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De feriados y gusarapos

por John Dunn Insua

feriados
Ilustración: Shutterstock.

Es curioso notar cómo nuestra medida del tiempo se basa en los feriados. Apenas termina el carnaval, y ya estamos contando los días que faltan para que sea Semana Santa. Y luego de la resurrección de Cristo, revisamos el calendario, buscando saber para cuándo quedó el puente vacacional que conmemora la heroica gesta de Abdón Calderón, quien, sin piernas ni brazos, llevó la bandera entre los dientes; arrastrándose como gusarapo en el campo de batalla del Pichincha. Los españoles, ante la transformación del Niño Héroe en una patriótica lombriz humana, huyeron a España, llenos de pavor y náuseas, y gracias a ello logramos nuestra independencia. Eso merece ser recodado y celebrado con una pasividad absoluta, donde solo se usen nuestras energías para prender la tele o abrir una cerveza.

Entre las masas existe la idea, no aceptada formalmente, de que solo en el feriado vivimos a plenitud. Nos autoexplotamos y nos dejamos explotar por el jefe de turno para poder disfrutar de tres días lejos del trabajo. Nos motiva creer que ese tiempo fuera del camello será una suerte de Valhalla balsámico que nos compensará toda la felicidad de la que nos privamos de lunes a viernes, de ocho de la mañana a cinco de la tarde.

Cierto es que siempre nos viene bien alejarnos de las usuales criaturas que habitan en el típico ecosistema laboral. Me refiero al supervisor vampiro que absorbe las ganas de vivir a sus subalternos; el usual personaje que aún no se explica cómo llegó al cargo que ostenta; el bobo cursi que pretende enamorar a la guapa de la oficina, enviándole una foto de unas vacas horrendas (obviamente, manda dicha foto, sin que su pelada se entere); el parásito que delega a otros los trabajos que son su responsabilidad; la criatura que arruina los coffee breaks, porque solo se la pasa hablando de sus problemas; el ente humano que incomoda, porque no puede hablar con alguien sin evitar tocarlo demasiado; o aquel que no engaña a nadie con su soberbia, porque todos saben que llora en la ducha todas las mañanas y que su pareja tenía motivos de sobra para abandonarlo.

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Acerca de John Dunn Insua

Arquitecto, urbanista y escritor. Profesor e Investigador de la USFQ. Escribe en varios medios de comunicación; saltando de lo académico a lo cínico, sin mayor complicación. Ha publicado también como novelista.
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