Si no hablas, mejor canta.
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Si no hablas, mejor canta.

Por Milagros Aguirre.

Ilustración: ADN Montalvo E.

Edición 453 – febrero 2020.

Firma---Milagros---1

Quienes predecían que las lenguas indí­genas estaban por desaparecer no han visto lo que YouTube es capaz de hacer: Renata Flores, niña indígena de Ayacucho, subió un video con una canción de Michael Jackson cantada en quechua y tuvo más de un millón de visitas. Con eso ha querido reivindicar su idioma frente a jóvenes de su misma edad que se avergüenzan de hablarlo. Hoy los vi­deos de Renata Flores son cantados y segui­dos, multiplicando audiencias y rompiendo fronteras y estereotipos.

En el Ecuador, uno de los mayores hits se titula “Solterito sanai”, canción bilingüe que tiene tres millones de visitas. Es una produc­ción de Puka Dreams. Su página tiene 4 680 suscriptores. Luego de los eventos de octu­bre de 2019, jóvenes indígenas realizaron un video llamado Rikchari (Despierta), en el que el rap es la voz, tanto en kichwa como en español, para mostrar el descontento y la rebeldía de los jóvenes indígenas. El video, a los dos meses de difusión, llegó a tener 105 390 visitas y el mismo número de likes.

Los jóvenes de La Mafiandina no paran. Ellos producen videos de música rap, tam­bién bilingüe, para hablar de muchas cosas: desde violencia contra la mujer hasta la si­tuación de los jóvenes indígenas el día de hoy, los prejuicios, la discriminación, pero también la urgencia de revalorizar su cultura y con ella, su idioma, de hablarlo y de expre­sarse en él.

La música parece ser una mejor vía de rescate cultural y todavía mejor para man­tener vivas las lenguas, sobre todo, las len­guas indígenas que son transmitidas desde la tradición oral y cuya escritura cuesta más. Omaronky Tega canta en waotededo en pis­tas, y sus videos sobre la selva y la riqueza de Bameno y el Yasuní tienen cada vez más acogida y más seguidores: él canta en las fiestas de las comunidades y anima sobre la importancia de defender la Amazonía. Lo hace con pistas de música chicha, legado de los kichwas, pero sin perder su autenticidad de guerrero waorani, ahora con un arma más poderosa entre los jóvenes: la música.

La cantidad de seguidores de las produc­ciones audiovisuales de artistas de Otavalo, por ejemplo, indicarían que el kichwa goza de buena salud: los jóvenes lo están cantan­do, a modo de rap o de pop, para hablar de sus problemas y sus esperanzas. Quienes an­ticipan la muerte de las lenguas minoritarias al parecer están equivocados.

Estas manifestaciones no han necesitado ni de la Academia, ni de quienes dicen de­fender el patrimonio, ni de oenegés u orga­nismos internacionales. Cuando se muere una lengua se muere una cultura. Todo indi­caría, ahora, que los jóvenes indígenas, con­tradiciendo las predicciones de académicos y agoreros, quieren mantener vivo lo suyo. Y lo hacen desde el mestizaje, desde el pop o desde el rap, cantando en su idioma, inven­tando nuevas canciones, contando y cantan­do lo que sienten y lo que quieren expresar, en sus lenguas vivas.

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