
La plataforma Bluesky fundada por Jack Dorsey está creciendo de forma acelerada porque muchos usuarios, decepcionados de X, han emigrando a ella de forma masiva. ¿Cuál es la historia del ascenso de una y la caída de la otra?
En 2019 Jack Dorsey, uno de los fundadores de Twitter, pensó en una plataforma descentralizada que podría integrarse a esa red social, sin embargo, en 2021 salió de la empresa llevándose su proyecto. Tal es el génesis de Bluesky.
Para mediados de noviembre de 2024, la plataforma alcanzó los 20 millones de usuarios, resultado en su mayoría de la gran estampida que produjeron los cambios en el algoritmo de X/Twitter. Pero ¿de qué se trata esta red social? En esencia es muy similar a la otra, pues permite compartir mensajes de trescientos caracteres -los usuarios los llaman ‘skeets’, un acrónimo entre ‘sky’ y ‘tweet’-, aparte de imágenes y videos. No obstante, posee una ventaja: su independencia.
Así, Bluesky está libre de publicidad, el usuario puede escoger sus preferencias de manera que el algoritmo solo responderá a sus intereses y no hay una empresa que controle de forma exclusiva la plataforma, garantizando la diversidad de ideas.
¿Qué dicen los grandes medios?
“Queríamos informar a los lectores que ya no publicaremos en ninguna de nuestras cuentas oficiales en X (anteriormente Twitter). Creemos que los beneficios de estar allí ahora han sido superados por lo negativo”. Así arranca el comunicado del medio británico The Guardian, donde explica su salida de aquella red social.
La Vanguardia de Barcelona concuerda y el 14 de noviembre también lanzó su propia nota afirmando que tampoco compartirá información allá: “X se ha llenado de contenido tóxico y desorientador de forma cada vez más abrumadora”.
Por otra parte este mismo medio habla de Bluesky como una alternativa fresca, libre y mucho más sana, de modo que varias empresas y personas ya se han mudado. Por ejemplo: el autor de cómics Zack Davidson se siente contento porque en ella puede conversar con sus contactos, al tiempo que sus mensajes no se pierden entre la marea que impone el algoritmo. La Comisión Europea es otra de las instituciones que abrió cuentas en Bluesky y siguen el caso de X con mucha atención.
Si bien es cierto que Bluesky no está a la cabeza aún, es muy probable que siga creciendo si se considera que solo en las últimas 24 horas ha conseguido un millón de usuarios nuevos.
El crepúsculo de Twitter
A finales de marzo de 2022, Musk y Bret Taylor, por entonces presidente de Twitter, se reunieron en un Airbnb de San José, California. A diferencia de otras juntas de negocios que se hacen en salones minimalistas y con diluvios de café, aquel lugar olía a campo y afuera había burros y tractores.
Así se supo una vez se hicieron públicos los mensajes entre Taylor y el multimillonario. “Este lugar gana por ser el sitio más extraño en el que he tenido una reunión recientemente”, escribió el primero. En cualquier caso, todo salió bien y Musk -que entonces ya era el mayor accionista de la red social- pudo unirse a la junta directiva como era su anhelo.
Desde su cuenta en la red social el magnate derramó una serie de tuits sobre sus planes. Mas, en el fondo, la relación entre él y director ejecutivo, Parag Agrawal, no era buena porque no podían llegar a un acuerdo sobre cómo arreglar la plataforma.
Sin que nadie lo esperase: el 14 de abril, el millonario declaró que pretendía comprar la empresa ofreciendo una cifra de 44 millones de dólares. La junta directiva dijo que no al inicio, pero luego cambió de opinión y, el 25 de abril, Musk celebró. Casi de inmediato, las acciones se desplomaron sobre todo porque muchos analistas pensaban que la cifra acordada estaba por encima del valor real.
Y entonces Musk empezó a preguntarse: ¿cuántas cuentas de las registradas en la plataforma son reales?
No hay vuelta atrás

La pregunta no era nueva. De hecho, el magnate varias veces se había quejado por los ‘bots’ -cuentas que disparan mensajes automáticos usualmente con fines maliciosos-, pero desde que aceptaron su oferta, la exigencia de respuestas se intensificó.
Finalmente, Agrawal a la cabeza de los ejecutivos escribió que, según un análisis de cuentas activas, menos del 5% eran falsas. Musk solo puso un emoticono como respuesta y el 8 de julio anunció que pensaba retirar su oferta. Twitter no quiso aceptarlo.
Mientras el millonario, presidente de Tesla, SpaceX y otras empresas, se quejaba de que lo más seguro es que hubiese muchas cuentas falsas sin reportar, al interior de Twitter los empleados tomaban bandos: algunos encantados y otros, temiendo la ruina.
Y cuando todo parecía listo para solventarse en una corte de Delaware, Musk volvió a cambiar de idea: comprar a red social “acelerará la creación de ‘X’, la aplicación para todo”…
Los abogados de la junta directiva pidieron entonces que se postergue el proceso judicial y se le dio al millonario hasta las 5 p.m. del 28 de octubre para pagar.
Ese mismo día, él publicó: “el pájaro está libre”.
El Twitter de ahora es una X
Después, Elon Musk apareció en la sede de Twitter cargando un lavabo e hizo despedir a algunos de los ejecutivos. Eran los primeros, ya que a inicios de 2023, en medio de una gran reestructuración, redujo la plantilla de empleados en alrededor de un 80%.
A nivel técnico, la plataforma inauguró una pestaña de recomendados que salen de un algoritmo nuevo. Este, al menos por lo explicación que dan los portavoces de la red social -ya con su nuevo nombre: ‘X’- responde a los intereses del usuario, pero en la práctica tiende a ser una caja de resonancia de posiciones ideológicas extremistas, pornografía y contenido chatarra.
Los cambios trajeron una oleada de cierre de cuentas. La primera. Y hasta la desaparición del logotipo del pájaro azul -‘Larry’ que acompañó a Twitter hasta el cambio de nombre- se convirtió en una bandera de batalla: muchos usuarios lo colocaron como imagen de perfil.
Las alternativas
Aprovechando la salida de usuarios, Meta, la empresa dueña de Facebook, lanzó su propia plataforma de texto, Threads, que tuvo un incremento masivo registros inmediatamente después del ascenso de Musk. Y, al mismo tiempo, otras redes sociales independientes, como Mastodon o, ahora, Bluesky han absorbido a ese público ansioso de comunicarse con pocas palabras.

De todas maneras, la primera gran salida de usuarios pareció quedarse atrás hasta las últimas elecciones presidenciales de los Estados Unidos; en ellas, X fue esencial en su apoyo al bando republicano.
Según un informe reciente del Centro para Contrarrestar el Odio Digital (CCDH) al menos 87 publicaciones de Elon Musk fueron, cuando menos, engañosas, lo que no les impidió acumular 1700 millones de visitas y el doble que todos los anuncios políticos disponibles en X. En pocas palabras: esto equivale a gastar 24 millones de dólares en una campaña. El pensador Yuval Harari lo advirtió: los algoritmos pueden hacer cualquier cosa.
En este escenario, la pregunta es: ¿Bluesky desbancará a la red que lo inspiró? La respuesta es muy incierta porque otras anteriores no pudieron hacerlo, sin embargo, los síntomas de agotamiento en los usuarios que ven el aumento en la violencia y la polarización quizá sea la clave para descubrirlo.

