
Los Labubu aparecen en forma de peluches, colgantes para mochilas y hasta tatuajes. Estas criaturas son tendencia, pero antes hubo otras que atrajeron a niños y coleccionistas adultos. Hoy, haremos un recorrido por cien años en el mundo de los juguetes...
Los Labubu son elfos con orejas y dientes puntiagudos. Por lo general, tienen sonrisas burlonas y, aunque su creador, es el ilustrador de Hong Kong Kasing Lung, no están inspirados en la mitología china, sino en la del norte de Europa.
Lung diseñó el juguete en 2015, pero su popularidad despegó en 2019 cuando la empresa china Pop Mart se hizo cargo de su producción y venta. Desde entonces ha dejado de ser solo un peluche para tener variantes de tamaños y materiales diversos. Además, claro, de series televisivas.
Celebridades como Rihanna o Lisa del grupo de K-pop Blackpink son entusiastas de los elfos y hasta el actor Javier Bardem apareció alguna vez en compañía de alguno. Y es que los Labubu son tan populares que se venden incluso en la tienda del Louvre.
Eso sí, los elfos de Lung no apuntaban originalmente al público infantil, a diferencia de otros peluches que fueron tendencia a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. A continuación, le invitamos a conocerlos o tal vez a recordarlos.
1900: El juguete del presidente
El oso de peluche que los americanos llaman Teddy no siempre estuvo dispuesto a recibir abrazos. El presidente estadounidense Theodore Roosevelt lo vio por primera vez el 14 de noviembre de 1902 mientras cazaba en Onward, Misisipi. Aquel día, él no pudo atrapar ninguna presa, por lo que sus acompañantes quisieron congraciarse, atando un oso negro a un sauce. La idea era que, luego de matarlo a sangre fría, se lo llevara a la Casa Blanca como trofeo. Roosevelt se negó.
Pronto, la historia apareció en forma de caricatura en el Washington Post, donde la vio Morris Michtom, un vendedor de dulces y fabricante de peluches de Brooklyn. Como homenaje, él hizo un oso de felpa y se lo obsequió al presidente. Desde entonces, juguetes análogos se venden con el nombre de ‘Teddy’s Bear’.

1910: la muñeca que fue libro
En 1914, la hija del caricaturista Johnny Gruelle emergió del ático de su abuela con una muñeca de tela sin rostro y casi destrozada. El artista le dibujó una cara y le pidió a su madre que le cosiese un botón de zapatos para reemplazar el ojo que faltaba.
A mediados de 1915, Gruelle solicitó la patente de la muñeca, pues había decidió convertirla en una historieta. Esta se publicó tres años después bajo el título de Raggedy Ann Stories -Cuentos de la andrajosa Ann-. Pero su hija no pudo leerla porque falleció de infección casi al mismo tiempo. La popularidad del dibujo se tradujo en la venta masiva de juguetes. Una curiosidad: la muñeca embrujada Annabelle es una Raggedy Ann.

1920: Winnie the Pooh
El oso que ama la miel al principio se llamó Edward y, efectivamente, pertenecía a Christopher Robin, el hijo real de Alan Milne, un escritor británico. Este transformó en literatura tanto al pequeño como a sus juguetes, haciéndolos aparecer en novelas ilustradas desde 1926.
Y sus aventuras llegaron a ser tan populares que, a finales de esa década, aparecieron los primeros peluches inspirados en el personaje. Eso sí: el Pooh de Christopher Robin no era muy diferente del Teddy que recibió Roosevelt.

1930: el mono de calcetín
En 1929 empezó el crac financiero y muchas empresas quebraron. Sin embargo, una de las que se mantuvo firme fue la de Tejidos Nelson. Esta fabricaba calcetines sin costuras desde el siglo XIX.
Por la crisis, la gente no siempre podía comprar juguetes para sus hijos, de modo que las madres rellenaban las medias viejas para hacer monos de peluche. Al descubrirlo, los dueños de Tejidos Nelson solicitaron la patente y, unos años después, incluyeron su patrón de costura en los paquetes de medias.

1940: Disney a todo vapor
La Segunda Guerra Mundial acaparó las fábricas, de manera que casi no hubo juguetes novedosos. Sin embargo, Disney que había empezado a vender peluches de Mickey Mouse desde los años treinta mantuvo su producción al máximo.
El ratón era uno de los favoritos del público, aunque pronto tuvo que competir con otros compañeros suyos como el Pato Donald o Minnie. La línea de producción original estaba en manos de siete costureras con Charlotte Clark a la cabeza. Ellas podían fabricar hasta cuatrocientos muñecos a la semana.

1950: Howdy Doody, el títere vaquero
El actor y presentador de televisión Robert Emil Schmidt –‘Buffalo Bob’- creó la voz del vaquero Howdy Doody cuando trabajaba para la radio WNBC de Nueva York. Al pasar a televisión, su invención se fue con él, pero convertida en títere.
El nombre derivó de la expresión ‘how do you do?’ -‘¿cómo estás?’- que dicho deprisa y con acento sureño suena a ‘howdy do’. El show se emitió desde diciembre de 1947 hasta septiembre de 1960 y derivó en la producción de peluches-marioneta, muy populares a mediados del siglo XX.

1960: los Labubu del otro siglo
Los trolls combinaban plástico con felpa. Y su creador fue el panadero y leñador danés Thomas Dam. Este tuvo varios reveses en sus negocios y en la Navidad de 1959 no pudo comprar juguetes para su hija. Entonces, decidió tallarlos.
Inspirándose en personajes de la mitología escandinava creó una criatura con el pelo hirsuto y las orejas puntiagudas. Al verlo, los amigos de la niña quisieron uno también y, así, nació la fábrica Dam, Dam Things. Sus ‘Good Luck Trolls’ alcanzaron varios periodos de auge entre 1960 y 1990, creándose incluso series y videojuegos.

1970: Paddington, el oso peruano
En la Nochebuena de 1956, el escritor Michael Bond vio en el escaparate de una tienda londinense un peluche con expresión triste y un cartel colgado del cuello con el mensaje: “cuida de este oso”. Lo compró como obsequio para su mujer, pero se convirtió en la inspiración de un cuento.
El nombre del personaje surge de la estación de trenes de Paddington, al oeste de Londres. Cerca, vivía el escritor, quien además convirtió a su oso en un refugiado recordando que, durante la Segunda Guerra Mundial, los huérfanos desfilaban desde Londres a los campos de alojamiento con carteles análogos a los del juguete.
Los Paddington de venta masiva aparecieron en 1972 creados por Shirley y Eddie Clarkson en su pequeña fábrica Gabrielle Designs. Esa década el oso compitió por el dominio de las jugueterías con la Rana René.

1980: los bebés de col
Unas abejas que vuelan con sus orejas de conejo polinizan las coles de los campos estadounidenses usando unos cristales mágicos para producir bebés. Tal es el origen de la serie de muñecos que, al principio, se llamaron ‘Little People’ y luego ‘Cabbage Patch Kids’.
Su creador, Xavier Roberts, los ‘ofrecía en adopción’ -con los documentos y certificados- por un valor que podía variar entre 60 y 1000 dólares dependiendo del modelo. Sin embargo, en 1982 el equipo de Coleco se hizo cargo del diseño en masa. La apariencia mejoró y los costos se abarataron hasta el punto de que podían encontrarse muñecos de 18 o máximo 28 dólares. Por lo mismo, la demanda llegó a 3.2 millones en pocos meses.
1990: Furby, el robot de peluche
A finales de la década de 1990, Dave Hampton, Caleb Chung y Richard Levy convencieron a Tiger Electronics de producir un juguete que ellos diseñaron. Se trataba de Furby, un peluche que al mismo tiempo era videojuego.
Aquel logró vender 1,8 millones de dólares en 1998, pese que apenas se lanzó en octubre de aquel año. Su precio se infló entonces de 35 a 100 dólares y, aun así, en 1999 facturó 14 millones de ejemplares.
Furby era una criatura con forma de búho que incluía un puerto infrarrojo entre los ojos para reaccionar a los estímulos externos. También era capaz de ‘aprender’ frases en inglés -o en cualquier otro idioma- a medida que iba madurando.
2000: Una felpa en el ciber espacio
Los Webkinz son juguetes que incluyen un código secreto. Con este, el comprador desbloquea el mundo de la criatura en el internet. Los muñecos tienen forma de animales como perros, gatos, osos, vacas o leones.
El peluche se lanzó en 2005 y su juego aún está disponible en internet con el nombre de “WebKinz Classic”. Existe además una nueva versión en 3D para los nuevos productos.
2010: Squishmallows
Este juguete deja de lado la tecnología y regresa a lo básico: un objeto suave de aspecto tierno e inspirado en los peluches japoneses. Su forma es redonda y se producen alrededor de 3000 diseños distintos que pueden representar animales reales o fantásticos y objetos de cualquier tipo y color.
A menudo, Kelly Toys Holdings, la empresa encargada de su producción, suele hacer colaboraciones para sacar versiones con forma de personajes de programas televisivos como Pokemon.


