegar a ser mucho más intenso en aquellas personas que dejan atrás sus hijos o su pareja, quienes huyen por motivos políticos, los que son de otra raza o grupo étnico, y también los que se encuentran con el reto de tener que aprender otro idioma. Con todo, todos los inmigrantes afrontan el proceso de adaptación y de transformación, independientemente de sus condiciones sociales, personales o económicas, dado que siempre conlleva desarraigo y nostalgia. El escritor y periodista colombiano Santiago Gamboa muestra con detalle esta odisea en una novela que, precisamente, lleva por título El síndrome de Ulises.

En palabras de la psicóloga de Psiquealive, Gabriela Castro, “Si no se trata a tiempo, el síndrome de Ulises puede convertirse en crónico y avanzar desde la tristeza hasta la depresión o ansiedad, por lo que puede impedir una salud completa”. Según la experta, esto puede ocurrir cuando no se han sabido manejar los principales duelos migratorios: parcial, recurrente y múltiple.

En el mito de Odiseo, por ejemplo, el duelo es recurrente porque Ulises no tuvo contacto con su esposa, Penélope, y con su hijo, Telémaco, durante el exilio forzado con su patria. Aunque no consiguen identificar al héroe por su aspecto exterior, sí logran hacerlo por medio de un secreto que tan solo Penélope y él conocen.

El síndrome de Ulises es una novela de ficción ha palpado con el dramatismo, tensión y belleza en el mundo de los inmigrantes.

El proceso y las emociones

La experiencia que vive el migrante se refleja en un proceso adaptativo que culmina en una transformación cuando por fin asimila la nueva cultura. Podría dividirse en cuatro fases. La primera tiene lugar cuando el extranjero llega al nuevo país y se esfuerza por aprender los usos y costumbres y, si fuera el caso, el idioma en un tiempo récord. Apenas le queda tiempo para pensar en lo que le está sucediendo, porque se concentra en superar los principales obstáculos: formalizar su visado y tener en regla sus papeles. A todo esto, se suma el esfuerzo por dar lo mejor de sí mismo en el trabajo, socializar y tratar de comprender el mundo que le rodea.

Pasados entre diez meses y un año, comienza una segunda fase más reflexiva, en la que tal vez se haya acostumbrado a su casa, a la zona en la que vive, al comportamiento de la sociedad, pero también se cuestione si tanto esfuerzo ha merecido la pena. Lo habitual es extrañar la comida, los olores o los paisajes de su tierra natal y, por supuesto, a sus seres queridos y amistades.

Existe un período intermedio, una tercera fase donde la vida del migrante en el país de acogida está más asentada y ya tiene un mayor conocimiento y manejo de las situaciones cotidianas. Si el nivel de integración ha sido bueno, se encontrará a gusto y manifestará que el balance ha sido positivo. Aquí, hará planes para viajar a su país de origen y visitar a sus familiares y allegados.

Por último, la cuarta fase no está exenta de conflicto. Es probable que la persona que ha pasado quién sabe cuántos años lejos sienta miedo de regresar, al no saber qué podría encontrarse o cómo habrán cambiado las cosas en su ausencia. Efectivamente, la vida siguió su curso sin que estuviera presente y se dará cuenta de que se perdió muchas cosas que no podrá recuperar. Cuando el migrante retorna a su país se hace realidad el estribillo de aquella canción de Facundo Cabral que se titula “No soy de aquí, ni soy de allá”. Ahora, el migrante también será extranjero en su propio país.

Datos prácticos

La psicóloga Gabriela Castro, de Psiquealive, ofrece los siguientes consejos para sobrellevar el síndrome de Ulises y evitar que la tristeza derive en depresión:

  • No perder el contacto con las personas queridas del país de origen (videollamadas, mensajes, etc.).
  • Disminuir el estrés con deporte, relajación, respiraciones…
  • Tener la mente abierta y no abandonar los sueños que motivaron el viaje.
  • Acoplarse al nuevo país y aceptar su cultura.
  • No aislarse.
  • Tener una red de apoyo social.
  • Contactar con personas de su mismo país.

Duelos migratorios

Duelo parcial

Es la separación del país de origen, y se define así porque este siempre estará ahí y habrá la posibilidad de volver.


Duelo recurrente y de larga duración

Se produce cuando se mantiene contacto mediante llamadas o visitas vacacionales y perdura el deseo recurrente de regresar, en el caso de fracasar.

Duelo múltiple

Agrupa diferentes duelos: familia y seres queridos, lengua, cultura, tierra (paisajes, olores), estatus social, contacto con el grupo de pertenencia y riesgo de integridad.

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