Combinan mejor con el outfit, sí. Se ven mejor en las selfies o cuando alguien camina con un café por la calle. ¿Pero, qué tan prácticos son en verdad los audífonos inalámbricos? ¿Por qué hay gente que está volviendo a sus viejos auriculares con cable? ¿Es posible regresar tecnológicamente al pasado?
Si usted es uno de esos pocos oyentes que se mantuvo firme y nunca cambió el modelo de sus antiguos audífonos por unos mucho más cool y modernos auriculares huérfanos de cable seguramente se estará frotando las manos, con actitud de solvencia y pensando en un “te lo dije”.
Pero la cosa nunca es tan sencilla. Pese a sus obvias ventajas y limitaciones, los audífonos inalámbricos se vendieron en sus inicios como una cara y, para algunos, poco funcional tendencia. Un símbolo de comodidad y estatus que, sin embargo, unos años después algunos ya están abandonando.
Entre los detractores de los gemelos inalámbricos ya hay gente famosa, profesionales que valoran la calidad del sonido o prefieren la practicidad del cableado, nostálgicos de las tecnologías del siglo pasado, claro, y también jóvenes y usuarios de otras edades que buscan un estilo aesthetic o Y2K. El primero: actual pero con detalles viejos. El que lleva el nombre del “colapso informático” se basa en la moda de finales de los noventa y los primeros 2000.
Breve historia de los audífonos
En la prehistoria de los audífonos hay varios nombres y modelos. Un estadounidense llamado Ezra Guilliland habría sido el responsable de crear a finales del siglo XIX unos aparatosos auriculares que se montaban sobre un soporte y ayudaban en su trabajo a las operadoras telefónicas.
Por esa misma época, en 1891, un ingeniero parisino bautizado como Ernest Mercadier registró lo que él denominó bi-teléfono: un aparato del que, en vez del tradicional auricular, nacía un cable con un audífono para cada oído. Pero no fue hasta 1910 cuando Nathaniel Baldwin le puso orejeras de las suavecitas y una diadema a unos auriculares y pasó a la historia como el inventor oficial de los audífonos modernos.
Los primeros audífonos inalámbricos salieron al mercado en los años sesenta y no tenían Bluetooth, obviamente, pero sí antenas para sintonizar emisoras de radio. En 1979 hizo su aparición triunfal el walkman y los audífonos con alambre se hicieron más populares entre los jóvenes que no vieron con malos oídos la oportunidad de escuchar su música sin depender de emisoras, en cualquier lugar y sin compartirla con nadie.
Después llegó Apple y puso de moda varias cosas. Entre ellas, los auriculares blancos que venían con el iPod en 2001. No conforme con eso, la empresa de la manzana mordida les amputó el cable en 2016, les puso un nombre sofisticado (Airpods) y los vendió en cientos de dólares y por separado.
Salieron copias, otros diseños y competidores, pero reinaron hasta hace poco los minimalistas audífonos inalámbricos de color blanco. Además del estatus que daba poder comprarse y usar unos de esos, se relacionaron en la mente de quién sabe cuántas personas con libertad y comodidad: con la facilidad de que no te estorbe, pues, el cable (por ejemplo, si eres deportista o te molesta mucho que se te enganche en la ropa). Y de ya no tener que desenredar tus auriculares y volverlos a enrollar antes de guardarlos. Por ese entonces casi nadie hablaba de las desventajas de los dispositivos wireless. Hasta ahora, que hay modelos para todos los gustos y presupuestos, y algunos han preferido volver al alambre.
No todo lo nuevo es mejor
Pasar del cable al Bluetooth supuso ventajas considerables, es cierto, pero cualquiera que ha usado por algún tiempo auriculares inalámbricos sabe que no es precisamente un placer que se apaguen en media conversación o canción y que siempre hay que estarlos cargando. La tecnología Bluetooth además comprime la transmisión de datos y por ende la calidad del audio, es susceptible a eso que los técnicos llaman latencia, o sea posibles retrasos entre la emisión de sonido y su llegada, y suele ser responsable de interrupciones o cortes momentáneos. ¿Cuántos ingenieros en sonido o DJ profesionales han visto con audífonos inalámbricos?
Por otro lado están las diferencias de precio, la facilidad con la que se pierden los que no vienen atados y sus posibles problemas de seguridad. Sobre eso último, la exvicepresidenta y excandidata a la presidencia de Estados Unidos Kamala Harris ha señalado más de una vez que, pese a que sabía que muchos se burlaban y le tomaban fotos cuando la veían usando sus audífonos con cable durante su última campaña, ella prefería eso a la posibilidad de que otros escuchen sus conversaciones privadas. Es decir: la mayoría de dispositivos wireless son más fáciles de vulnerar.
Motivados quizás por lo práctico, la privacidad o la estética, famosos del estilo de Dua Lipa, Harry Styles, Ariana Grande y otros tantos ya han sido vistos con tallarines clásicos colgando de sus oídos. Se han usado también en pasarelas como la Semana de la Moda de Londres. Existen cuentas con miles de seguidores en Instagram que parecen empeñadas en hacer tendencia no cualquier tipo de audífonos cableados, sino los blancos. Y, como es lógico, muchas personas han vuelto a usarlos. Como pasa con otras tecnologías y cosas que compramos a diario, la lección que nos deja el regreso de los auriculares alámbricos es sencilla: nuevo no siempre es sinónimo de mejor.
Hay espacio para ambos
Todo esto no quiere decir sin embargo que los audífonos inalámbricos estén destinados a desaparecer pronto. En un artículo publicado por el diario El País, la periodista Karelia Vázquez señala que los ciclos de las tendencias normalmente duran dos décadas. De ser así, los auriculares sin alambre popularizados por Apple estarían en su mediana edad y, por lo tanto, dice, “son suficientemente viejos para dejar de ser una novedad pero aún no para haber adquirido el encanto de lo vintage” que sí tienen sus antecesores.
Aunque es cierto también que, como ya han dicho otros tantos, en comunicación las tecnologías nuevas no suelen sustituir totalmente a las viejas. Lo actual y lo clásico se mezclan. Generan entrecruces. Y finalmente coexisten de maneras complejas. Y es por eso que seguramente veremos por un buen tiempo usuarios que prefieran el Bluetooth para actividades al aire libre o en espacios públicos y, en otras situaciones, el humilde y más eficaz cable. O incluso al revés.


