
En Internet, un desconocido puede transformarse en héroe y un famoso en meme. Así le ocurrió al Studio Ghibli, cuyo estilo de dibujo empezó a decorar los perfiles de varios usuarios de redes sociales por obra y gracia de ChatGPT; ¿cuál es el origen de la tendencia?
El 26 de marzo de 2025 pasará a los libros de la historia del meme -si es que existe alguno y no es, justamente, un meme- como el de Ghibli. Y no nos referimos al estudio de animación japonés que creó a ‘Mi vecino Totoro’ o ‘El viaje de Chihiro’, sino a una tendencia de internet.
Sin previo aviso, como ocurre siempre en el mundo de los bits, las fotos de perfil en X, Instagram o Facebook empezaron a sufrir una mutación: gente de diversos oficios y edades adquirió el rostro y los colores de una caricatura japonesa.
¿La fuente del contagio? ChatGPT, esa herramienta de inteligencia artificial que desde hace un tiempo no deja de aparecer en las noticias para satisfacción de los agoreros del apocalipsis tecnológico…
La historia en meme

Las tendencias de internet tienen un origen que se pierde dentro de los chips, pero en el caso de los dibujos estilo Ghibli hay un culpable y se llama Sam Altman, el director ejecutivo de OpenAI, la empresa tras ChatGPT.
Y a confesión de parte, relevo de pruebas: él mismo cambió su foto de perfil en la red social X y escribió irónicamente que su vida se resume en ‘crear una superinteligencia capaz de curar el cáncer y que a nadie le interesa’ hasta que un día alguien la usa para hacer un dibujo burlón suyo en estilo Ghibli.
El día anterior a esta declaración, 25 de marzo, OpenIA había lanzado su ‘generador de imágenes más avanzado hasta la fecha’, el mismo que puede ofrecer ‘resultados fotorrealistas, precisos y exactos’, según publicó la empresa en X. Así, la imagen y el tuit de Altman resultaron ser una estrategia para promocionar su nueva herramienta.

La mitad de usuarios que pululan por las redes sociales lo acribillaron acusándolo de arribismo. La otra mitad, mientras tanto, lo defendían o se transformaban ellos mismos en un Ghibli.
Y la tendencia llegó a tal extremo que eventos históricos de ayer o de siglos pasados sufrían dicha mutación, por ejemplo, la pelea de febrero entre Trump, Vance y Zelensky. Y esto debió divertir tanto a la Casa Blanca que, desde su trinchera de X, capturó el momento preciso en que una dominicana de nombre Virginia Basora González era detenida en Filadelfia, pero como si aquello fuese una escena más de ‘El viaje de Chihiro’…
Hoy, los personajes abundan -el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, tiene anclado su Ghibli en sus redes sociales-, hay más de una etiqueta para ver las ‘galerías’ e incluso se han adaptado viejos memes. No obstante, OpenIA empezó a bloquear hace un par de días algunas solicitudes de aquellos que querían su dibujo, según Business Insider, porque la compañía quiere evitar que se sigan generando contenidos con el estilo de artistas vivos.

El Studio Ghibli
Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki fundaron el Studio Ghibli en 1985. Desde ese año, acumula toda clase de premios entre los que destacan dos Oscar -2003 y 2024- por sus películas 'El viaje de Chihiro' y 'El niño y la Garza'; además, se acerca a la treintena de largometrajes realizados y un buen puñado de cortos, videojuegos y comerciales.
La productora, en una suerte de cruzada estética, sigue trabajando como antaño: a mano, sin computadoras ni siquiera para generar los movimientos de los personajes; así, un largometraje usa alrededor de 170 mil dibujos cuya realización toma mucho tiempo porque estos deben pasar del papel al acetato.

Las animaciones de Ghibli son coloridas y los personajes destacan por su expresividad, pero lo más importante es la temática: las criaturas de Hayao Miyazaki se encuentran en evolución y sus viajes por reinos reales o fantásticos apenas son un pretexto para la introspección y el aprendizaje. Tal es el caso de ‘La princesa Mononoke’ (1997), 'El viaje de Chihiro' (2001) o ‘Haru en el reino de los gatos’ (2002).
Y es que las historias del estudio, con frecuencia, responden a los intereses literarios de Miyazaki y, por lo tanto, entre sus filmes hay una gran cantidad de adaptaciones sobre cuentos populares del Japón o novelas de algún autor occidental.
Tras cuarenta años, la empresa japonesa ha pasado por reestructuraciones, la salida y el regreso de Miyazaki y la muerte de Tahata, pero mantiene el respeto por su idea original.
¿El fin de la magia?
Cuando a Hayao Miyazaki le propusieron usar inteligencia artificial en la década pasada, dijo que ‘jamás incorporaría esa tecnología a su trabajo’ porque es fría e incapaz de transmitir emociones como la empatía o el dolor. En definitiva: 'un insulto a la vida misma'.
Tal vez es un extremo, pero lo cierto es que el único oficio de un robot es cumplir con lo que se le pide, tomando del gran banco de información que es internet lo necesario para cumplir con la tarea encomendada. No discrimina por derechos de autor ni analiza si algo es bello, feo o perverso. Ese es el deber del humano.
Mariano Minoli, PhD en Ingeniería de Software, explicaba en una entrevista con Mundo Diners que la creatividad y el juicio de valor no son capacidades propias de las máquinas que, pese a su poder de aprendizaje, solo ofrecen un resultado basado en algoritmos.
Tal vez por eso, y pese a las ideas de Miyazaki, el estudio japonés no ha comentado la tendencia de modo oficial, al fin y al cabo, los memes son apenas ‘como’ Ghibli y no salieron de un trabajo pensado con la intención de plagio.
De modo que si usted siguió la tendencia no tiene que avergonzarse, pues esa imagen que le regaló su computadora no pasa de ser un juego. Y, por otro lado, la magia está salvo: para que exista, un humano todavía debe sentarse a su mesa de trabajo, esforzarse y aun sufrir con el fin de que una hoja de papel blanco se transforme en obra de arte.

