Skip to main content

La república más antigua del mundo

por Jorge Ortiz

El Galileo había muerto en una cruz (y, según decían sus seguidores, había resucitado al tercer día), sus apóstoles habían sido desbandados y perseguidos y sus enseñanzas habían sido proscritas, a pesar de lo cual el cristianismo se extendía sin pausa por el Imperio Romano, en medio de la clandestinidad y el peligro, celebrando sus ritos en la obscuridad de las catacumbas y difundiendo sus principios persona a persona, a media voz.

Era urgente detener ese contagio. Y en el año 284, cuando Diocleciano fue proclamado emperador por sus legiones, que lo admiraban y lo veneraban, la decisión final fue tomada: esa doctrina “prava et inmódica”, “malvada y desenfrenada”, sería erradicada del todo y para siempre.

Diocleciano, en efecto, se dedicó a eliminar una por una las amenazas contra la magnificencia del Imperio y contra el poder de su trono. Enfrentó a los sármatas y a los alamanes y desplegó sus legiones desde el Danubio hasta Egipto. Todas las fronteras fueron aseguradas, incluso la que separaba a los romanos de sus enemigos habituales, los persas sasánidas.

Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
¡Lee sin límites! HAZTE PREMIUM o Iniciar sesión

Etiquetas:

Imagen de perfil

Acerca de Jorge Ortiz

Si bien la televisión ha hecho que el público lo conozca, su mejor faceta es la de la escritura, donde demuestra no solo un envidiable conocimiento histórico, sino un estilo terso e impecable. Él dice lo que piensa y lo que cree.
SUS ARTÍCULOS