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La República de las Letras

por Verónica Jarrín Machuca

¿Existió un país sin límites ni territorio, habitado por una comunidad intelectual dedicada a leer, escribir, reflexionar, crear y compartir? Sí, y se trató de La República de las Letras, un espacio simbólico, poblado por filósofos, escritores, científicos y artistas que se reconocieron como sus ciudadanos.

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Francesco Petrarca. Fotografía: Alamy Photo Stock.

Los miembros de esta comunidad promovían la colaboración y el libre intercambio de conocimientos. De hecho, esta república fue la antecesora de sociedades y academias científicas o las actuales redes sociales académicas.

Estudio de los clásicos

El origen del término República de las Letras se remonta al Renacimiento. Entre los siglos V y XV se produjo la destrucción de algunas bibliotecas, como la de Trípoli. En los scriptoria de los monasterios se guardaban celosamente los restos de obras de Grecia y Roma, y se copiaban los libros que pasaron a nutrir las nuevas bibliotecas de las nacientes universidades. Estos tesoros no eran de fácil acceso para quien no perteneciera al clero o a los centros universitarios.

En ese contexto, hacia el siglo XIV, las élites seglares empezaron a buscar control sobre el conocimiento. El poeta aretino (Italia) Francesco Petrarca tenía la idea de revivir la paideía griega (educación del individuo) a través de la formación integral de los miembros de las élites laicas. Petrarca se propuso recuperar y analizar los clásicos grecorromanos para debatirlos con eruditos seglares, interesados en la preservación del saber: los llamados humanistas. Para esto inició una red de discusión por cartas con otros pensadores de su tiempo como Giovanni Boccaccio y Coluccio Salutati.

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Coluccio Salutati. Fotografía: Alamy Photo Stock.

Precisamente, una de las primeras referencias a la República de las Letras la hizo el veneciano Francesco Barbaro, discípulo de Petrarca. En 1417, en una carta dirigida al toscano Poggio Bracciolini, le agradeció por enviarle unos manuscritos descubiertos en Alemania y ponerlos a disposición de la res publica literaria, es decir, de los miembros de la comunidad letrada.

A través del envío de manuscritos y cartas, los humanistas se identificaban como una sociedad comprometida con compartir ideas y acrecentar el conocimiento sin límites geográficos. Se apoyaban para conseguir permisos de acceso a bibliotecas en distintas ciudades y se enviaban hallazgos. Con la lectura de los clásicos, los humanistas de la República de las Letras pretendían borrar también el límite del tiempo, pues podían mantener un diálogo intelectual con autores que ya no estaban vivos.

No todo lo escrito es oro

La aparición de la imprenta implicó una revolución cultural que facilitó el acceso de la población a los libros clásicos y favoreció la reproducción de nuevas obras. Algunos académicos se sintieron preocupados por la calidad de la producción impresa y reflexionaron sobre la necesidad de desarrollar una discusión crítica sobre los escritos publicados.

Uno de ellos fue el escritor español Diego de Saavedra Fajardo. Él es autor de República literaria, una sátira sobre la ciencia y el conocimiento adquirido a través de libros. Saavedra Fajardo se queja de la producción indiscriminada de textos impresos y cuestiona también la erudición libresca de algunos de sus contemporáneos.

República literaria cuenta la historia de un hombre que despierta en una ciudad circundada por un foso lleno de un líquido oscuro, como tinta, y defendida por cañones que disparaban papel. Se encuentra con un guía, M. Varrón, quien lo conduce a unos campos de heléboro, planta utilizada para cultivar la memoria. Saavedra aprovecha el recorrido de su personaje para realizar reflexiones como, por ejemplo, si la pintura o la escultura tienen mayor preeminencia y realiza una reflexión sobre la calidad de los poetas más destacados de la época. El protagonista se encuentra con Nebrija y los gramáticos, y Varrón dialoga con él sobre la enseñanza del lenguaje. Velázquez, Demócrito y Heráclito son otros de los personajes que aparecen en esta República literaria para discutir ideas sobre las artes, la filosofía y la educación.

Este libro de Saavedra es un ejemplo de un paisaje utópico que albergaba el conocimiento, del cual se sentían parte los amantes de la sabiduría y la reflexión. Es una de las primeras descripciones de una nación dedicada al saber.

Ciudadanos ilustres

Entre los siglos XVI y XVIII surgieron asociaciones y grupos de estudio que podían no estar adscritos a una universidad y burgueses que cultivaban el “ocio estudioso”. El saber no estaba especializado, algunos filósofos hacían investigación científica y reflexión estética. Los científicos estudiaban teología o lenguas junto con matemáticas y astronomía. El diálogo y el intercambio de ideas fueron la plataforma de la Ilustración, por lo que la República de las Letras se mantuvo como una red epistolar que favoreció la discusión científica. En este período la escritura de cartas fue una práctica tan importante como la publicación de libros: estas se revisaban y editaban para publicarse o integrar colecciones personales.

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Imagen tomada del proyecto Mapping the Republic of Letters, de la Universidad de Stanford, que representa el intercambio epistolar en el período de 1700 a 1750.

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Galileo Galilei. Fotografía: Wikipedia.org

A inicios del siglo XVI Bonifacius Amerbach llamó a Erasmo el “monarca de toda la República de las Letras”. Erasmo era un filósofo reconocido en Europa cuando usó el término República de las Letras en sus coloquios y cartas para hablar de la comunidad científica occidental. Él mantuvo una abundante correspondencia con pensadores de todo el continente, como el británico Tomás Moro o el español Juan Luis Vives.

La Universidad de Stanford, en un proyecto para rastrear la correspondencia de los miembros de la República de las Letras, ha registrado las cartas del italiano Galileo Galilei (algunas dirigidas a Johannes Kepler, por ejemplo), las del francés Voltaire, las del inglés John Locke y las del estadounidense Benjamin Franklin, todos ellos miembros ilustres de este sistema de colaboración.

Otros integrantes de esta gran comunidad fueron Isaac Newton y los franceses René Descartes y Marin Mersenne, este último conocido como el secretario de la República de las Letras.

Las mujeres de esta república

Noël d’Argonne, en su obra Mélanges d'histoire et de littérature, de 1700, decía sobre la nación de los letrados: “Abarca el mundo entero y está poblada por gente de todas las naciones, condiciones sociales, edades y sexos, ni las mujeres ni siquiera los niños son excluidos”.

Efectivamente, en la República de las Letras ilustrada, las mujeres tuvieron gran protagonismo. Por una parte, actuaron como anfitrionas de los salones donde las élites se reunían a discutir de ciencia, artes y política. Esas discusiones continuaban luego por carta.

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Anna Maria Van Schurman. Fotografía: Wikipedia.org

Por otra, aparecen pensadoras ilustradas como la poeta y académica holandesa Anna Maria van Schurman, quien fue una de las primeras mujeres en asistir a la universidad. Erudita, versada en filosofía, teología y conocedora de catorce lenguas, Anna Maria mantenía correspondencia —en latín, que era el idioma utilizado para las discusiones científicas— con personajes como el astrónomo y matemático Pierre Gassendi o el filólogo y sabio francés Claude Saumaise. También tuvo intercambio epistolar con otras mujeres como la teóloga revolucionaria Antoinette Bourignon y la culta viuda Dorothy Moore; con esta última se escribían en hebreo. Van Schurman fue mentora de la princesa Isabel de Bohemia, quien también integraría la población femenina de la República de las Letras. Anna Maria escribió algunas disertaciones en las que defendía el derecho de la mujer al estudio y la igualdad de sus habilidades intelectuales, ideas que discutía en cartas que enviaba a sus contemporáneos.

Aunque dentro de la República de las Letras no todo era color de rosa, pues hubo rivalidades, denuncias de plagio, celos académicos y juegos de poder, el respeto por la diversidad y el amor al estudio fueron valores arraigados en los miembros de esta comunidad invisible. Pese a que en la actualidad la circulación de la información sea mucho mayor, las posibilidades de conexión sean infinitas y existan redes y sociedades científicas especializadas, recordar la República de las Letras puede llevarnos a pensar en el valor que le damos hoy al conocimiento y a la aceptación de ideas diversas.

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Acerca de Verónica Jarrín Machuca

Verónica Jarrín Machuca es catedrática universitaria, periodista y escritora, ha publicado artículos y ensayos en diversas revistas nacionales e internacionales.
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