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El 'piercing': un milenario lenguaje de la piel

por José Luis Barrera

El 'piercing' o las perforaciones corporales a lo largo del tiempo.
El 'piercing' es un adorno moderno, sin embargo, la costumbre de perforar es muy antigua. Imagen generada por IA.
TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

El 28 de junio se conmemora el Día del Piercing. La fecha corresponde al nacimiento de James Ward, quien abrió en 1978 el primer estudio profesional dedicado a esa práctica. Pero perforar la piel es una costumbre tan antigua que aparece en la Biblia y entre los textos mayas…

Según el libro del Génesis, el patriarca Abraham envió a un siervo a Mesopotamia en busca de una esposa para su hijo Isaac. Allí, el mensajero encontró a Rebeca. Entre los obsequios que le dio a ella a manera de dote estaba un pendiente nasal de oro.

Esta referencia cultural no es la única en la historia: los mayas perforaban su piel con fines religiosos, mientras los aretes de nariz simbolizan fertilidad en la India y algunos pueblos de Australia aún los usan como parte del rito de paso a la adultez.

De modo que el piercing no es una moda contemporánea y, mucho menos, puramente Occidental. Por eso en Mundo Diners le invitamos a conocer varias historias de tierras y tiempos lejanos acerca de este adorno corporal.

Inglaterra antes del piercing

John Wood, divulgador científico del siglo XIX que puso énfasis en los piercings de algunas regiuones del mundo.
John George Wood hizo varios libros de divulgación de ciencias; para 'The Natural History of the Man' contó con el apoyo de varios ilustradores de la época.

En el siglo XIX, la práctica de perforarse nariz o labios era mal vista entre la gente de ciudades como Londres. Aun así, los victorianos se encontraban fascinados por los pueblos que solían hacerlo.

Por ejemplo, John George Wood (1827-1889), un clérigo y divulgador científico inglés, se dedicó a escribir sobre aquella práctica en Oceanía, África y Sudamérica. Lo hizo sin moverse de su casa, salvo para visitar bibliotecas, donde encontró la inspiración leyendo las obras escritas por viajeros europeos.

En The Natural History of Man contaba que los jefes maoríes, en Nueva Zelanda, se colgaban en las orejas objetos considerados de alto valor como dientes de tiburón o incluso aves pequeñas disecadas. Le impresionaron también los dayak de Borneo, quienes estiraban sus lóbulos, introduciendo metales muy pesados de manera que la piel llegaba a tocar los hombros.

Piercing grabado del libro de John Wood.
Grabado del libro de Wood, incluye un hombre con una perforación en el lóbulo de su oreja.

Wood es uno de los responsables de que se hiciera popular la imagen de los aborígenes con un hueso en la nariz, pues de esa manera hizo ilustrar a los indígenas de Australia y de las islas del Pacífico. Según él, ellos usaban indistintamente dicha técnica para espantar a sus enemigos o para conseguir esposa.

El autor hizo sus libros basándose en referencias ajenas y sin contrastarlas. Tal vez por eso se limitó a asegurar que cualquier perforación corporal no era otra cosa que una forma de expresión usada por los "bárbaros" a falta de otra "más civilizada".

El pueblo de los labios gigantes

Mujer mursi con un disco en el labio.
Mujer mursi con un disco en el labio inferior. Foto: Getty Images.

Al suroeste de Etiopía se encuentra el valle del río Omo. Los humanos habitan esta zona desde hace más de 190 000 años. Allí, entre cascadas y acantilados, viven los mursi, un grupo de pastores seminómadas. Sus mujeres se perforan los labios y los estiran para ponerse discos de madera o arcilla cocida de entre seis y doce centímetros de diámetro.

Por años se creyó en Occidente que estos adornos surgieron con el fin de hacer menos atractivas a las mujeres para los traficantes de esclavos. Sin embargo, investigaciones como la del antropólogo David Turton consideran que aquello fue una interpretación sin fundamento, alimentada quizá por los cuentos que les ofrecían los africanos a los extranjeros.

La perforación se realiza en la adolescencia. No es demasiado grande al principio, pero se colocan tapones que estiran la piel hasta que pueda soportar los discos.

Aquel adorno no se utiliza durante las labores cotidianas, sino en ceremonias y para posar en las fotos que les piden los visitantes. De ahí que sea difícil conocer el origen de la costumbre y su significado, pues como decía Turton: el plato y su tamaño les importa mucho menos a los propios mursi que a los turistas.

El piercing sagrado maya

Dintel 24 con la dama del piercing maya.
A la izquierda, el dintel 24 que se encuentra actualmente en el Museo Británico de Londres. A la derecha, una ilustración basada en él por John Montgomery.

En el siglo VIII, en Chiapas, México, la dama K'abal Xoc se arrodilla y pasa por su lengua una cuerda con púas. La sangre se escurre por el rostro y gotea sobre una cesta. Luego, esta será incinerada. Mientras, el consorte de la mujer, el gobernante de Yaxchilán, la contempla de pie. La escena corresponde al Dintel 24, un bloque de roca con la representación de un viejo rito maya y ese piercing es una conexión espiritual.

Aquella civilización perforaba su cuerpo sobre todo como un sacrificio religioso. Y es que la sangre era una sustancia sagrada, ya que contiene la energía de la que surgió la vida. Derramarla equivalía a devolverla a los dioses.

Con espinas de peces raya, punzones de hueso, cuchillas de obsidiana y dientes de tiburón se abrían orificios en varias partes del cuerpo como la lengua, las orejas o la nariz. Los hombres además solían perforar sus genitales y la sangre les garantizaba fertilidad y equilibrio cósmico.

Arqueólogos como Linda Schele y David Freidel han propuesto que los rituales de autosacrificio maya podían inducir estados alterados de conciencia. La combinación de ayuno, desangre y largas ceremonias habría favorecido "encuentros" con divinidades o espíritus ancestrales.

Pero las élites también usaban pendientes de jade o incrustaciones de turquesa en la cara. Y es que los materiales escogidos, aparte de embellecer, transferían sus cualidades. El jade, por ejemplo, era una fuente de vida.

Por otra parte, el lugar del cuerpo donde se colocaba la decoración era una muestra de ascenso social: varios cronistas coloniales escribieron que los caciques se perforaban la nariz al asumir un nuevo rango.

El nath, la joya del amor

Boda tradicional india.

En la India, llevar un pendiente en la nariz -un nath- no es cuestión de adorno, sino símbolo de amor. Las novias suelen utilizarlos durante sus ceremonias nupciales y su importancia es más o menos equivalente a las alianzas occidentales.

Como en aquel caso, el tamaño del adorno tiene significado, igual que el lado de la nariz en el que se encuentra. Muchas mujeres prefieren ponerlo en la fosa nasal izquierda que, según la medicina ayurveda, está conectada con los órganos reproductivos femeninos y, por tanto, facilitará las labores de parto.

Por otro lado, en el Rajastán, al noroccidente de la India, se prefieren aros enormes decorados con motivos florales y que suelen estar unidos al cabello con cadenas delgadas. En cambio, en Maharashtra, al suroeste, se opta por media lunas decoradas con perlas.

Si bien los naths son símbolos del matrimonio, lo son también del amor filial. Antiguamente, el aro se heredaba de madres a hijas antes de cada ceremonia nupcial y la perforación más que unir al marido con su esposa, la enlazaba a ella con sus ancestros femeninos.

La costumbre traspasó los siglos y el prejuicio, llegando a la actualidad quizá oculto en el ADN social de los humanos. La antropóloga Mary Douglas explica que el piercing no es un capricho estético, sino una forma de comunicación. Y el cuerpo humano es un espejo de la sociedad, de modo que cada modificación significa resistencia o adhesión a ella. Así, un pendiente puede ser un desafío en ciertos entornos o belleza y prestigio en otros.

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