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Mundo Diners al día

'Diccionario' no autorizado para entender a los centeniales

por Xavier Gómez Muñoz

Lenguaje
Imagen referencial sobre el dry texting.
TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS

Si usted, lector, ha sentido la necesidad de un diccionario para entender a su sobrino adolescente o ha fingido saber qué significa X2, cringe o shippear para no quedar como boomer o pasado de moda, este artículo es para usted. 

La cultura digital moldea el lenguaje. Vivimos una época en la que los jóvenes no dicen “me gusta esa persona”, sino tengo un crush. No te dejan en visto, te ghostean. No apoyan una relación o tienen un mejor amigo(a), shippean y tienen un bestie. Algo ya no es muy emocionante, es hype. Si algo les parece gracioso, escriben LOL (aunque nadie lo diga en voz alta). Para expresarse sobre una tragedia menor basta F. ¿Están de acuerdo? Simplemente usan X2. ¿Aún más acuerdo? X1000. Y XD aún existe, aunque muchos no sepan si es una risa o qué.

Porque sí, muchos de los términos, abreviaturas o acrónimos que se usan hoy en día no son precisamente español, inglés o cualquier otro idioma, sino una mezcla de varios y resultan de los ecosistemas digitales en los que los jóvenes nacen, crecen y, con algo de suerte (y si no andan de chads), no son cancelados. Se trata de una jerga global que se retroalimenta y progresa a la par de los trends más populares en las redes sociales, ¿una especie de esperanto digital?

diccionario
Imagen referencial sobre el dry texting.

Un (ciber) lenguaje universal

No importa si estás en Ambato, Buenos Aires, Madrid, ciudad de México o Miami: si eres menor de veinte y cinco años, seguramente sabrás lo que significa mood, spoilear, escrachar, bardeo o random. Una de las características de esta “neolengua”, de hecho, es su globalidad. Y así como los emojis alguna vez fueron una revolución pictográfica, los términos que salen de plataformas sociales como TikTok, Instagram, Twitch, WhatsApp o Discord tienen una lógica propia: son funcionales, económicos y emocionales.

¿Necesitas explicar que alguien te dejó de contestar sin explicación? Un simple “me ghosteó” transmite todo ese drama emocional. “Te shippeo con JuanDi” es más efectivo que explicar una tesis entera sobre la química emocional entre dos personas. Un “facto” es una verdad incómoda pero aceptada por muchos. La sensación de vergüenza ajena, incomodidad o desagrado se entiende más fácil como “cringe”. “LOL” puede ser más expresivo que una risa grabada. Y “XD”, aunque viene de los tiempos de Messenger, sigue siendo el signo oficial de la ironía juvenil en los entornos digitales.

El fenómeno es parecido al de los memes: se entienden más allá del idioma, porque apelan a códigos emocionales e icónicos transversales. La globalización tecnológica ha introducido además recursos y formas de expresión como los emoticonos, emojis, gifs o stickers, que permiten compartir emociones y significados que complementan los mensajes escritos de forma rápida y sencilla.

Entornos como las redes sociales, en los que la brevedad y concisión son “virtudes”, han llevado a la aparición de abreviaturas, acrónimos, anglicismos y jergas globales, porque provienen de contextos digitales comunes para miles de millones. Es lo que el lingüista británico David Crystal llamó netspeak, en referencia a la variedad de términos que llegan y se sostienen a través de internet y, con diferencia de otros tiempos, ya no se aprenden necesariamente de boca a boca (en el barrio, pongamos), sino mediante dispositivos informáticos.

Los ecosistemas digitales actúan, en ese sentido, como grandes fábricas de significados compartidos. Y aunque existen esfuerzos dedicados a la conservación y revitalización de la diversidad lingüística y el empoderamiento de sus comunidades de hablantes, como Qichwa 2.0 o el Proyecto de preservación y conservación de las lenguas mayas, por nombrar algunos, la verdad es que son muchos más los jóvenes que construyen día a día un ciberlenguaje uniforme a fuerza de memes y todo tipo de interacciones en las plataformas sociales.

'Diccionario' no autorizado

TérminoSignificado
X2, X1000Expresión para indicar acuerdo, equivalente a “yo también” o “totalmente de acuerdo”.
CringeAlgo que genera vergüenza ajena o incomodidad.
ShippearDesear o apoyar una relación sentimental entre dos personas reales o ficticias. Deriva de “relationship”.
GhostearDejar de hablarle a alguien sin explicación; cortar contacto repentinamente.
BestieForma afectiva de llamar a un mejor amigo o amiga.
HypeEmoción o entusiasmo excesivo por algo nuevo o próximo.
LOLSiglas de “Laughing Out Loud”, risa escrita. No suele decirse en voz alta.
FUsada como gesto de respeto, empatía o para lamentar algo, ante una situación negativa. 
XDEmoticono de risa o ironía.
MoodEstado de ánimo; se usa para expresar identificación emocional con una situación.
SpoilearRevelar detalles clave de una historia (película, serie, libro, etc.) antes de tiempo.
EscracharExponer públicamente a alguien, normalmente por una conducta negativa.
Bardear / BardeoInsultar, provocar o criticar a alguien de forma agresiva.
RandomRaro, no planificado; también se usa para referirse a personas desconocidas o fuera de lugar.
FactoAfirmación considerada como una verdad irrefutable.
DropLanzamiento (de producto, canción, video, etc.), especialmente cuando se trata de algo esperado o exclusivo.
ChadEstereotipo de varón dominante, atractivo y confiado, a veces asociado con actitudes tóxicas.
GlitchearReferencia a un error repentino o mal funcionamiento, inspirado en los videojuegos.
FavAbreviatura de “favorito”; puede referirse a persona, streamer, artista, etc.
On fireEstar muy activo, motivado o entusiasmado con algo.
TrendearEstar de moda o en tendencia. Proviene del inglés “trending”.
StalkearVigilar activamente el perfil de alguien en redes sociales, generalmente sin que la otra persona lo sepa.
RatioSe refiere a cuando una respuesta tiene más interacciones (likes o retuits) que el post original; puede implicar desacuerdo o burla.

Brecha y renovación

El problema (si es que hay uno) es que las formas y expresiones que se usan en la comunicación digital desbordan las pantallas de las computadoras y smartphones y ahondan la brecha generacional entre jóvenes con acceso a esas tecnologías y las personas mayores que no. Padres y profesores se comunican todos los días con adolescentes que usan palabras que los primeros no aprendieron en el colegio, la universidad o alguno de sus grupos de WhatsApp. 

La sensación de desactualización es constante cuando quienes no son usuarios del neolenguaje digital se van quedando fuera del código, por la cantidad de términos y expresiones que aparecen y otras tantas que caen en desuso. Pero las formas en que las personas usan el lenguaje son parte de la identidad: hablar con tu grupo, de la manera en que hablas, genera diferenciación, es cierto, pero también pertenencia. Así que no, los jóvenes no están destruyendo el lenguaje todavía: lo renuevan, de forma colaborativa, y enriquecen así la comunicación, según le dijo a la revista BBC Science Focus la lingüista especializada en internet Gretchen McCulloch. 

Y eso siempre ha ocurrido de un modo más o menos parecido. Si a Shakespeare se le atribuyó la introducción o invención de unas mil setecientas palabras para decir lo que dijo en su lengua, ¿por qué las nuevas generaciones no pueden “reinventar” el español para expresar, por ejemplo, un estado de ánimo con un sencillo “mood”, el cruce de insultos y críticas agresivas con “bardear”, referirse al lanzamiento de un producto exclusivo con un “drop”, utilizar un “chad” para hablar de un tipo de masculinidad dominante y a veces tóxica o, cuando algo deja de funcionar repentinamente, salir con un “se glitcheó”?

Así que la próxima vez que escuche a alguien más joven que usted decir que está “on fire con el hype del nuevo drop de su streamer fav”, respire profundo, no muestre pánico y, si se atreve, salga del apuro con un no tan nuevo pero digno X2.

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Acerca de Xavier Gómez Muñoz

Periodista, docente e investigador especializado en nuevas y viejas narrativas, tecnologías de la comunicación, cultura digital, periodismo y medios. Compiló cinco años de periodismo narrativo en su libro Crónicas (Dinediciones, 2019). En su siguiente obra, Un mundo híbrido (2025), reunió quince ensayos sobre cultura digital. Es doctor en Periodismo y máster en Periodismo Multimedia Profesional por la Universidad Complutense de Madrid.
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