En los países con mayor poder adquisitivo las personas se enfrentan a la paradoja de la elección: tener demasiadas opciones entre las cuales elegir.
Es un problema del Primer Mundo o de personas acomodadas sin importar su ubicación geográfica en el orbe, o de las pocas parcelas que el mercado ha globalizado y que solo se pueden experimentar, aunque sea breve y esporádicamente, a condición de ser consumidor. Es la angustia de tener muchas opciones para escoger, además, estar en capacidad de elegir y sentirse —a pesar del inmenso ¿lujo? que esto representa— infeliz. En resumen: infelicidad por abundancia de opciones y el hecho de que podemos escoger la que queramos.
Un fenómeno que se deriva de esta sensación es la paradoja de la elección. La economía y otras ciencias que estudian el consumo han profundizado en este comportamiento que demuestran algunas personas en su papel de consumidoras. Lo curioso es que cada vez más alcanza a otros espacios de la vida no relacionados a la compraventa.
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