
La expresión ‘educación financiera’ suele asociarse con hojas cálculo o fórmulas matemáticas complejas. Pero Karem Suárez, productora de contenidos relacionados con aquella temática, dice que se trata de algo mucho más sencillo: disfrutar del ahora con libertad, pero sin arruinarse mañana.
Endeudarse o tener capacidad de ahorro son decisiones que resultan de una serie de impulsos y comportamientos que incorporamos durante la infancia. No hay azar: lo que se vio en casa o en la escuela moldeó nuestra forma de actuar.
De hecho, Karem Suárez, autora del libro ¿Y ahorra qué? (Paidós, 2022), asegura que la mayoría de las personas está consciente de que cualquier decisión relacionada con el dinero es también sobre su futuro y, aun así, pocos invierten o ahorran justamente porque no aprendieron a hacerlo en su juventud.
La solución, para ella, es ‘reconfigurar’ el cerebro, armando un sistema que permita disfrutar del presente sin hipotecar su futuro.
La paradoja del ahorro
Hal Hershfield es psicólogo y director del área de Marketing en la Escuela de Gestión de la Universidad de California. Buena parte de su trabajo se centra en eliminar la brecha mental que hay entre el yo del presente y el del futuro. Este último apenas es una idea -no existe aún-, de manera que es difícil tomar decisiones que lo beneficien.
Por el contrario, el cerebro tiende a perseguir la satisfacción inmediata. El neuroeconomista Brian Knutson escribe que de ese modo se explica la urgencia por consumir un producto incluso a sabiendas de que es innecesario.
Suárez propone solucionarlo creando un pacto con uno mismo, donde el presupuesto equilibrado no elimina al ocio y el goce. Caso contrario, la ansiedad de recompensas mencionada por Knutson aparece e impulsa a gastar, como si fuese un ‘efecto rebote’.
Así, el presupuesto personal debe apuntar a un objetivo de largo plazo que sea estimulante -viajes, estudios, la compra de una casa-, pero sin perder de vista que también son necesarias las alegrías más próximas como comprar un café o ir al cine.
El espejo de las redes sociales

En la actualidad, otro desafío que debe superar un joven es plantearse sus objetivos de largo plazo sin sentirse presionado por lo que ve en las redes sociales.
Estas tecnologías dejaron de ser una herramienta de contacto con los amigos para mostrar ciertas facetas de la vida de cientos de desconocidos, dando a sus ideas y costumbres el aspecto de un modelo a seguir.
Suárez dice que pocas veces nos preguntamos cuánto están gastando esas personas, de dónde viene su dinero o si lo que aparece en la pantalla del teléfono no es más que una ficción bien elaborada. Al final, el éxito es relativo. Algunos, efectivamente, lo entenderán como una serie de lujos y otros, en especial las nuevas generaciones, lo identifican con la movilidad geográfica y la libertad de trabajar lejos de una oficina.
Por eso, la educación financiera actual no combate las redes sociales, sino que ve en ellas una herramienta útil con el fin de ayudar a los jóvenes a buscar sus propias metas y el modo de administrar su presupuesto para alcanzarlas.

