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Síndrome de Ulises o “no ser de aquí ni de allá”

por Julia Gutiérrez

Independientemente de las condiciones económicas o personales de los migrantes, es común que todos experimenten nostalgia durante el proceso de adaptación.

Síndrome de Ulises.
Ilustración: Shutterstock

“Y Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumido a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente” (Odisea, canto V, pág. 150). Esa emoción, la nostalgia, la sienten los migrantes de todo el mundo cuando fijan la vista en el infinito, como si pudieran extender las manos y atravesar las nubes o el mar para encontrarse en un abrazo con los seres amados que se quedaron allá.

Joseba Achotegui, psiquiatra especializado en migración y transculturalidad, le ha puesto nombre a este sufrimiento y lo ha denominado síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple o síndrome de Ulises, en alusión al héroe de la mitología griega que, tras superar un sinnúmero de adversidades, tardó veinte años en regresar a Ítaca, la isla de la que era rey. En ese tiempo el guerrero obtuvo grandes victorias, mas no conseguía ser feliz con estos triunfos porque su mente se había quedado anclada en la añoranza de su tierra y en el anhelo de reencontrarse con sus seres queridos.

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