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Sin gracia ni romance.

por Jorge Ortiz

Edición 433 – junio 2018.

El relevo en la presidencia de Cuba abrió muchas incógnitas, pero despertó muy pocas esperanzas.

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No fue un final épico, grandioso, de revolucionarios infatigables con el fusil al hombro, de aquellos cuyo ícono y emble­ma fue el Che Guevara en la famosa foto del Guerrillero Heroico. Fue, más bien, un final moroso y burocrático, con bostezos y apatía, que recordó los tiempos finales de la Unión Soviética, en vísperas del desplome definitivo, cuando el gigante vencido trata­ba de proyectar un vigor y un empeño que ya nunca más tendría.

Y, así, Raúl Castro dejó la cúspide del poder en Cuba —y con él, por ahora, toda su dinastía— “sin gracia ni romance”, según la descripción contun­dente y pulcra de Yoani Sánchez, la más lú­cida y valiente periodista cubana.

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Acerca de Jorge Ortiz

Si bien la televisión ha hecho que el público lo conozca, su mejor faceta es la de la escritura, donde demuestra no solo un envidiable conocimiento histórico, sino un estilo terso e impecable. Él dice lo que piensa y lo que cree.
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