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Sandro y la generación que miraba las estrellas

por José Luis Barrera

El 11 de abril de 1970 los estadounidenses esperaban que el Apolo 13 aterrizara en la Luna, al cabo de 72 horas. Mientras tanto, los latinos miraban al Madison Square Garden, donde un sol llamado Sandro se elevó por primera vez.

Sandro

El latino que cruzó el Rubicón

Sandro estaba programado para dos presentaciones en Nueva York: una el 11 y otra el 12 de abril de 1970. Antes del primer concierto, la policía no había tomado demasiadas precauciones, al fin y al cabo se trataba de un “artista de latinos”, el primero en atreverse a cruzar ese Rubicón americano que es el río Hudson.

Desde muy temprano, una catarata de jóvenes inundaba las avenidas obstaculizando todo. Se veían chicas con pantalones acampanados y muchachos en camiseta o chaqueta de cuero. Diluían la calle, ilusionados con ver a ese semidiós de caderas epilépticas.

Dentro del Madison Square Garden la tensión erótica era terrible, como si se tratase de un romance al fin consumado, luego de años de espera. Había gritos de emoción y las paredes del pabellón deportivo estaban a punto de estallar.

De pronto, la voz del locutor de radio Jorge Cacho Fontana hizo un dique en la ansiedad del público con una frase brevísima, como un disparo a quemarropa: “Aquí está el ídolo de América, aquí está ¡Sandro!”.

Enseguida, irrumpieron los acordes de “Rosa, Rosa” y el artista de veinticuatro años salió corriendo al escenario donde le aguardaban alrededor de cinco mil personas.

Tengo un mundo de sensaciones, un mundo de vibraciones que te quiero regalar”, les dijo con su voz de seductor profesional.

Aquella desfachatez casi no le permitió llegar a la segunda canción porque miles de mujeres se pusieron a gritar y casi se abalanzan sobre sus huesos. El artista, entre aterrado y muerto de risa, pidió que los fanáticos volviesen a su sitio para evitar conflictos con una policía que, para entonces, estaba al borde de un ataque de nervios.

La gente, embrujada, lo obedeció, aunque sus mentes y retinas se acalambraban con los movimientos descomunales de un Sandro que, pese a las apariencias, no estaba al cien por ciento. Antes de viajar a Estados Unidos había contraído una gripe fuerte en el set de su película Muchacho.

La enfermedad no se notó: durante la noche, “Quiero llenarme de ti”, “Me amas y me dejas”, “Fácil de olvidar” fueron premiadas con aplausos y alaridos de placer. Sin embargo, sus amigos sabían que solo una hora antes del espectáculo el cantante iba de un lado a otro del camarín, mientras hacía lo imposible por sacar sus temas con humo de cigarrillo.

Houston, we've had a problem!

La misión Apolo 13 despegó del Centro Espacial Kennedy el 11 de abril de 1970 a las 14:13, pero mantuvo en vilo a los estadounidenses por 143 horas. Dos días y medio después del inicio de su viaje, uno de los tanques de oxígeno del módulo estalló. Tras unos segundos de silencio, los astronautas Swigert y Lovell lograron retomar la comunicación con la Tierra:

Okay, Houston, we’ve had a problem!

Base de control nasa 1
Sala de control de operaciones de la misión Apolo 13. Fotografía: Wikimedia.org

La misión estaba destinada a alunizar en un cráter del satélite pero, luego del sablazo de aquella frase, el objetivo pasó a ser la mera supervivencia.

En el planeta, científicos y pilotos trabajaban a toda prisa para lograr estabilizar el módulo, evitando explosiones, despresurización o falta de oxígeno. Entre el equipo destacaba Ken Mattingly, quien originalmente iba a ser el piloto de la nave, sin embargo, tres días antes del despegue estuvo en contacto con gente enferma de rubeola y lo descartaron. Al final, nunca se confirmó el contagio, mas su ausencia fue definitiva para salvar la misión.

Mientras los astronautas se empeñaban en parar la catarata de eventos desafortunados, Mattingly pretendía hallar soluciones a bordo de una cápsula espacial de ensayo dentro del Centro Espacial. Luego de horas extenuantes, él, varios ingenieros y el controlador de vuelo, John Aaron, propusieron resolver el problema de la energía reiniciando el módulo después de ejecutar un apagado total de la nave. La maniobra fue un riesgo que probó ser eficaz, de tal modo que los pilotos lograron circunvalar la Luna, eso sí, sin llegar a tocarla.

Los medios de comunicación estaban pendientes del minuto a minuto y en varias partes de Latinoamérica el fracaso del Apolo 13 disputaba la audiencia con el éxito de Sandro en Nueva York. Se sabe que emisoras de radio alternaban sus transmisiones entre uno y otro evento.

tripulantes nasa 1
Los tripulantes Swigert, Lovell y Haise. Fotografía: Nasa.

Finalmente, la nave hizo un amerizaje exitoso después de casi seis días de vuelo. El capitán fue recomendado para una condecoración, pero declinó solicitando que se la entregasen a todo el equipo de la NASA.

El segundo asalto

Mientras el Apolo 13 viajaba hacia el fracaso, Sandro entró al Madison Square Garden para su segundo concierto. A pesar de que seguía agripado, se había propuesto sublimar su triunfo de la noche previa. La policía neoyorquina, ya menos confiada, puso vallas y envió más agentes para contener a los fanáticos de ese extraño latinoamericano al que su propia música parecía provocarle ataques cardíacos.

Sin embargo, la multitud fue mucho menos obediente esta vez y ni siquiera los llamados al orden del artista lograron contener a las mujeres que se colaban en el escenario para tocar al ídolo con pies de plomo. Pronto fue evidente que los agentes, sus cercas y porras servían para poco. Como si se tratase de un río durante la tormenta, las personas que se habían quedado fuera inundaron las calles con gritos que clamaban por Sandro, mientras los escaparates de las tiendas recibían piedrazos.

Fanáticas de Sandro
El primer evento musical transmitido en vivo vía satélite.

Dentro del Madison Square Garden, algunas fanáticas violaron el proscenio para robar un pedazo de ropa del músico o, si eran más afortunadas, hasta un beso. No era raro ver entre los asistentes a un hombre prorrumpiendo en llanto o a una mujer convertida en bacante. Al final, Sandro no era un hombre, era una estrella.

Con el alma en un hilo, los neoyorquinos no sabían qué era peor: la derrota de su cohete que daba vueltas con el motor apagado o la locura de cientos de jóvenes hispanos que recitaban extraños sutras con efecto erótico.

Finalmente, los policías abatieron a la turba de muchachos y el orden se restableció del mismo modo que el Apolo 13 volvió tras el reinicio del sistema. A la mañana siguiente, Sandro, todavía confuso, se rehusaba a aceptar su triunfo:

“¡No, yo solo soy un cantante de moda!”, le dijo a un periodista cuando este le comentó que lo comparaban con Elvis Presley o Tom Jones.

Su modestia aparecía casi al mismo tiempo que la de los astronautas del Apolo 13, quienes siempre dijeron que salvar la misión no fue su logro, sino el de toda la NASA.

Sandro
Sandro y Jorge "Cacho" Fontana su presentador en el Madison Square Garden.

Sandro había cantado veintidós canciones cada noche a pesar de estar con la garganta seca. Al día siguiente, regresó a Argentina y una multitud lo recibió para aclamarlo; ellos, los que vivían lejos de Nueva York, tuvieron la suerte de ser testigos de la primera transmisión en vivo y vía satélite de un concierto. Según los sondeos, la audiencia fue cercana a los 250 millones de personas en varios lugares de Latinoamérica.

Esta cifra astronómica tiene un parangón: el Apolo 13 contó sus peripecias a través de cincuenta canales de audio, sincronizados de modo tal que podían reproducirse al mismo tiempo que se emitían los mensajes. En total hubo archivos auditivos de la misión equivalentes a 7200 horas.

Y ese muchacho de Lanús pasó de ser Roberto Sánchez Ocampo a Sandro de América ―es decir, de todo el continente― el mismo día en que una nave salió de la Tierra para conquistar la Luna.

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Acerca de José Luis Barrera

Periodista por formación, cuenta cuentos por vocación. Como todo cronista de Indias (millennial en este caso), sus relatos son el resultado de viajes a través de la geografía, pero también a través de los libros.
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